Si alguien alguna vez ha tenido la oportunidad de visitar un relleno sanitario en Venezuela, ha podido presenciar el dantesco espectáculo del reciclaje. Es decir, un ejército de personas que se dedican a extraer de la basura todo objeto que pueda ser reciclado.
El proceso es el siguiente: llega un camión recolector a la zona de disposición de los desechos, conocidos, por la forma en que se procesa la basura, como relleno sanitario, pues una vez depositada la basura, es rellenada con tierra para evitar la contaminación.
Con el camión llegan simultáneamente dos ejércitos: el de los buitres o zamuros, ávidos de caer sobre la basura en busca de comida, y el de los hombres que hacen el reciclaje.
Los segundos triunfan, a trancas y barrancas, sobre los primeros, que deben alejarse aleteando furiosamente y esperar a que se haga el violento reciclaje. Cada hombre porta sobre sus espaldas un enorme recipiente donde guardará los objetos que luego venderá a un tercero que espera en otro sitio, pacientemente.
La recolección es un acto digno de una película de terror. Los hombres se abalanzan sobre las montañas de basura, y con sus manos separan lo que les interesa, sea papel, plástico, telas u otro rubro. Cada uno se especializa en un material, no se mezclan. La mayoría guarda también restos de comida que logran pescar en el ínterin.
Luego de esta dantesca faena, se dirigen raudos hacia los camiones de los compradores de reciclaje que, esperando a distancia prudencial, se hacen con los objetos reciclados. Estos últimos están completamente diferenciados, el de papel en una parte, el de plástico en la otra y así por el estilo.
Una vez que los recolectores comienzan a abandonar el sitio de disposición, caen los zamuros sobre lo que queda, y con asombrosa destreza logran recuperar restos de comida en descomposición. Que es su manjar privilegiado.
Todo este espectáculo, de los unos, hombres, y los otros, buitres, transcurre en pocos minutos, y termina justamente cuando se acerca un tractor a los montones de basura recién depositados para cubrirlos con la tierra. A veces se confunden los episodios porque el tiempo es muy corto, y puedes ver una mezcla de buitres con hombres y recipientes moverse rápidamente entre la basura y la tierra que está siendo movida por el tractor. Imagino que varios miembros de alguno de los ejércitos han pasado a ser compañía de la basura bajo el implacable relleno de tierra, pero eso es algo que a nadie parece importarle mucho. No hay dolientes.
El ejército de recolección vive en el propio relleno sanitario, confinado en un área donde improvisan tiendas de campaña, y se bañan en los pozos de lixiviado, que es como se conoce al liquido que permea de los montones de basura rellenos de tierra, cuando se descompone, y es drenado hacia lagunas o pozos.
Comen de lo que encuentran en la basura y, a decir de un médico que los revisa de vez en cuando, con el que pude conversar, son muy pocas las enfermedades que los afectan ya que sus cuerpos desarrollan potentes anticuerpos dado el medio en el que viven.
Esa es la forma como actualmente se hace el reciclaje en Venezuela queridos lectores, y de nada han servido campañas e intentos de establecer operaciones de reciclaje en recipientes especializados según el material. Si existen, pero su impacto es mínimo, prácticamente invisible.
En el Parque del Este se pueden observar recipientes destinados exclusivamente a vidrio o plástico, llenos de papel y otros desperdicios vertidos por los usuarios. Y eso no es sino el reflejo de lo que sucede en toda la ciudad, ni que decir de otras partes del país.
Una realidad del presente, a ojos vista, que confrontamos a diario. Ojalá podamos cambiarla en un futuro cercano. Quien saldrá ganando es el propio país, y el Planeta...
*Fotografía: "Bonanza de Basura" de Edu Alarcón en
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