Muchas veces la gente resulta ser como te la habías imaginado. Otras tantas te llevas una sorpresa, y tiendes a pensar que las apariencias siempre engañan. Salida fácil. Las apariencias sólo llegan a engañar cuando no miras el corazón, cuando te quedas en superficie. Lo esencial es invisible a los ojos dijo El Principito. Vaya que tiene razón. Más cosas enseña la propia mirada que los mismos ojos. Esa mirada que dice lo que la boca decide callar.Un ejercicio dulce es ése de tratar de dibujar a la persona con las palabras que salen de su corazón. Con la entonación que da a esas palabras en diversas ocasiones. Con lo que escribe en su diario, o bitácora.
Cuando se juntan ambas cosas y empiezas a conocer a la persona, cuando estás ante su presencia, al final se convierte en el ejercicio maravilloso de armar un rompecabezas cuyas piezas ya conoces de antemano. Cuyos colores te resultan muy familiares. Déjà vu. Lo que lees es lo que escuchas. Confirmación.
Ante ti su fortaleza. Ante ti su fragilidad. Su transparencia. Su estado mental. Sus silencios, que dicen tanto. Como si hubieses asistido a los ensayos y ahora estás ante la puesta en escena. El conjunto. El todo. La suma de las partes.
Y es allí donde el tiempo muestra su relatividad. Puedes conocer muchísimo en un lapso más corto de lo que pensabas. A veces el lapso es muchísimo mayor y no alcanzas a comprender a alguien. O no tienes sus piezas. No te son familiares. No te importa. No te provoca. No quieres.
Y cada día hay más cosas que aprender de ese otro. Porque el mismo aprendizaje es dinámico. No cesa. Cambia. Modula. Traspasa un estadio. Comienza una nueva etapa.
Y sus reacciones pueden no ser las mismas. Sus percepciones varían. Sus colores adquieren nuevos matices dentro de la gama en la que se sitúan. La atracción por los sabores puede modificarse, y llegar a gustarte lo que ayer aborrecías, o al menos eso decías. Todo muta. Siempre se aprende.
Y no deja de ser delicioso el ejercicio de armar el rompecabezas de los seres que nos rodean y por los cuales sentimos afinidad, cariño, amor, amistad, paz. Es el ejercicio de conocer, incluso, de conocerse a sí mismo.
“No tomo tus palabras meramente como tales. Todo lo contrario. Escucho sólo lo que hace que tú hables y yo escuche.” Shinkichi Takahashi, poeta japonés (1901-1987).
*Imagen: CD "Puzzle" del grupo de rock escocés Biffy Clyro






