Saturday, April 26, 2008

Historia de un coleccionista (Parte 1)


¡Hola a todos! El post de hoy es una traducción que hice de un artículo que me envió mi amigo y melómano Julio Flores por correo electrónico, el cual, desde el momento de su lectura, me ha hecho reflexionar bastante, dada la circunstancia de ser yo un coleccionista de CDs y LPs de jazz. El origen del artículo es la columna “Soulseeking”, escrita por Nick Southall en la revista on-line Stylus, que data de noviembre del 2006.



“La muerte de una colección de discos”



La semana pasada volé a Guernsey, una de las islas del Canal (de La Mancha), para ser testigo de la muerte de una colección de discos.


Debo explicarlo, estoy a cargo de la sección de cine y música de la Biblioteca de la Universidad, un departamento que tiene una extensa colección de música norteamericana –unos 6000 LPs y 3000 CDs de jazz, blues, country, rock, pop, bandas de sonido de películas, Cajun, clásicos modernos, electrónica de los primeros tiempos, música de discoteca, grabaciones de campo de indígenas americanos, y cualquier cosa que pueda pensarse como de origen estadounidense (o cercano –hay una pequeña sub-colección de reggae, dub y soca).

Hace unos años. La biblioteca acordó aceptar una donación de unos 4000 LPs y 2000 CDs de un coleccionista privado de jazz cercano a morir. Aunque todavía vive, tiene 80 y tantos años, pero está muy frágil física y mentalmente, por lo que su hermano menor hizo los arreglos para donar la colección tempranamente.

Mi trabajo era meramente diplomático, esencialmente monitorear el empacado y mudanza de la colección, llevado a cabo por una empresa de logística, como una especie de mediador, en caso de que hubiese algún inconveniente.
No lo hubo. De hecho, sólo tomó apenas una hora a cuatro hombres empacar y mudar la colección completa.

Me tocó observarlos hacer esto encontrándome en un estado de melancolía y sobrecogimiento, ya que me golpeó el hecho de que hubiesen desmantelado la pasión de un hombre, la vida de un hombre, en apenas el tiempo que tomaría escuchar “Kind of Blue” (la obra maestra del quinteto de Miles Davis).

En años recientes el coleccionista había perdido interés en su colección. Una salud deteriorada, el dolor de una pérdida familiar y una audición que declinaba lentamente habían mermado su alguna vez inmensa pasión por la música, y lo había dejado con apenas palabras cruzadas y recuerdos de springer spaniels (perros de raza), gatos con rayas y una esposa, todos fallecidos.

Durante un largo tiempo ni siquiera había tenido un tocadiscos en el cual escuchar su colección, la cual se había aletargado, inmóvil e intocable, en su sala de estar, cual criatura gigante hibernando, recogiendo polvo.

La colección había comenzado como un intento de reunir tantas copias como fuese posible de “Tiger Rag”. En un punto había pasado a contener grabaciones de tantos sellos disqueros como fuese posible, LPs ordenados o pedidos de su propio país y de más allá, los cuales eran solicitados por medio de catálogos prestados por el dueño de una tienda independiente de la isla (Guernsey), a cambio de una modesta tarifa por sus servicios de intermediación.
Cuarenta y tantas versiones de “Tiger Rag” fueron adquiridas, y no sólo versiones de jazz sino de calypso con tambores de acero y otras.

El coleccionista, sorprendentemente por ser apenas una pequeña isla (Guernsey tiene hoy en día una población de 65000 habitantes), no coleccionaba en solitario –un amigo de la isla reunió un lote similar de discos, en su mayoría de jazz, y trabajaron casi en equipo, cada uno adquiriendo en diferentes áreas e intercambiando lo que les gustaba a ambos.

En los últimos años, el amigo del coleccionista había comenzado a archivar digitalmente las colecciones de ambos, conectando un tocadiscos a un computador (ordenador), transfiriendo de esta forma LPs a MP3s. El propio coleccionista (objeto de esta historia) no tenía interés en los computadores (ordenadores). De hecho, en ese momento tenía ya muy poco interés en la música, o en otra cosa, cualquiera que fuese.

Todos los discos de la colección habían sido escuchados al menos una vez.

Hay cosas en mi colección (la del autor del artículo, Nick Southall), una modesta suma de unos 1500 CDs y unos cientos de LPs, que no han sido escuchados jamás. De paso, no tengo versiones de “Tiger Rag” y ni siquiera la he escuchado todavía.
*Fotografía: http://www.soundadviceblog.com/

Esta historia continuará…

Sunday, April 20, 2008

Meu samba...



Estoy escuchando el tercer CD de María Rita, “Samba Meu”, dedicado en su totalidad al samba. Una voz melodiosa y una escogencia hermosísima de canciones hacen de este CD una joya de colección.

Es que esta ganadora de Grammys, hija de la leyenda Elis Regina y del famoso pianista Cesar Camargo Mariano no podía estar exenta de esa saudade, de ese sabor único, de esa belleza que acompaña a las mejores voces del gigante del sur.

La poesía no está ausente, está presente, junto a la tristeza, el amor, la ternura. Mi pieza favorita es “Cría”, un auténtico homenaje a nuestros hijos, lo rápido que crecen, lo sorprendentes que son, lo que nos enseñan, todo ello enmarcado en un ritmo de samba.

Hay otra pieza muy bonita (todas lo son, en realidad), de Rodrigo Bittencourt, llamada “Meu samba”, y que da título al album. Aquí se las dejo, con mi traducción al español. Si la quieren escuchar, entren a la página oficial de María Rita, y disfruten de esa prodigiosa, maravillosa, extraordinaria y dulce voz.

Meu samba vai curar teu abandono
Meu samba vai te acordar do sono
Meu samba não quer ver você tão triste
Meu samba vai curar a dor que existe
Meu samba vai fazer ela dançar
É o samba certo pra você cantar
Meu samba é de vida e não de morte
Meu samba vem pra cá e traz a sorte
E celebra tudo o que é bonito
Meu samba não despreza o esquisito
Meu Samba vai tocar no infinito
Meu Samba é de bossa e não de grito
Meu Samba, defendi com alegria
Deixe que a noite vadia
Vai saber lhe coroar
Deixo entregue aos bambas de verdade
Que estão nos morros da cidade
Peço a benção pra passar
Mi samba va a curar tu abandono
Mi samba te va a despertar de un sueño
Mi samba no te quiere ver tan triste
Mi samba va a curar el dolor que existe
Mi samba va a hacerla bailar
Es el samba preciso para que cantes

Mi samba es de vida y no de muerte
Mi samba viene aquí y trae la suerte
Y celebra todo lo que es bonito
Mi samba no desprecia lo que es feo
Mi samba va a tocar en el infinito
Mi samba es de voz y no de grito

Mi samba defendí con alegría
Deje que la noche vagabunda
Le va a saber coronar
Dejo la entrega a los bravos de verdad
Que están en los cerros de la ciudad
Pido la bendición para pasar

Sunday, April 13, 2008

Diez mil brazos

¡Hola a todos! Hoy les escribo para contarles una vieja anécdota zen sobre un hecho que muchas veces ocurre por una falta de comprensión hacia otras culturas. Es que a veces nos cegamos y nos creemos dueños de la verdad absoluta, juzgando a otros por cosas que, entendiéndolas bien, tienen su razón de ser.

Antes les he comentado de los amigos libreros, esos que tienen algunas librerías, y que conocen mucho de los gustos literarios y hasta personales de uno. En este caso, entré a la librería de Andrés Boersner. Luego de saludarnos, cada quién se dispuso a hacer lo suyo, él a sus actividades en la librería y yo a buscar a mis autores favoritos, o quizá algún libro de interés personal. Luego de una pequeña búsqueda, por lo corto del tiempo disponible, me dispuse a irme, y Andrés me atajó con un pequeño libro titulado “El Cuenco y El Bastón”, 120 cuentos zen recopilados por Taisen Deshimaru (Edicomunicación, S.A. Madrid, 2002).

Uno de los cuentos versa sobre lo que escribí en el primer párrafo y da título al presente post, a continuación:

“La Kannon original es Sen ju Kannon, la Kannon de los mil brazos. Existen también Bato Kannon, la Kannon de la cabeza de caballo (solamente la parte alta de su cabeza tiene esa forma). La Kannon de once caras. La Kannon de la libertad. Roku Kannon, con seis cuerpos, como un monstruo. La Kannon del agua y de la luna, o bien la Kannon de la Vacuidad. Ryuzu Kannon, la Kannon de la cabeza de dragón, aunque su cara no tiene esa forma.

Todas estas estatuas son orgullo del arte budista japonés. Sucede que un día llegaron unas visitantes americanas al templo donde se encontraba la Kannon de los mil brazos, y al verla, se pusieron a reír groseramente.
El Superior del Templo, al ver la escena anterior, se le acercó a una de ellas y le preguntó:
-¿Tiene usted hijos?
-Si, uno solamente.
-¿Qué método emplea para educarle?
-Muchas técnicas me son necesarias.

Entonces el Superior del templo le replicó:
-Cuando una madre educa a un solo hijo, necesita diferentes métodos y mucho tacto. De la misma manera, para salvar a todos los seres, el Buda debe tener ¡mil o diez mil brazos!

La mujer se quedó impresionada.”

Queda claro el mensaje, les dejo una recreación de Sen ju Kannon que encontré en Youtube. ¡Espero que la disfruten!
*Kannon: nombre japonés de Kuan Yin, diosa de la misericordia en el budismo chino, Buda de la compasión en el budismo tibetano.
*Imagen de www.exoticindianart.com

Tuesday, April 08, 2008

¡¡El avión jefe!!

Al subirse a una cabina de un avión se activan en cada ser humano una serie de comandos y de comportamientos que muchos ni se imaginan.

La tipología de seres que se suben a los aviones es infinita. Hay desde el “valiente” que sube y se sienta a mirar a todo el que está embarcando con cara de “me he montado millones de veces en aviones, para mi es una costumbre, y no le tengo miedo a volar, soy un experto”. Con tan solo bajar la mirada, y ver el movimiento armónico simple y repetitivo al infinito de sus piernas ya uno se da cuenta de que es sólo una máscara la supuesta actitud de sobrado; hasta la señorita que no quiere que nadie la vea, ni la toque, ni le hable, dado su nerviosismo y miedo a volar. Basta que la aeronave caiga en un vacío de aire y pierda un poco de altura para que la susodicha deje escapar un suspiro/quejido profundo, casi un grito reprimido de terror, el cual pretende cubrir después con una cara de muy pocos amigos, habida cuenta de que todos los pasajeros en el avión escucharon el suspirito.

Volar es toda una experiencia. A mi me parece que es maravilloso viajar en aviones. Claro que mi comportamiento es también parte de las tipologías antes mencionadas.

Partiendo del hecho de que considero a los aviones como parte integrante del sexo femenino. Antes de subir la cabina les doy su sobadita, sus palmaditas al fuselaje, y les pido que se comporten bien durante el vuelo, todo ello (por supuesto) tratando de evitar que mucha gente lo perciba, cosa que no logro del todo. Las sonrisas y miradas de picardía de quienes me siguen al abordar me lo dicen todo.

Me encanta ver el cielo y las nubes desde ocho mil metros de altura. Por eso odio los aviones cuyas ventanillas están rayadas. Dentro de la cabina me gusta mucho mirar a la cabina del piloto, con sus miles de instrumentos de todos colores y sabores, lo que, unido a la expresión de confianza y el muy pulcro uniforme que siempre visten los pilotos me produce una sensación de satisfacción y seguridad.

A veces las filas de asientos están muy pegadas entre si, y a pesar de la incomodidad, el solo hecho de sentir la velocidad y la vibración mínima del fuselaje cuando corta el viento me libran de cualquier falta de confort. El ruido de los aviones grandes también me gusta mucho. Es el sonido que asocio a la alta tecnología.

Claro que también me produce miedo volar, porque también vienen a mi mente las tragedias aéreas que han ocurrido, donde he perdido incluso amigos, y me pregunto a veces si saldré vivo de la cabina, o cómo será la experiencia de los momentos previos al accidente. Espeluznante, inimaginable. Confieso que lo pienso, y solo me tranquiliza el saber que nuestra suerte está en manos de Dios, o del destino, como quieran pensarlo. Si está escrito que no vas a morir allí, no morirás allí por más veces que se repita la experiencia. Eso me calma, me da paz.

Hoy experimenté un viaje en avión más en mi vida, y la curiosidad principal fue que saqué un libro titulado “Sauce ciego, mujer dormida” de Murakami. Son 24 cuentos, de los cuales había leído tres. Tenía un marca-libros en la página donde quedé hacía unos días, y al abrirla me encontré con el cuarto de los cuentos, cuyo título era “Avión…o cómo hablaba él a solas como si recitara un poema”. No quiero referirme a la trama del cuento sino brevemente a explicar que se trata de un individuo que tenía la rara costumbre de hablar solo, y una muchacha que lo observaba llegó a hacérselo notar, y no sólo eso, sino que le escribió lo que hablaba en una oportunidad, que parecía (o es) poesía:


El avión
Vuela el avión
Yo en el avión
Vuela
El avión
Pero aunque vuele
¿Es el cielo
El avión?


Esta lectura ocurrió en pleno vuelo, yo sentado, leyendo esto, en la cabina de un avión, y justo me tocaba ese cuento, que no sabía que tenía al avión como tema involucrado. ¡Yo en el avión leyendo "Yo en el avión"! Vaya coincidencia…

Sunday, April 06, 2008

poesía...


Sobre la gran campana
se detiene una mariposa,
y duerme.
Poesía japonesa por:
Yosa Buson (1716-1784)

Saturday, March 29, 2008

Bebel, samba y amor...


¡Hola a todos! Antes que nada muchas gracias por permanecer en esta casa virtual que los recibe siempre con los brazos abiertos. Su buena vibra se siente por estos lares de Dios, y eso se agradece.
Les cuento que esta semana conseguí un CD de Bebel Gilberto, adorada cantante brasileña, hija del grandioso cantautor Joao Gilberto y de la famosa cantante Miucha. Hijo de gatos caza ratones, Bebel es sedosa al oido, con una cadencia única, belleza de voz y de poesía. El CD es una verdadera bendición, y se los recomiendo.
Todas las canciones me encantaron, y las letras, ¡qué letras tan bonitas!

Aquí les dejo una de ellas, titulada “Samba e amor”, con mi traducción al español. El video está en youtube, una preciosidad de mujer y de canción…


Eu faço samba e amor até mais tarde,
e tenho muito sono de manhã,
escuto a correria da cidade,
que arde e apressa o dia de amanhã.
De madrugada a gente ainda se ama,
e a fábrica começa a buzinar,
o trânsito contorna a nossa cama, reclama
do nosso eterno espreguiçar.
No colo da bem-vinda companheira,
no corpo do bendito violão,
eu faço samba e amor a noite inteira,
não tenho a quem prestar satisfação.
Eu faço samba e amor até mais tarde
e tenho muito mais o que fazer
escuto a correria da cidade, que alarde
¿Será que é tão difícil amanhecer?
Não sei se preguiçoso ou se covarde,
debaixo do meu cobertor de lá,
eu faço samba e amor até mais tarde,
e tenho muito sono de manhã.
♥♥
Yo hago samba y amor hasta muy tarde,
y estoy soñolienta cuando llega la mañana.
Escucho el ruido de la ciudad, que arde,
y trae el día de mañana más aprisa.

De madrugada aún hacemos el amor,
y las sirenas de las fábricas comienzan a sonar.
El tráfico hace círculos alrededor de nuestra cama, quejándose
de nuestra eterna pereza.
En el regazo de mi compañera bienvenida,
en el cuerpo de mi guitarra bendita,
yo hago samba y amor la noche entera,
no tengo que explicarle mi satisfacción a nadie.
Yo hago samba y amor hasta muy tarde
y tengo muchas más cosas que hacer.
Escucho el ruido de la ciudad, que hace alarde,
¿será que es tan difícil amanecer?

No estoy seguro si soy perezosa o cobarde,
debajo de mis sábanas de lana,
yo hago samba y amor hasta muy tarde,
y estoy muy soñolienta cuando llega la mañana.

Thursday, March 20, 2008

¿Y de dónde será que soy?



Mi nombre es José Fernando Rodriguez Restrepo, pero desde que tengo uso de razón me llaman “Nando”. Vivo en San Antonio del Táchira, Venezuela, desde hace muchos años. Antes viví en Cúcuta y en Rubio, es decir, a ambos lados de la divisoria de países, la frontera, una línea que sólo he visto en los mapas porque aquí no la he podido encontrar jamás.

Hay que vivir en la frontera para saber pronunciar mi nombre. Si, ya sé que parece fácil, pero es que para los andinos, la pronunciación de la ene tiene algo diferente de la que pronuncian en otras partes de Hispanoamérica. Cuan familiar me suena ese "Nando" cuando me lo dicen en San Antonio o en Cúcuta.

Nací en Rubio, estado Táchira, Venezuela, o mejor dicho, nací en el Hospital Universitario de Cúcuta, Colombia. La verdad absoluta nunca la sabré porque, aparte de que nunca me fue revelada, tengo dos partidas de nacimiento y dos documentos de identidad, uno de Venezuela y otro de Colombia.

Crecí escuchando por igual el vallenato y el bambuco andino, los cuales me gustan por igual, me encanta la chicha criolla y la cola Postobón, el bocadillo de guayaba y los abrillantados merideños.
Soy fanático de “La Vuelta” ¿No les suena? La famosísima vuelta ciclística al Táchira y también de la “Clásica RCN”. Aquí todos somos amantes del ciclismo y del fútbol. ¿Mis equipos? El Deportivo Táchira y el Cúcuta Deportivo. Rojinegro y aurinegro, pues a ambos los vivo y los siento por igual.

Les cuento de mis padres: mi papá nació en Venezuela, en Petare, una parte de Caracas donde dicen que habita mucha población colombiana, y se vino para acá muy joven, escapando de su familia, pues su padre, mi abuelo, era de férreo carácter, cosa de la que mi padre terminó cansándose. Al llegar aquí, después de mucho trajinar, se puso a trabajar en construcción de casas, y así fue como conoció a mamá, quién era cocinera de los obreros del campamento de construcción. Mamá nació en Barrancabermeja, Santander, Colombia, y nunca supe cómo vino a parar a Rubio. Papá tampoco me habló de esa historia, aunque mis tías me dicen que él iba mucho a Cúcuta los fines de semana, y uno de esos fines regresó con ella, agarraditos de la mano, y desde ese entonces nunca más volvieron a separarse.

Se casaron aquí y se fueron a Colombia por un tiempo, a conocer la familia de ella. Iban y venían con regularidad. En ese ir y venir nacimos mi hermana Luz Stella y yo. Luz también tiene dos documentos de identidad, y tampoco sabe decir si es colombiana o venezolana. Nunca ha entendido, al igual que yo, la diferencia.

Tengo que revelarles que, al igual que nosotros, muchos de nuestros vecinos y amigos de aquí tienen doble nacionalidad, y todos se sienten colombianos y venezolanos por igual.

Cuando tienen hijos, y alguno de ellos destaca una característica venezolana, rápidamente lo apodan “El Veneco”, y si ésta característica es más apropiada del otro lado del puente (Puente Internacional “Simón Bolívar”), lo apodan “El Cachaco”. Esto me trae más confusión, porque nunca puedo discernir cuál de ellos es “El Veneco” y cual “El Cachaco”, por lo cual ambos, con risa cómplice, se burlan de mi enredo.

Me casé hace diez años con una venezolana, María, llanera para más señas, de Calabozo, estado Guárico. Ella vino a parar aquí por uno de esos avatares de la vida, y yo, al verla por primera vez, supe que era la mujer de mi vida. Cuando se percibe la mirada del amor no hacen falta muchas explicaciones, es una magia que te envuelve, y eso es lo más hermoso de la vida.

María y yo tuvimos dos hijos, Luis Carlos y John Jairo, que nacieron en San Antonio, y ahora estudian la primaria en un internado de Cúcuta. Los vemos los fines de semana, cuando están libres. María los va a buscar y los trae a casa.

Hace unos días, cuando llegué a casa, encontré a María angustiada entre noticias de cierre de frontera y movilización de unidades de combate del ejército de Venezuela. Los tambores de la guerra resonaron en el Táchira. Lo que hicimos fue llorar toda la noche, pues nuestros hijos estaban del otro lado, posiblemente con mayor angustia que nosotros. No supimos qué hacer, dónde ir, ni siquiera entendíamos los motivos de la lucha. Tenemos tantos amigos en ambos lados que nos aterrorizaba la mera posibilidad de vernos enfrentados. Nos conocemos de toda la vida, y somos hermanos de sangre, de destinos y circunstancias.

Gracias a Dios los tambores dejaron de sonar, y en su lugar retumbó un concierto multitudinario, realizado en el propio puente, al que llamaron, muy apropiadamente, “Paz sin fronteras”.

Claro que nos fuimos todos, junto a los niños, que no tuvieron clases el lunes siguiente, y una enorme legión de vecinos y amigos.

Allá nos encontramos con multitud de amigos y conocidos, brindamos con ron y aguardiente, bailamos, cantamos, reímos, nos abrazamos, nos sentimos uno en medio de una raya fronteriza que ninguno de nosotros, ni antes ni después, atina a ver.
Apoteósico el concierto, muy bonito, María y los niños lo disfrutaron muchísimo. A mi me pareció que era un sueño hermosísimo, del que no quería despertar jamás. Los artistas que vinieron estuvieron fenomenales, maravillosas actuaciones que no olvidaré jamás en mi vida.
Somos un solo pueblo, y para saberlo, hay que venir a San Antonio y ver la cantidad de personas que cruzan el puente a ambos lados, todos los días de la vida, unos viven aquí y trabajan allá, y viceversa. Aquí cada quién tiene un cuñado colombiano, un sobrino venezolano, una comadre, un compadre, dos documentos de identidad, aquí todos somos uno solo…

Sunday, March 16, 2008

Tepuy, el triunfo de la tenacidad


Es para mí un gran orgullo darles la noticia de que mi viejo amigo Henry González ha editado su primer libro de fotografías, titulado “Una aventura llamada Tepuy” (Criteria Editorial).


Conozco a Henry desde hace más de 30 años. Era un niño meditativo, siempre pensativo e inteligente, cosa que llamó mi atención. En ese tiempo de la infancia, cuando hablaba con él, el tema era siempre la naturaleza, especialmente la descripción de sus experiencias en excursiones a El Avila y al Parque Nacional de Guatopo.


De adolescente tuvo sus primeros contactos con la escalada, acercándose cada domingo al Parque “Las Cuevas del Indio”, en El Cafetal, Caracas, donde existe una pared montañosa que permite la práctica del ascenso vertical. Recuerdo mucho cuando me decía que estaba reuniendo dinero para comprarse su propia cuerda de escalar, lo que me demuestra que Henry es una persona de grandes logros, con la persistencia y tenacidad que muy pocos tienen, pues hoy por hoy es uno de los mejores representantes del montañismo y el ascenso vertical (Sub-Campeón Suramericano de Escalada Deportiva en Curitiba, Brasil), convirtiéndose al mismo tiempo en uno de los mejores fotógrafos de la naturaleza a nivel mundial.


Las más de 12.000 fotografías que enriquecen su colección, las cuales se han expuesto en diversos lugares de América y Europa, y que son solicitadas por diversas entidades, medios de comunicación y publicaciones a nivel mundial, hablan de la calidad de su trabajo.


Henry conoce el Parque Nacional “La Gran Sabana” , aquel que inspiró a Sir Arthur Conan Doyle en su novela “El Mundo Perdido, como la palma de su mano y ha ascendido a la cumbre de todos los tepuyes que se encuentran en la zona. Para los que no saben del término, un tepuy es una formación natural muy antigua (de origen precámbrico), un tipo de meseta montañosa de paredes verticales y cumbre aplanada, de apariencia imponente, cuyo nombre es una derivación del original, en idioma pemón, tepu, que significa montaña de los dioses.




Tener en mi pequeña colección de libros de fotografías de la naturaleza la obra de Henry, es para mí un motivo de gran alegría, no sólo por tenerlo entre mis amigos de la infancia, sino porque representa un ejemplo de la Venezuela que debe prevalecer, de la victoria del temple y el talento por encima de las adversidades que nos pudiesen bloquear el camino; es un triunfo de la tenacidad, es el demostrar que hombre y naturaleza pueden integrarse y convivir de la mejor manera posible.


Además de la fotografía y la escalada, Henry organiza excursiones a cualquiera de los tepuyes y diferentes escenarios naturales de “La Gran Sabana”, un parque natural único en el mundo, donde se concentra una energía natural sin precedentes, una magia que envuelve en esos lugares al visitante y lo transforma. La vida nunca vuelve a ser igual al asistir a la experiencia de ascender y coronar un tepuy, y mirar desde allá arriba la naturaleza alrededor. Todos los testimonios que poseo lo confirman, y es para mí un poderoso sueño el poder coronar el Roraima Tepuy este mismo año, acompañado de mi hijo Andrés, y bajo la guía de mi amigo de tantos años, Henry González, siempre sencillo, de conversaciones interesantes, de tenacidad a toda prueba.


A aquellos a los que les gustan las fotografías de paisajes naturales, no pueden perderse el disfrute de éste libro, un verdadero colirio, en el cual, a través de la ventana de Henry, veremos paisajes únicos, irrepetibles, increíblemente espectaculares, que atraen a científicos y exploradores de todo el mundo, todo el año, todos los años.


*La página web de Henry González es http://www.exploratreks.com.ve/

*El e-mail de la editora del libro es criteriaeditorial@cantv.net

Saturday, March 08, 2008

Divagando...

Así se llama un programa de radio de mi filósofo favorito Pedro León Zapata, artista plástico, y Miguel Delgado Estévez, músico. Ellos empiezan hablando de un tema en particular y nunca se sabe dónde terminan porque de un tema pasan a otro, y a otro con una sencillez y un conocimiento de muy pocos. Y eso es precisamente lo que significa divagar, según el diccionario de la Real Academia Española: “Hablar o escribir sin concierto ni propósito fijo y determinado”. Eso es muy sabroso y estimulante para mi.

En estos días entré a una librería, cuya particularidad es la apuesta hacia los libros de escritores chinos y japoneses. Me gusta ir a buscar novedades, y en estos días busco específicamente “El Rumor del Oleaje” de Yukio Mishima, recomendación de mi amiga Waipu Carolina. No estaba. Entonces me puse a mirar los libros en exhibición. Hubo uno que llamó mi atención, se llama “Seda” (Editorial Anagrama), del escritor italiano Alessandro Baricco. Lo que llamó mi atención fue una cinta roja que cubría la portada, en la cual se leía, entre fabulosos comentarios de la crítica, “41a edición”. Dios, para que un libro tenga 41 ediciones, es porque algo bueno debe tener en sus páginas, y basado en ese criterio simplista lo compré, y lo leí rapidísimo, porque es muy sencillo y fácil de leer.

En la contraportada hay una pequeña reseña, que, entre otras cosas, dice: “Todas las historias tienen música propia. Ésta tiene una música blanca. Es importante decirlo, porque la música blanca es una música extraña, a veces te desconcierta: se ejecuta suavemente y se baila lentamente. Cuando la ejecutan bien es como oír el silencio, y a los que la bailan estupendamente se les mira y parecen inmóviles. La música blanca es algo rematadamente difícil.” De nuevo por aquí los sonidos del silencio…

Pues bien, la paradoja consiste aquí en lo que pensé cuando la compré, “voy a leer algo que no tenga que ver con Japón, para variar un poco”, y comencé. Nunca relacioné el título de la novela con otra cosa que no fuese la suave tela que todos conocemos. En la página 19 me quedé perplejo, y leí una y otra vez:

-No hay elección. Si queremos sobrevivir tenemos que llegar hasta allí.

Silencio.

Verdun, apoyado en la barra, levantó la mirada hacia los dos.

Baldabiou se empeñó en encontrar todavía un sorbo más de Pernod en el fondo del vaso.

Hervé Joncour dejó el cigarrillo en el borde de la mesa antes de decir:

-¿Y dónde quedaría, exactamente, ese Japón?

Baldabiou levantó el extremo de su bastón, apuntando con él más allá de los tejados de Saint-August.

-Siempre recto.

Dijo.

-Hasta el fin del mundo.

Pues bien, Japón está metido en la novela de Alessandro Baricco. Y yo, sin saberlo, he terminado leyendo un libro más relacionado con mi querido país del lejano Oriente. ¿Causalidad?

La novela es increíble, fantástica, maravillosa, y todo en apenas 125 páginas de lectura sencilla, muy sencilla, y de profundo contenido, al mismo tiempo. Recomendada.

Una vez que la terminé, porque la leí en un par de días, le quité la cinta roja y pude ver que la portada es un grabado de unas flores, sobre el cual está el ideograma chino de la seda. No lo había visto antes sino cuando finalicé y me puse a detallar la edición y otros detalles del libro.

Ahora me dispongo a terminar con “La perla y otros cuentos” de Yukio Mishima, un auténtico maestro del cuento. Son diez cuentos, de los cuales ya he leído 8, y son todos excelentes. Uno de ellos se llama “La Perla”, y les digo algo, ojalá puedan comprar el libro y leerlo, porque es simplemente magistral.

Saturday, March 01, 2008

La ranita y el escarabajo

Me encontraba una vez saliendo de casa, y al mirar a un jardín, pude captar una hermosa ranita, mimetizada en las hojas de un naranjo, inmóvil, atenta a mis movimientos. Me encantó esa imagen, espectacular imagen, y quise volver por mi cámara, ¿por qué será que uno no sale siempre con su cámara a cuestas?, pero al final desistí, y me quedé a mirar unos instantes a la ranita, minutos tal vez.

Ella permaneció inmóvil, impertérrita, mirándome y pensando quién sabe qué cosas; ¿qué pensarán los insectos y animalitos de las acciones de los humanos, siendo muchas veces tan antagónicos, con tantas fobias entre si y para con ellos?

Me fui pensando en la ranita hermosa, y otras tantas veces he pasado por el mismo naranjo, pero nada que aparece, o al menos no se deja ver por mi. Ya me la imagino, dentro del follaje, susurrándole a otras ranitas, entre risas: “allí va el que perdió su única oportunidad de fotografiarme”.

Otro día salí de la oficina a despejar la mente, a cobijarme en un buen café y apareció, frente a mis ojos, un escarabajo verde. Lo miré, como quien mira a un extraño más, y seguí adelante. Pero su intenso color verde nubló mi vista, y me hizo retroceder.

El me esperaba, intuía que volvería sobre mis pasos, se sabía de antemano el centro de la atención. “Nadie puede ser indiferente a mi elegancia, a mi hermoso traje verde de domingo”, pensaría.

Desafiante, permaneció posado sobre la verja blanca, que, en complicidad con el sol, hacía relucir más su espectacular traje verde.

De nuevo estaba sin mi cámara. La había dejado en la oficina. Pensé en volver por ella, pero intuí que este señor de los insectos no me iba a esperar. Lo miré. Me miró. Le pedí esperarme. Sonrió maliciosamente. Mi sexto sentido me dijo que, de alejarme, no volveríamos a vernos nunca más, como la ranita del naranjo.

No, esta vez no, miré a mi alrededor, nadie conocido; mi teléfono celular vino a salvar el momento. Acerqué la cámara, no mucho para no perturbarlo. Pero el sabía de mis intenciones, o al menos eso creí. Ni siquiera atinó a moverse. Lo fotografié. Permaneció con la misma indiferencia, todo orondo, envuelto en su llamativo traje verde, quizás pensando en la estupidez humana, que le ha dado su nombre a un vehículo que nada tiene, a su real saber y entender, que ver con el, que ha prestado, sin su consentimiento, por supuesto, su sobrenombre mas famoso, “el coco”, a un objeto de miedo para obligar a los niños de su especie a comerse la tan odiada sopa.

“¡Bah!”, habrá pensado, “¿Qué pretenderá este humano al engañarme, como si me fuese a pasar una llamada, ¡habráse visto!, engañar a un tipo tan elegantemente trajeado como yo y luego tomarme, sin mi permiso ni consentimiento, una instantánea?”. “Seguro que lo hace con uno de su especie y tendría serios problemas”.

No se por cuanto tiempo permanecí contemplando la singular escena, hasta que recordé la razón por la cual había abandonado la oficina, y seguí mi senda hasta el café de la esquina.

Al volver la vista atrás puede notar que se mantuvo en su puesto de vigía, contemplando mi partida, murmurando quién sabe qué cosas. Volví mi vista y fingí ignorarlo. Digo que fingí porque mientras caminaba, no dejaba de pensar en él. Me lo imaginé divagando: “No me importa lo que haya hecho este señor, yo soy un tipo elegante y refinado, y por nada del mundo perderé la compostura ante un humano. Nada puede hacerme perder el glamour. Total, no todos los días sale un humano a la calle y se encuentra a un singular escarabajo como yo, vestido con un llamativo y elegante traje verde de domingo”.

Me alejé a paso lento, seguí pensando en cómo habría ido a parar sobre esa verja blanca, habiendo tantos árboles alrededor. Y justo cruzarse en mi camino. Y yo sin mi cámara, pero con mi celular salvador, gracias a Dios.

Demás está decir que al volver de la cafetería el ya se había marchado, molesto quizás por mi osadía de fotografiarlo, volando elegantemente con su hermosísimo traje verde, en su afán de descubrir nuevos lugares de la jungla de concreto.

Yo he pasado miles de veces por el mismo lugar, al igual que por el naranjo aquel del jardín, pero tanto la ranita como el escarabajo verde, muy esquivos, no han querido volver a posar.

Por lo visto odian las fotografías, o tal vez mi atrevimiento de querer llevármelos en imágenes, en vez de disfrutarlos así mismo como los encontré, al natural…

Sunday, February 24, 2008

Los muñecos japoneses



Esta semana comenzó la celebración de la “Semana Cultural del Japón en Venezuela”, un evento ya tradicional en esta época del año.

Siempre habrá algo que ver cuando se trata de Japón, y no me hice esperar. Hoy estuve en la exposición y me encontré con la sorpresa de que la Fundación Japón trajo una exposición itinerante de muñecos japoneses.

La belleza de estos muñecos (ningyo, en japonés) es indescriptible.

Tal como lo explican en la exposición: “Los muñecos japoneses se caracterizan por sus expresiones faciales serenas. Estas delicadas expresiones se logran esculpiendo cuidadosamente la capa externa de la concha de ostra pulverizada, que cubre los rostros de los muñecos. Otra importante característica son los bellos colores de los muñecos, que muestran la riqueza de los trajes y la pompa antigua”.

Para muestras, un botón, ¡disfrútenlos!
























Saturday, February 16, 2008

Vómero, el Café de Don Giovanni


(Don Giovanni Misciagna, QEPD)

¡Hola a todos! Tengo la suerte de tener unos cuantos amigos que son dueños de negocios a los que voy de compras de vez en cuando. Esos amigos tienen una particularidad, y es la de la permanencia en el negocio, sabiendo que permanencia no significa estancamiento, sino, de vez en cuando, renovación.

Son dueños de negocios que frecuento por mis gustos literarios, musicales, y también por los de víveres, comestibles, ferretería, telas, zapatos, restaurantes, barberías y hasta muebles.

Uno va entretejiendo relaciones con esas personas, y a final de cuentas, se convierten en verdaderos aliados, conocedores de los gustos de uno, del humor, de las temporadas de compra, de los colores.

De vez en cuando me detengo en alguno de esos negocios a platicar, a tomarnos un café en petit comité, a comparar los diversos estilos de los clientes en diferentes épocas, a saber de nuestras vidas, que llevan caminos diferentes, a descubrir que tenemos amigos comunes y que el mundo es un pañuelo.

Esas personas son necesarias para mucha gente. Llegan a hacerse imprescindibles. Uno les comenta situaciones laborales para buscar soluciones desde otra óptica (la de ellos), cosas personales que no están a su alcance pero que una opinión de ellos vale mucho para uno, y así por el estilo.

Algunos de esos negocios se convierten en puntos de encuentro de asiduos a los mismos, entonces las tertulias se extienden a los clientes comunes, y la conversa se enriquece sobremanera.

En Caracas hay varios negocios emblemáticos, cuyos dueños son verdaderas insignias, patrimonios de la ciudad.


(En plena faena en sus últimos años al frente de la cafetera)


(Don Giovanni a mediados de los 60)

Hoy quiero recordar a uno de ellos, que, aunque ya no está con nosotros, sus clientes y amigos lo seguiremos recordando por siempre. Se trata de Don Giovanni Misciagna, creador y artífice del legendario Café Vómero (desde 1959).

Sus paisanos tienen su negocio como punto de encuentro. Cada vez hay menos, pero hoy mismo comprobé que siguen allí, con sus tertulias, su nostalgia y sus recuerdos de infancia. Se ven tan felices como cuando él estaba. Es como si estuviera entre nosotros (¿lo estará?).

Cada vez que voy converjo con algún conocido de años, converso con su hija Anna, observo a su nieto con la misma estampa del viejo, preparando el café, me lleno de nostalgia y recuerdos, converso con los asistentes unas veces, otras me dedico a hurgar entre los recuerdos de fotografías adosadas a las paredes, pienso, saboreo mi cappucino extrañando el de él (único e imitable tan solo por su hijo Gianfranco).

Café Vómero, en Campo Claro, Caracas, un verdadero ícono de la Caracas contemporánea, demostrativo del amor por lo que se hace, del buen trato, de la sencillez, la cordialidad y la amistad. ¡Gracias por siempre Don Giovanni!


(Café Vómero, Campo Claro, Caracas)


(Don Giovanni en sus años mozos)


* Todas las fotografías fueron tomadas por cortesía de Anna Rosa Misciagna.

Sunday, February 10, 2008

Las Sendas de Oku

¡Hola a todos! Esta semana me ha tocado viajar a la ciudad de Cumaná, a dar soporte a una exposición de motivos, ante autoridades ambientales, para la realización de un proyecto de una planta de gas.
Como compañero de viaje, me llevé a “La Perla y Otros Cuentos” de Yukio Mishima. Extraordinarios los cuentos del novelista japonés. Alcancé a leer “Muerte en el Estío” y “Los Siete Puentes”. Había comenzado “El Sacerdote y su Amor”, una interesantísima historia sobre un sacerdote budista que está a punto de alcanzar el Nirvana (en la religión budista el nirvana es el cese del sufrimiento; un estado que resulta de la extinción de los deseos, y que se alcanza mediante la meditación), y conoce a una mujer de la que se enamora, estando a punto de dejarlo todo por ese amor tan repentino.
Entre reuniones y exposiciones no logré terminarlo, lo que dejé para el viaje de retorno. Guardé por equivocación el libro en la valija y cuando fui a buscarlo en el bolso de mano, me di cuenta que no estaba allí. Como no puedo estar sin leer, busqué una librería en el aeropuerto, pero no me identifiqué con ninguno de los libros puestos allí a la venta. Decidí comprar la revista del National Geographic de febrero. En su interior encontré un reportaje de Howard Norman y fotografías de Michael Yamashita sobre las “Sendas de Oku”, una especie de “Camino de Santiago” realizado por el poeta japonés Matsuo Basho, en el cual recorrió mas de 2000 kilómetros en 1689, y los plasmó en un diario de viaje, que combina haikús (poesía corta japonesa) con prosa, combinación conocida como haibun.

El peregrinaje incluyó sitios importantes por su historia literaria, religiosa o militar. Antes de hacer el recorrido, Basho confió a uno de sus amigos su necesidad de hacerlo, pues “sentía la brisa del más allá soplar sobre su rostro”. Caminó durante 5 meses por valles, colinas, aldeas y montañas situadas al norte de Tokio (llamada Edo en ese entonces) y cerca del Mar de Japón. En el diario se habla de paisajes, templos, castillos, curiosidades históricas y naturales, de una forma única, hermosísima.
El Fondo de Cultura Económica lo editó en el año 2005, traducida al castellano por Octavio Paz y Eikichi Hayashiya, e ilustrada por Yosa Buson (las ilustraciones son tan bonitas como lo que está escrito, haciendo del libro una auténtica joya ).
A decir de Octavio Paz, “Su poesía es un verdadero calmante, aunque la suya sea una calma que no se parece ni al letargo de la droga ni a la modorra de la digestión. Calma alerta, que nos aligera: Oku no Hosomichi es un diario de viaje que es, asimismo, una lección de desprendimiento.”
A continuación algunos Haikús extraídos del libro:


Un viejo estanque:
salta una rana ¡zas!
chapaleteo.

Se va la primavera,
quejas de pájaros, lágrimas
en los ojos de los peces.

Bajo un mismo techo
durmieron las cortesanas,
la luna y el trébol.

Saturday, February 02, 2008

El silencio o la pérdida de atención.


En el Zen se dice que el significado real del silencio es la pérdida de atención (es como ratificar la relatividad del fenómeno).

Cuando escucho la composición “El Trancao”, de Luisa Elena Paesano, siento que ella comprende muy bien lo que significan los sonidos del silencio. Siempre hay una nota que suena en la mente de uno pero que en la composición brilla por su ausencia, o quizás haya sido ejecutada a contratiempo, o sincopada como dicen los músicos. Si escuchan la melodía en el vínculo que he dejado, donde un pianista ejecuta la composición de Paesano, entenderán de lo que estoy hablando. Luisa Elena es genial, y junto a su trío “El Trancao” ha recorrido diversos escenarios de Venezuela y el mundo, con muchísimo éxito.

Continuando la exploración de los sonidos del silencio, me he quedado perplejo con el testimonio de mi amiga Nerim, quien nos cuenta (ver comentarios del post anterior) los sonidos que inevitablemente continuará escuchando mientras esté viva, el sonido de la circulación de su sangre a través de su oído derecho, del cual quedó sorda a raíz de un infarto.

John Cage, compositor norteamericano, ganó fama internacional al componer una pieza titulada 4´33” (se lee 4 minutos y 33 segundos), que el mismo calificó como música no-intencional, en cuya partitura se especifica que el, o los intérpretes no ejecutarán sonido alguno durante los 273 segundos que dura la pieza. La obra se convirtió en una de las más controversiales en la historia de la música, teniendo las mas variadas interpretaciones y críticas.

Cage, en su búsqueda del silencio absoluto, visitó en 1951 la cámara acústica de la Universidad de Harvard, para tener una perspectiva. Al encontrarse allí dentro, se dio cuenta que percibía dos sonidos, uno alto y uno bajo. El primero, su sistema nervioso, y el segundo, los latidos de su corazón y la circulación de su sangre. De esta forma llegó a la conclusión de que no había manera de experimentar “el silencio” mientras se estuviera vivo.

Para terminar mi larga divagación sobre este tema, les dejo un poema que encontré en un post denominado, precisamente, “El Silencio”, en el blog español “El Mundo de los Sueños”, espero que lo disfruten, ya saben que se les quiere mucho por estos lares de Dios.


EL SILENCIO


No digas nada,

no preguntes nada.

Cuando quieras hablar,

quédate mudo:

que un silencio sin fin sea tu escudo

y al mismo tiempo tu perfecta espada.


No llames si la puerta está cerrada,

no llores si el dolor es más agudo,

no cantes si el camino es menos rudo,

no interrogues sino con la mirada.


Y en la calma profunda y transparente,

que poco a poco y silenciosamente,

inundará tu pecho de este modo,

sentirás el latido enamorado,

con que tu corazón recuperado,

te irá diciendo todo, todo, todo.

Francisco Luis Bernárdez.
*
*La obra del post se llama "Erased De Kooning Drawing" (1953) de Robert Rauschenberg

Saturday, January 26, 2008

Los sonidos del silencio...


Me he puesto a investigar sobre el silencio, sobre los sonidos del silencio, y he encontrado tantas respuestas sabias.

Entre otras cosas he descubierto que el silencio absoluto, es decir, la ausencia total de sonido, no existe. El silencio, como titulé mi anterior post, es relativo.

Encontré una historia de un maestro que envía a su pupilo al bosque a escuchar, luego el pupilo viene a contarle que oyó el trinar de los pájaros, el zumbido de las abejas y esas cosas. El maestro lo vuelve a enviar muchas veces hasta que un día el pupilo le cuenta que escuchó “el inaudible sonido de las flores abriéndose, el sonido del sol saliendo y calentando la tierra y el de las hierbas bebiendo el rocío de la noche”. Fue allí cuando el maestro asintió, y dijo: “oír lo inaudible es tener la calma necesaria para convertirse en una gran persona. Recién cuando se aprende a oír el corazón de las personas, sus sentimientos mudos, sus miedos no confesados y sus quejas silenciosas, una persona puede inspirar confianza a su alrededor; entender lo que está errado y atender las reales necesidades de cada uno”.

El Maestro Ramakrishna nos muestra el valor del silencio con estas palabras:


"La abeja revolotea zumbando
hasta tanto no se posa sobre la flor
y liba la dulzura de la miel que hay en ella.
Pero, una vez dentro de la flor,
degusta el néctar silenciosamente.
Mientras el hombre disputa
sobre doctrinas y dogmas,
demuestra que no ha probado
el néctar de la verdad.

Una vez que lo prueba, se torna silencioso."


Por su parte, Simon & Garfunkel nos describen poéticamente el significado de los sonidos del silencio.

Excelente tema, éste del silencio, para reflexionar un poco en estos días…
*Obra del post: "Los sonidos del silencio" de Annrika McCavitt
*El poema de Ramakrishna lo transcribí del blog Alcione, de Chile

Saturday, January 19, 2008

La relatividad del silencio...


¡Hola a todos! La semana pasada estuvo mi amiga virtual Kira en Venezuela. ¿Y pueden creer que no pudimos concretar un encuentro por no haber leído mi correo durante una semana? Cosas de la vida. Cuando me enteré ya se iba del país. He vuelto a la rutina de trabajo, lo cual me impide, a veces, estar en contacto con el mundo real y virtual. Todo se circunscribe a planificaciones, diseños, productos atrasados, contactos telefónicos para solucionar problemas de trabajo, el computador de la oficina está electrónicamente aislado del mundo virtual y sólo permite accesos a nivel laboral e investigativo, quedando vedadas páginas como yahoo, hotmail, gmail y enlaces parecidos.

No se si a ustedes, los que tienen rutinas similares, les pasa, pero a mi la presión de trabajo me aísla, hago mutis, mi mente entra en modo “resolución de problemas” y casi todo el tiempo está buscando la solución a algún entuerto. Apenas para al ir a comer y al final de la jornada, cuando entra en modo “descanso”, descompresión total, una cerveza fría para darme cuenta de que he parado, luego el camino a casa, vía musical de jazz o chill-out en el tráfico caraqueño, y finalmente las conversas nocturnas con mi familia y amigos, para intercambiarnos el resumen del día.

Mi vida virtual se sume en un profundo silencio que mi otro yo, el escritor lamenta y se queja amargamente. A veces, si el sueño no me vence, lo tranquilizo con una amena lectura antes de dormir. Él, el escritor, se sonríe y me entiende, disfruta de la lectura, así sea a sorbos pero lectura al fin y al cabo. Otras veces, cuando me despierto de madrugada porque el modo “resolución de problemas” no ha quedado apagado del todo, me levanto y vuelvo a la biblioteca a buscar, en medio de la noche, la lectura inconclusa, hasta que el sueño vuelve a aparecer y a hacer de las suyas, terminando en el momento en que el despertador musical decrete el comienzo de una nueva jornada, y modificar el modo “descanso” a modo “resolución de problemas” de nuevo.

Y para finalizar el post, y a propósito del silencio virtual, les regalo este viejo cuento zen, precisamente sobre la relatividad de hacer silencio…

En un remoto templo que se ubicaba en las montañas de Japón, cuatro monjes decidieron hacer un retiro que les exigía un absoluto silencio. En la noche, el frío arreció, y una fuerte brisa entró en el templo.

El monje mas joven de todos exclamó: “¡Se ha apagado la vela!”

“¿Porqué hablas?” le dijo el monje de mayor edad. “¡Se supone que estamos en un retiro de silencio!”

“¡Me pregunto porqué están hablando en lugar de mantener el silencio, tal como habíamos acordado!” gritó el tercer monje.

“¡Yo soy el único que no ha abierto la boca!” recriminó el cuarto monje.

Saturday, January 12, 2008

Contando sobre lo que escucho...

¡Hola a todos! Ya inmerso en la rutina de labor, las cosas cambian, nada como unas buenas vacaciones pero, como dice la canción, todo tiene su final.

Muchos acontecimientos noticiosos durante la semana, entre ellos la liberación de dos rehenes de las FARC, la muerte de Sir Edmund Hillary, quién finalmente fue a reunirse con Tenzing en el cielo, y una en exclusiva, que me hizo llegar Allison Goodsall, en nombre de la gente de Imax Corporation, y es que tendremos IMAX en Caracas en el primer trimestre del 2009.

A lo que iba, cuando estoy en etapa rutinaria de trabajo, la presión de finalización de las actividades y las interminables embotellamientos del tráfico de Caracas son causas de enfermedades derivadas del stress. Hay muchas formas de combatirlo, partiendo del hecho de aceptar que está en ti.
Mis rutinas principales son la de los cinco minutos diarios de respiración profunda (inspirar, mantener el aire en los pulmones el mayor tiempo posible y luego dejar salir el aire lentamente hasta expulsarlo por completo, repetido durante cinco minutos) y la terapia musical a la que me someto durante los embotellamientos. Háganlo y verán que rinde sus frutos. Les muestro algunas de las medicinas actuales y los invito, cuando puedan, a que las prueben, les van a gustar. Ya saben que se les quiere mucho por estos lares de Dios!








Sunday, January 06, 2008

La concepción de la piedra


Hola a todos. Disfruté de manera muy especial estas dos semanas de vacaciones que finalizan hoy. Las dediqué principalmente a la continuación de la lectura de autores japoneses.

Nunca antes había dedicado unas vacaciones a la lectura. Me pregunto si será que uno, a medida que va madurando, le va huyendo a las aglomeraciones de festividad, ¿quién sabe?.

Finalicé “Kafka en la Orilla” y “Al sur de la frontera, al oeste del sol”, dos excelentes novelas del genio de Haruki Murakami. Particularmente me gustó más la última de las mencionadas, la cual se parece más a mi favorita, “Tokio Blues. Norwegian Wood”.

Fueron unas vacaciones bastante compartidas con la familia y los amigos, teniendo el relajamiento mental y el descanso la primera prioridad.

A partir de mañana todo cambia, el tiempo es implacable. El escritor vuelve a dar paso al ingeniero; sin embargo, seguirá estando presente, escribiendo de cualquier tema que venga a mi mente en el momento adecuado.

En el post anterior les escribí sobre mi visita a un jardín de contemplación. Hoy les dejaré unas palabras llenas de misticismo, provenientes de un monje Zen llamado Shunmyo Masuno, quien tiene la particularidad de ser un renombrado paisajista, tanto en Japón como a nivel internacional. Sus palabras nos enseñan mucho sobre la concepción que tienen los japoneses de los jardines, y en especial, la que tienen de los denominados karesansui, o jardines sin presencia de agua. Shunmyo Masuno dice:

“Creo que lo más importante en la ejecución de un diseño es hablar a las plantas y a las piedras, y escuchar lo que ellas tienen que decir respecto a donde les gustaría estar situadas”.

“El budismo concede una importancia especial a los jardines, como si éstos fueran la recreación del paraíso de Amida, el Buda de Occidente. Cuando el budismo Zen llegó a Japón, en el siglo XII, lo hizo acompañado de un concepto específico de jardín, que influyó profundamente en los japoneses.

Como monje Zen, encuentro extraño, e incluso inaceptable, ver como el Zen se ha convertido para muchos occidentales en un término utilizado únicamente en el contexto del diseño, como sinónimo de minimalismo. El Zen es mucho más que eso, ya que ha llevado a la formación de nuestra cultura, que es única.

Gran parte de la cultura, del arte en general, y de las artes escénicas características de Japón, como la ceremonia del té, las pinturas de tinta china sumi, el teatro noh, la caligrafía, la cerámica o los jardines son inconcebibles sin el Zen. La capacidad estética de los japoneses, que aman generalmente la simplicidad y una sutileza profunda, personifica en la práctica el espíritu del Zen.

Dado que el Zen era algo incorpóreo, se intentó expresar formalmente a través de las artes. El Zen significa diligencia y purificación, y por ello los monjes construyen jardines cuyo fin es el estudio. Ello se denomina disposición de piedras por parte de un monje (ishidateso), y comprender las piedras es ser capaz de leer su corazón (ishigokoro).

La piedra en el jardín japonés desempeña un papel que no se concibe en Occidente. Las piedras gozan de vida espiritual, al igual que las plantas y los animales, y se convierten en uno de los elementos más importantes en el desarrollo del jardín Zen. En el caso de un monje que diseña un jardín con el fin de alcanzar de la mejor manera la esencia, la cuestión está en simplificar, no en añadir, utilizando para ello materiales simples que expresen las cosas. La clave está, precisamente, en la piedra.”

*Fotografía del jardín del Templo Toufukuji, Kanagawa, Japón (http://www.sonofsoy.com/).

*Fuente de las palabras del monje Masuno: "El Jardín Japonés Moderno" por Michiko Rico Nose, ediciones Gamma, 2002.

Wednesday, January 02, 2008

Jardines de Contemplación


Hoy les escribo sobre los jardines de contemplación, jardines para meditación o relajación. Todo jardín implica en su esencia una relajación del espíritu, pero me quiero referir a uno en específico, considerado por muchos como la expresión visual absoluta del budismo zen, un koan visual, donde cada quién le da la interpretación que desee.

Se encuentra al noroeste de Kyoto, Japón, dentro de los límites del Templo del Dragón Pacífico (Ryoan-ji).

Se trata del famoso jardín seco o karesansui (sin presencia de agua), un seki-tei o jardín de rocas, plasmado en un rectángulo de 10m x 24m y formado por un plano horizontal de arena blanca, rastrillada, semejando un mar tranquilo, dentro del cual se encuentran 15 rocas inmersas, agrupadas o en solitario, algunas cubiertas con musgo verde.

“Sentémonos tranquilamente y contemplemos este hermoso jardín de piedras y arena” dice el folleto que entregan en la entrada. A pesar de ello, si no se llega temprano, hay pocas probabilidades de que esto ocurra, dadas las grandes mareas de turistas y escolares que lo atestan durante el horario de visitas.

Sin embargo, verlo, estar frente a él nos invita a la relajación pura, a la reflexión.

Declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1994, en su larga historia se cuenta que los terrenos donde se alberga fueron adquiridos por el Samurai Hosokawa Katsumoto en 1450, para dedicarlo a la enseñanza del Zen a través de la escuela Rinzai.

No se sabe a ciencia cierta quien fue su verdadero creador, cosa que algunos atribuyen al pintor paisajista Soami (1455-1525), aunque no hay pruebas fehacientes de ello. Tampoco se conoce el objeto de su creación, aunque salta a la vista el propósito de meditación.

Cuando lo ví por primera vez, en 1998, lo que me vino a la mente fue un mar tranquilo, dentro del cual emergían cinco islas hermosísimas.

Ahora se que también nos da la imagen de cinco montañas que emergen de las nubes y hay quien le atribuye la visión de una tigresa cruzando un río, seguida de sus cachorros.

Antes de sentarme a contemplarlo, alguien me preguntó sobre la cantidad de piedras que veía. Conté catorce y así se lo expresé. La persona me dijo que eran quince, y que una vez relajado mentalmente las volviera a contar; así lo hice y al finalizar volví a hacer la cuenta cuidadosamente y en efecto eran quince rocas en total.

Mis mejores deseos para ustedes y que toda la buena energía posible los rodee en sus buenos propósitos, planes y proyectos para el 2008 que ya comenzó.


*Koan es una especie de adivinanza con la que los Maestros Zen ayudaban a sus discípulos a cortar las ataduras de la lógica, y a percibir la realidad directamente.