Saturday, February 12, 2011

Ojos que hablan...


Siempre recuerdo una frase que escuchaba mucho de adolescente, que decía “tus ojos son un poema”. Me ha encantado siempre pensar en la profundidad de la misma.

Esos ojos que dicen tantas cosas, esa mirada que sabe tan poco de mentir, y nos revela todo.

Muchas veces escuchas a la persona decir cosas que los ojos desmienten al instante, dejándola muy mal parada, a veces sin saberlo o sin darse cuenta.

Esta vez hablo de la mirada de Sharbat Gula, aquella niña afgana que fue fotografiada por Steve McCurry de National Geographic, cuando, a sus doce años, se encontraba refugiada en Pakistán, huyendo de la guerra en Afganistán, librada aquella vez contra el invasor ruso.

McCurry la buscó incansablemente hasta encontrarla de nuevo, con 30 años, en una remota aldea de Afganistán.

En su rostro se dibuja la huella de la tragedia que ha rodeado su vida. En esos hermosos ojos verdes se revela una vida que nunca fue ni será fácil, plagada de limitaciones, muertes de sus vecinos y familiares cercanos, huida, abandono, hambre y sed en largas caminatas, maternidad adolescente y abusos de toda índole.

Esos tristísimos ojos, verdes como el mar, que hablan, que gritan, que se ahogan, y que, por sobre todas las cosas, se quedan para siempre en lo más profundo de nuestro ser diciéndonos tantas cosas…

Thursday, February 10, 2011

As time goes by...


Aún más que la vista
de las hojas carmesí
volando a merced del viento,
en realidad es la vida
la que pasa efímera.

Oe no Chisato
(Poeta japonés)

Saturday, February 05, 2011

Fauna de librerías


Hay de todo en la viña lectora del Señor. Gente a la que le gusta la lectura como un bonito hábito, entre tantos que hay, y le saca provecho al asunto, y gente que simplemente no le gusta (no entiende, no comprende lo que lee, y un largo etcétera), pero es esnob, y lucha por confundirse con los del primer grupo que menciono.

Cuando voy a las librerías, a hojear uno que otro libro, me encuentro con gente que, a la calladita, conoce de literatura; y lo notas cuando le haces algún comentario o pregunta sobre alguna lectura reciente. Te enteras que aquel ciudadano, que antes permanecía muy callado mirando aquí y allá, se convierte en todo un erudito, conoce al autor, su estilo o sus cambios de estilo en el tiempo, sabe curiosas anécdotas de sus novelas y cuentos.

A veces simplemente han leído la misma obra que tú y le encuentran otros matices interesantes que tú mismo no notaste cuando leíste, o interpretan pasajes del libro de una manera distinta a la tuya pero perfectamente válida y que le dan otra visión a la trama.

Hay en esas mismas librerías, otra fauna, y es aquella de los fanfarrones que, sin preguntarles o sin abrir un diálogo, te ven tocar un libro y comienzan a comentar o pontificar, con cierta incontinencia, y no pocos gazapos, sobre la obra que ven en tus manos. En su perorata confunden nombres, nacionalidades y atributos del autor. ¿Te has encontrado con uno de ellos? Son fácilmente reconocibles. Sus propios movimientos los delatan.

¡Ah! Qué alegría es encontrarse con uno de los primeros, siempre tan silenciosos, tan curiosos, mirando aquí y allá, buscando alguna novedad. Cuando hablan, su labor no puede ser catalogada de otra cosa sino de pedagógica, y aprendes mucho de ellos, más cuando se identifican pasiones literarias comunes.

¡Oh! Qué difícil es, en cambio, soportar a los del segundo grupo. Cuando se disparan, no hay quien los detenga. La catarata verbal es incontenible, y en ella se mezclan hechos ciertos, fábula, falsedades, encuentros con el autor que nunca existieron, pero contados con lujo de detalles y anécdotas que más bien realzan al sujeto de marras por encima del autor famoso.

Asombra verlos dirigirse a la caja con una exagerada cantidad de volúmenes, con los cuales, antes, se han paseado por todos los pasillos, muy campantes, cual carroza en carnaval, con su torre de libros en las manos, en su afán de no pasar desapercibidos ante los presentes. ¡Nadie debe perderse el espectáculo!

Te surgen entonces muchas preguntas. ¿Qué hace con esos libros? ¿Leerá alguno? ¿Pasarán acaso a ser depósitos de polvo en alguna biblioteca? ¿Leerá los resúmenes en internet?

Triste destino el de esos libros, que pasan del anaquel de la librería, donde al menos eran hojeados por los clientes, a otro anaquel, mucho más frio y triste, donde su únicos acompañantes pasarán a ser los ácaros, las polillas y el polvo. Eso si no se les destina a otra función o utilidad, tal como, por decir algo, rellenar el espacio para evitar el bamboleo de una mesa mal construida.

Definitivamente, para los libros, el matrimonio con los lectores es una lotería.


*La fotografía es del maravilloso Fotolog "Mundo de Gea", http://www.alchata.es/

Sunday, January 30, 2011

Flor


Pasa el tiempo y en tu inmunidad

Azarosa viene un ave y posa sobre ti

Permaneces, dando vida, hecha sonrisas

Sin saber, sin proponértelo, transmites paz

Alrededor hay quienes buscan una rosa

Yo te busco a ti

Maravillosa

Porque siempre vienes y te asomas.

Cuando lo deseo, cuando haces falta

Sales de la rama, subes rauda

Y no sé de dónde viene tanto amor

Poco a poco, paso a paso voy sintiendo

El calor que en ti subyace y que me das

Sin pedirme nada a cambio

Mis palabras

Vuelcan sobre ti mil adjetivos

Que se quedan siempre cortos ante tu pureza

Con tus gotas de rocío, tu frescor y tu belleza

Tu presencia atrae luz y da color

Alegría, hermosura y lozanía

Símbolo de vida y armonía

Eres simplemente tú, mi flor

Thursday, January 27, 2011

Amor en tres tiempos


Navegando en internet me entero de la hermosa historia de amor entre Mark Kelly, astronauta de la NASA y Gabrielle Giffords, congresista baleada recientemente durante un atentado en Tucson, Arizona.



Gabrielle y Mark se conocieron en el año 2006 y se casaron al año siguiente.


Lo cumbre del caso es que ella vive en Tucson, Arizona y trabaja en Washington, DC mientras que el vive y trabaja en Houston, Texas, por lo que solo pueden verse los fines de semana.


Aún así se las han arreglado para mantener un amor como pocos, con una devoción tal que en el anillo de bodas que Mark le regaló a Gabrielle se lee una inscripción: “Tu eres lo más cercano que he estado del cielo”; siendo él un hombre que ha pasado gran parte de su vida tripulando vuelos espaciales, de lo cual se desprende que realmente ha estado más cerca del cielo que la mayoría de nosotros, se puede intuir lo que verdaderamente siente por Gabrielle.


Antes del infausto suceso de Arizona, ambos tenían tres semanas sin verse debido a las múltiples ocupaciones de Mark, quien tenía la misión de comandar el “Endeavour”, un transbordador espacial cuya próxima misión está pautada para abril del 2011.


Luego de los hechos acaecidos, Mark ha dejado abierta la posibilidad de renunciar a la misión para estar más tiempo con su esposa. Ella ha sido trasladada a un prestigioso centro médico de Houston para su recuperación, lo cual le viene como anillo al dedo a Mark, quien reside allí.


La recuperación ha sido milagrosa. Y la moraleja de la historia es que el amor, no importa la distancia ni el tiempo, se lleva en el corazón.


Fuente: www.univisionhouston.univision.com

Saturday, January 22, 2011

Fosforera


Los amigos siempre quieren compartir. Por eso me han invitado a un pequeño tour de cocina callejera, a probar una fosforera que catalogan de espectacular.

¿Cocina callejera? Si, de qué otra forma se puede conocer a un local ubicado en una especie de tráiler o caravana, estacionado a un lado de la acera, con un único banco de asiento, donde fácilmente se pueden acomodar unas siete personas, que son servidas desde un largo ventanal ubicado en el tráiler. Prácticamente estas sentado en parte de la acera, con transeúntes pasando a cada rato detrás de ti.

Obviando este “pequeño detalle”, vamos a lo del restaurante elegido para la ocasión, el cual quizá no responda a lo que todos nos imaginamos como un restaurante, pero que sí, es un local donde se expenden comidas y bebidas a una clientela.

Lo atienden tres mujeres originarias de la costa colombiana, de diferentes edades: una abuela, una adulta contemporánea y una muy joven, yo diría que adolescente, muy simpáticas las tres y con una chispa y picardía que les brota espontáneamente, especialmente con los clientes de sexo masculino. Entre miradas y una que otra frase de doble sentido que animan la concurrencia, se manejan con mucha pericia a la hora de servir los platos.

El hecho es que acepté, fui, y me comí una fosforera, mejor conocida como “la sopa que levanta todo”.

Si, ya se que muchos de los que están leyendo no saben a ciencia cierta en qué consiste la dichosa fosforera. En vez de ponerme a tratar de explicarlo en mis palabras, dejaré que sea la Chef Mercedes Oropeza quien lo haga, transcribiendo su receta publicada por la revista Estampas en noviembre de 2007:

"Como soy la reina de la fosforera te voy a dar la receta que yo preparo, que no es más que la suma de todas las cosas que he venido aprendiendo de los cocineros de la zona costera del país. Lo primero que hago es un gran sofrito criollo. Para ello, el secreto es sofreír primero lo blanco: el ajo, la cebolla, el cebollín y el ajoporro. Después, lo rojo: el ají, el pimentón y el tomate. A ese sofrito se le agrega todo lo del mar que debemos tener previamente picadito y sin concha y sin arenita de playa: camarón, calamar, vieiras, pepitonas, chipi chipis y guacucos. Se prepara, paralelamente, un buen fondo de pescado: si hay pargo barato, le pongo pargo, si no, mero. Después de que tiene un rato cocinándose, al sofrito se le agrega el fondo de pescado, se tapa la olla y se deja, aproximadamente, una hora sobre la hornilla. Cuando la sopa está en su punto le agrego limón y casabe. Destapo y estamos listos. Lo ideal es comprar todo fresco, lo cual es una gran ventaja para las poblaciones de la costa. En Caracas, para ello, podemos recurrir al mercado de Quinta Crespo. La llaman Fosforera por la cantidad de fósforo que tiene, que está concentrado, sobre todo, en el pescado. Eso sin mencionar el potasio que se desprende del jugo del tomate, el cual repone, efectivamente, las energías perdidas. Hay quien le agrega cilantro y picante, supuestamente, para aumentarle sus propiedades estimulantes, lo cual es producto de esa mitología urbana y del humor tan rico que nos caracteriza.
Los más osados pican un erizo de mar por la mitad y lo agregan a la olla, con la misma intención”.

Al final, te sirven, cortesía de la casa, un carajillo, un aperitivo que consiste en café con un agregado de licor de ponsigué (especie de cereza de clima tropical).

La aventura culinaria me encantó, principalmente porque los sentidos, el espíritu y el paladar te agradecen los estímulos que le has dado en la breve estadía, que incluyen la colorida y espectacular sopa de múltiples sabores del mar, la energía que transmite, las sonrisas, las miradas, el buen humor, las curvas corporales y la simpatía de las tres anfitrionas, y el carajillo por supuesto. Más no se puede pedir, y se agradece la invitación tan particular realizada por los amigos, que una vez más me demostraron que lo mejor se encuentra siempre en los detalles más sencillos de las cosas.

*La fotografía es de Carlos Guevara en http://www.flickr.com/

Saturday, January 15, 2011

Café Converse


Sentarse a conversar con una persona es la tarea más fácil que uno se puede imaginar. Conversas con el pescador en la orilla de la playa, con el camarero del bar de costumbre, con la persona que te encuentras casualmente en el ascensor, y tantos otros casos.



Tienes la libertad de conversar con quien prefieras y por lo general tiendes a hacerlo con quien más te agrada, con quien te escoge como interlocutor, con quien te busca para aprender algo y así por el estilo.


Pero sentarse a conversar con alguien que no ves a menudo y conoces muy poco, y que la conversación fluya como el agua río abajo es realmente un descubrimiento muy agradable.


Allí pasamos seis o más horas (igual sucedió unos meses atrás) y no parece que hubiesen transcurrido. Lo delata el camarero cuando pasa a tu lado recogiendo las propias mesas y las sillas, signo inequívoco del cierre inminente del establecimiento.


Con ella se puede conversar de cualquier tema, y tiene algo que decir. ¿De qué hablamos esta vez? Futbol, eminentemente. Ella sabe bastante, conoce de jugadores, de entrenadores, de clubes, de historia, todo se va mezclando mientras recorremos las ligas, las anécdotas de juegos memorables, las actuaciones de tal o cual jugador, de aquel país, de éste país. Su saber es enciclopédico.


De béisbol no gusta mucho de conversar, y aunque dice entenderlo, prefiere no hablar de un deporte del que poco domina y mucho menos escribe. Lo suyo es el futbol y el tenis. Ah, y escribir sobre temas cotidianos. No hay día que no deje de pasar a leer sus artículos. Qué bien lo hace con su estilo único.


Es una persona muy sencilla pero al mismo tiempo muy clara de lo que quiere en la vida.


Es ella. Única. Simplemente Mariale.

Saturday, January 08, 2011

De mis lecturas del 2010 y de cómo veo el 2011...



Y llegó el año 2011, así, de repente, unos fuegos artificiales hermosísimos llenaron el cielo de colores y destellos, y anunciaron su llegada como señal de un buen augurio, a pesar de los vientos en contra que soplan muchísimo en estos días.

Yo lo veo así, como la imagen del post, un año delicioso. ¿En qué me baso? No lo puedo explicar bien, pero es eso que algunos llaman sexto sentido, algo que no se puede ver bien y que a la vez no es invisible. Como cuando nos miran a la espalda y sabemos que atrás hay alguien que nos mira. Volteamos y en la mayoría de los casos podemos cotejarlo.

La clave para que nos vaya bien este año es hacer el bien a los demás. Pensar en ellos. Ponerse en su lugar. No ignorarlos. Si ubicarlos en el entorno (dónde debe estar y qué significa para mí esa persona). Apoyarlos en lo que podamos. Dejar que la energía del universo fluya alrededor. Ser justos. Amar muchísimo. Sonreír en la medida de lo posible. Besar, porque besar repotencia la energía vital, y si es con pasión, pues mucho mejor.

Mi deseo para el 2011 es que lean, lean muchísimo. Adéntrense en esos maravillosos universos paralelos.

El año pasado pude leer 28 libros, 8 más que en el 2009, pero con mi trabajo es difícil leer más narrativa porque la literatura técnica también consume tiempo y es necesario estar actualizado en conocimientos.

Disfruté un 80% de los libros que leí. Hubo algunos que me parecieron aburridos y uno que otro que no me gustó o no correspondió a mis expectativas, pero igual me gustó haberme extraviado en sus páginas y vivir esas otras realidades.

¿Cuál fue el que más me gustó? Nunca podré decidirme entre “Firmin” de Sam Savage (Seix Barral, 2009) y “El curioso incidente del perro a medianoche” de Mark Haddon (Salamandra, 2007).

¿La lista (de los que terminé de leer)?

“Mal de Escuela”. Daniel Pennac. Random House Mondadori, 2009.

“Firmin”. Sam Savage, Seix Barral, 2009.

“En la cima del mundo”. Norman Mailer. 451 Editores, 2009.

“El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas”. Haruki Murakami. Tusquets, 2009.

“Carta de una desconocida”. Stephan Zweig. Acantilado, 2002.

“La maleta de mi padre”. Orhan Pamuk. Random House Mondadori, 2007.

“24 horas en la vida de una mujer”. Stephan Zweig. Acantilado, 2001.

“Arrancad las semillas, fusilad a los niños”. Kenzaburo Oe. Anagrama, 2002.

“Un grito de amor desde el centro del mundo”. Kyoichi Katayama. Alfaguara, 2008.

“Rain. What a paperboy learned about business”. Jeffrey J. Fox. Jossey Bass / Wiley, 2009.

“Ali Rap. Muhammad Ali, the first heavyweight champion of rap”. George Lois, editor. ESPN Books / Taschen, 2006.

“Perdón, imposible”. Guía para una puntuación más rica y consciente”. José Antonio Millán. RBA Libros, 2006.

“A ese infierno yo no vuelvo”. Patricia Clarembaux. Ediciones Punto Cero, 2009.

“Mientras escribo”. Stephen King. Plaza y Janés, 2001.

“Tsugumi”. Banana Yoshimoto. Tusquets, 2008.

“El clan Inugami”. Seishi Yokomizo. La factoría de ideas, 2008.

“El pasajero de Truman”. Francisco Suniaga. Random House Mondadori, 2010.

“Idéntico al ser humano”. Kobo Abe. Candaya, 2010.

“Paseador de perros”. Sergio Galarza. Candaya, 2009.

“¡Será mejor que lo cuentes! Los relatos como herramientas de comunicación”. Antonio Núñez. Urano, 2007.

“El curioso incidente del perro a medianoche”. Mark Haddon. Salamandra, 2007.

“De la lectura. Del arte de escribir”. Rafael Tomás Caldera. Vadell Hermanos, 2009.

“Margarita Infanta”. Francisco Suniaga. Random House Mondadori, 2010.

“De qué hablo cuando hablo de correr”. Haruki Murakami. Tusquets, 2010.

“Siddharta”. Herman Hesse. Edhasa, 2009.

“Viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti”. Mario Vargas Llosa. Alfaguara, 2008.

“Los orígenes del mundo. Mitología Japonesa”. Claude Helft y Karine Le Pabic. Blume, 2007.

“La isla bajo el mar”. Isabel Allende. Random House Mondadori, 2009.

Tuesday, December 28, 2010

Cuento Corto Cotidiano

¡Hola a todos! 2010 se acerca raudo a su final, y no puedo sino desearles lo mejor. Ojalá a todos nos de por ponernos creativos en el 2011, y que nuestra cosecha de frutos la podamos compartir.
Antes de irme les dejo un cuento corto titulado "La nena de la blusa verde". Ojalá les guste. Ya saben que los quiero mucho. ¡A los caballeros abrazos, y a las chicas baci, kisses, beijos, muxu bat, petóns, besos!




"La nena de la blusa verde"

La nena de blusa verde mira a todos lados, entre la multitud y no me encuentra. No se ha dado cuenta que estoy en el vagón atestado que acaba de detenerse frente al andén. No he podido avisarle que me metí, bueno, que me metieron va mejor. Veo con angustia que me busca en todas direcciones al mismo tiempo que suena la alarma de cierre de puertas. Intento salir sin lograrlo. La gente comprime más y dejo de verla, tras el hombro del grandullón que se atraviesa. El vagón sigue su marcha. Y yo como sardina en lata. Sin mi nena de la blusa verde.

En medio de todo pienso: “...la siguiente estación, ¡allá la esperaré! ¡Eso es!”. Me logro bajar. Y comienza mi espera en el andén atestado de la otra estación.

La gente empuja, se insultan, conatos de peleas van y vienen, muchísimo calor y agresividad en el ambiente. Y yo allí, en medio de todo eso, esperando un vagón que no termina de aparecer.

Escucho en los altavoces que hay retraso. Ya me imaginaba. Invadido por la angustia, siento que me empujan desde atrás. Me viro a reclamar. Un gigantón me observa directo a las pupilas, las manos empuñadas en la cintura, cara de poco o ningún amigo. A su lado, dos cómplices me miran con sonrisa burlona ¿o retadora? Sigo virando, fingiendo indiferencia, 360 grados, y vuelvo a mirar a los rieles. Atrás sigo escuchando las risas burlonas en el tumulto de voces.

Por fin la bocina del tren. La gente se arremolina en la demarcación de las entradas de vagón. No siguen un orden. Parece (¿es?) un enjambre a punto de atacar. Y pensar que justo allí viene la nena. Suena la alarma y abren las puertas. Comienza la bronca. Forcejeos. Insultos. Gritos femeninos. El caos. Por momentos no se sabe quién entra y quién sale. De la masa humana caen carteras, unas llaves y un teléfono móvil. Los pisan. La cartera cruje por dentro, las llaves chirrían, el móvil en pedazos que solo se mantienen unidos por la funda que los envuelve.

Veo una blusa verde que intenta salir en medio del forcejeo. En la mano empuña unas gafas de sol. ¿Será ella? No puedo verla. Me acerco a ayudar. La halo con fuerza. –¡Suéltame estúpido! –me grita a la vez que se suelta con furia. Me quedo de una pieza. No es ella. Intento disculparme pero no tuvo caso pues siguió su marcha, rauda y furiosa. En el ínterin se vuelve a escuchar la alarma de cierre de puertas y el vagón continúa su marcha.

Sigue llegando más gente, apretujándose unos a otros. Y yo allí, sin idea cierta de qué hacer. Sudo. Un mar de olores me envuelve. Aire caliente alrededor. Nada. Esperar.

Aparece otro tren. La misma historia. Gritos, empujones, alarma, puertas que abren, más empujones. Nadie sale. Algunos entran. Insultos. Alarma. Puertas que cierran y tren que sigue.

Ya no soporto estar más allí. Me viro e intento salir. Busco las escaleras hacia la calle. Sudado. Con una mezcla de olores ajenos, recién adquiridos, entre perfumes y sudores varios. Vejado. Humillado. Y sin la nena de la blusa verde.

Por fin salgo a la superficie. Aire fresco y frustración al mismo tiempo. ¿Dónde habrá quedado la nena? ¿Habrá pensado igual que yo? Quizá no pudo salir y tuvo que continuar en el vagón. Respiro profundo, cierro los ojos, me resigno y camino. Me tocan levemente por detrás. Volteo con susto, pensando que el gigantón viene a por lo suyo, a terminar la faena. En su lugar, una blusa mojada en sudor. Y una sonrisa. Era ella. La nena de la blusa verde.

*Imagen: "The girl in a green blouse". Pintura de Amedeo Modigliani, 1917. National Gallery of Art, Washington, DC, USA

Monday, December 27, 2010

La lluvia amaina...


Cuatro días quedan al 2010. Cuatro días que pasan volando, para dar vuelta al papel que envuelve la pared del tiempo, y dejar al descubierto un nuevo número, 2011.

¿Que nos trae? No sabemos. Vivimos el presente, a profundidad, pero llegan los nuevos aires, nuevas vibras que ya se asoman en el horizonte. La brisa trae muchos olores y sabores. La lluvia ha amainado y ha traído la calma momentánea. Ha atendido las plegarias y las súplicas de miles. Ya no sopla el viento de agua, por el momento…

Las fuerzas de la naturaleza siempre cumplen su cometido de hacerte sentir lo que verdaderamente eres: una simple migaja en el universo, frágil, muy frágil, endeble. Hoy tienes, mañana no tienes. Hoy estás, mañana no estás. Hoy puedes mucho, mañana puedes nada. Estás supeditado a los elementos: agua, fuego, tierra, viento.

De ellos estamos hechos, de ellos venimos, a ellos vamos, ellos nos mueven, nos acercan, nos alejan, nos atemorizan, nos alegran, nos refrescan, nos congelan. Siempre a un ritmo armónico que aún hoy, cuando conocemos mucho de lo que hay en el espacio exterior, no desciframos. Claro, si nunca nos detenemos a escuchar la flor que abre, el viejo árbol que nos reclama, las voces del bosque, el ladrido de los perros, el cantar de las aves.

Cuando el leñador corta el ancho tronco, sólo atinamos a escuchar los ruidos del hacha rompiendo la madera, que no los del árbol. ¡Taf! ¡Taf! ¡Taf! Mientras, el árbol cruje, grita, clama, por él y por nosotros, y no escuchamos. Tan solo el ¡Taf! ¡Taf! ¡Taf! implacable. Luego un enorme crujido, un silencio eterno y movimiento del viento, todo antes del estruendo que indica la caída definitiva. ¡Slaaaaammm! Crujido de ramas rotas. Silencio. Luego la motosierra, ¡Brrrrrrrrrrrrr! Y a cortar la madera en pedazos más pequeños. Nunca escuchamos los quejidos de los pajaritos en los nidos que caerán. Los de los animales que ya conocen esos ruidos y presagian la caída, quién sabe si sobre ellos, de lo que era una fresca y amplia sombra en las secas y ardientes tardes, un parque donde proteger a sus crías, una silueta con la cual identificaban la cercanía de la casa, y que ya no estará más.

¿Será que debemos volver a la era donde se ponía el oído en la tierra para saber si venía alguien? ¿A la era donde todos nos reuníamos a escuchar al cuenta-cuentos de la tribu, en silencio, con mucha atención y en eso radicaba todo nuestro aprendizaje? ¿Tarde para mirar atrás? ¿Aún estamos a tiempo?

Los elementos naturales danzan a un ritmo que no desciframos, y lo vienen haciendo así desde tiempos inmemoriales. No escuchamos el ritmo, ni nos molestamos en hacerlo: Nuestros ruidos son casi todos artificiales: el carro que pasa, el avión que surca el cielo, el comercial de la televisión, las bocinas en el tráfico.

Si no oímos el ritmo, menos entendemos la danza, que no para, y que avisa sus próximos compases. Son ellos, la tierra, el agua, el fuego y el aire. Cuando venga la inundación ya es tarde, como tarde es cuando el fuego consume, cuando la tierra tiembla, cuando el huracán toca tierra.

Detengámonos a escuchar los ruidos de la naturaleza, en ellos está la clave de todo lo que nos rodea. Y sí, somos muy frágiles.


*Imagen: Henry González, excelente fotógrafo y escalador profesional además de amigo personal, en la cima de un tepuy. http://www.exploratreks.com/

Friday, December 24, 2010

El tren de la vida


Hoy escribo para desearle a todos los que han paseado por esta casa virtual, a los esporádicos, a los casuales, a los perennes, a los amigos de la vida real y a los amigos virtuales (por el momento), a todos unas felices fiestas. A los que pasan por malos momentos, decirles que son sólo eso, momentos, y que “nunca es más oscuro que cuando va a amanecer”, así que sigan poniéndole pasión a lo que hagan, que lo bueno ya vendrá. Los quiero mucho y les regalo esta canción-mensaje, de “Desorden Público”, se llama “El tren de la vida”, dice tanto…




Todo el mundo a bordo del tren de la vida

por los vaivenes de la vida

todo el que nace va pa un camino

va pa un destino de encrucijadas

pa que nos lleve, pa que nos traiga

tenemos una locomotora en el alma



en este tren vamos viajando

con el tumbao de las circunstancias

cuesta arriba, cuesta abajo

unas de prisa, otras con calma



que maravilla estar aquí

encaramando en el vagón de la esperanza

la vida es un sueño, es un misterio

que fortuna caballero si la música acompaña

si la música acompaña

si la música acompaña



Al tren de la vida

es una maravilla

el tren de la vida

camina por los rieles de la alegría

el tren de la vida

es una maravilla

el tren de la vida

camina por lo rieles de la alegría

espérame en el anden

espérame, que aquí vengo Belén

espérame en el anden

te quiero conmigo acá, te quiero tener

espérame en el anden

ay móntate, encarámate de una vez

espérame en el anden



El tren de la vida

es pura adrenalina

el tren de la vida

pa llevarte hasta la cima

el tren de la vida

el tren de la vida



Siempre, siempre, siempre marchando

vamos en este chu chu tren

cambia de ruta constantemente

el ferrocarril que viene de frente

pa lante aprendiendo, recordando

imaginándonos en el

con nuestra mochila llena de retazos

risas y llantos, ya tú ves como es

ya tú ves como es

ya tú ves como es

Al tren de la vida

es una maravilla

el tren de la vida

camina por los rieles de la alegría

el tren de la vida

es una maravilla

el tren de la vida



Latinoamérica, tierra de la esperanza

El tren de la vida

es pura adrenalina

el tren de la vida

pa llevarte hasta la cima

el tren de la vida

el tren de la vida

El tren de la vida

pura maravilla, pura maravilla

el tren de la vida

su combustible de inspiración y adrenalina

ya tú ves como es

ay que tren no hay quien lo detenga



Rumbo a la estación final

rumbo a la estación final

rumbo a la estación final

que fortuna caballero si la música acompaña


*Imagen: afiche de la película "Train de Vie" del director rumano Radu Mihaileanu (1998).

Saturday, December 18, 2010

Andanzas


¡Hola a todos! Ya por estos lares de Dios se respira esa sensación de revista o pasaje por todos los momentos vividos en el año. Unos tristes, otros buenos, y los malos, claro está.



Hay cosas por las que he trabajado muchísimo y se empieza a ver la perspectiva de realización. Hay viajes en puertas. Experiencias nuevas, desde todo punto de vista. Dejo todo en manos de Dios. Aunque he labrado mucho para recibir esa cosecha. Ahora, cuando parece venir, uno siente miedo. ¿A lo desconocido? ¿Quién sabe? Ya veremos.


El ambiente en la calle no se percibe muy bueno. Hay mucho desasosiego marcado en las caras que encuentro frente a mí, en una época en que debería prevalecer la alegría. La política y los gobernantes, como siempre, con alta responsabilidad en ello. Me apego a aquella máxima de Cesar Miguel Rondón en su programa de radio: “Nunca es más oscuro que cuando va a amanecer”. Y a la del periodista Juan Carlos Zapata: "Sueñen...que los sueños se cumplen". Vamos a creer en ello, a ponerle fe. También veremos.


Muchísimo trabajo pendiente en la oficina, complicado a veces pero fluyendo muy bien. Creo que la clave ha estado en la concentración. Me doy cuenta que estoy muy callado y centrado en lo que hago, poniendo poca atención alrededor. Es un cambio. Porque a mí me gusta caminar por los otros puestos, hablar con la gente, compartir experiencias de la vida. Ahora estoy más centrado en lo interno. Sobre todo después de mi ruptura matrimonial. Los pensamientos te absorben. Para salir de ellos, al menos por el momento, me he centrado en la labor. Es lo mejor. ¿Lo ven?


Cuando te metes en tus pensamientos te das cuenta que tienes muchas cosas por analizar, por decidir, por llegar a una conclusión, y que esas mismas cosas se van postergando en el tiempo, esperando un momento que no llega, por la misma cotidianidad, el azar, el ajetreo con que se vive en una urbe como Caracas. Luego, centrando tu atención en lo interno, aparece el mapa con la famosa lista de reconocimiento (checklist) y es allí donde te percatas de todo lo postergado. Toca resolver lo que esté a tu alcance, en tus posibilidades, poco a poco, las cosas pendientes empiezan lentamente a salir. El “Ö ” comienza a ser visible en la lista.


Sigo leyendo, buscando el tiempo para hacerlo, porque, como dijo el gran Ernesto Sabato, “Lean lo que les apasione, será lo único que los ayudará a soportar la existencia”. ¿Lo ven claro?


¿Qué leo ahora? “Madame Bovary” de Gustave Flaubert. El porqué (todo tiene su razón de ser) es que acabo de disfrutar de un ensayo que hizo Mario Vargas Llosa, titulado “Viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti” (Alfaguara, 2008). En ese ensayo el laureado escritor nos muestra en forma descarnada el universo paralelo que construyó Onetti en sus obras, con un brutal parecido a la realidad, y vivido quizá con mucha más intensidad. Nunca antes había leído algo de Onetti pero el ensayo es magistral. Esto me llevó a otro ensayo del escritor peruano, titulado “La orgía perfecta. Flaubert y Madame Bovary” (Alfaguara 2008). Y para comprenderlo bien pienso que no hay nada mejor que leer previamente la propia obra de Flaubert. Y en esas ando. Ya veremos… Besos y abrazos, ¡los quiero mucho!

*Imagen: www.lacronica.net "La Crónica de Guadalajara".

Thursday, December 09, 2010

Llueve mucho


“Lluvia, lluvia, lluvia,

lluvia, lluvia, lluvia,

lluvia, lluvia.

No me pidas que te quiera,

que no te puedo querer…”

Muchos días lloviendo sin parar y mucha gente sufriendo los estragos. Los suelos se han saturado y comienzan a ceder, y con ellos los sueños, la esperanza, la alegría de la cercana Navidad.


“Lluvia, lluvia, lluvia,

lluvia, lluvia, lluvia,

lluvia, lluvia

si esta vez me toca a mí

yo lo quisiera saber.”

–¿Dónde está Judith? Tiene días que no viene a trabajar...

–Me dijeron que su vivienda estaba en “zona de alto riesgo” así que no se atreve a venir porque la casita se podría caer en cualquier momento. Allí viven 11 personas. Alguien llamó a Judith y ella le contó que tienen dos días sin comer.

“Y así dura bastante tiempo,

cae sobre mi ciudad.

Nadie la puede frenar,

ella sola parará.

Unos la bendecirán,

a otros les dará igual.

Pero algunos les hará daño,

mucho daño les hará.”

Vamos a un centro de acopio, en el cuartel de bomberos. Los muchachos lucen agotados después de diez días de emergencia, pero allí están, recibiendo reportes por una radio. Yo me acerco a indagar dónde dejar el donativo que llevamos e inevitablemente escucho los reportes de la radio. “Llamada desde Caricuao. Deslizamiento de tierra. Dos viviendas destruidas. Tapiados.” (…) “Recibido reporte desde La Vega, deslizamiento de tierra. Una vivienda destruida. Tapiados.”

El bombero toma nota de las novedades que llegan por la radio, mientras que otro colega, de ojos cansados se nos acerca y pregunta:

–¿En qué los puedo ayudar?

–Bueno, venimos a dejar esta donación.

La recibe y agradece en nombre de tanta gente con necesidad (entre las cuales se encuentra él mismo, aunque no me lo diga).

La voz proveniente de la radio sigue repitiéndose en mi mente, una y otra vez, seca como piedra en el desierto: "...tapiados".

Nos despedimos y salimos. La lluvia incesante nos recibe afuera. Miro al cielo buscando un pedacito de azul, pero no hay huellas.

“Y termina de repente

y de la tierra se desprende

El olor que queda luego,

el olor que queda luego

Mira el niño hacia el cielo

sin su techo habrá quedado..

y no le queda más remedio..

ya está como acostumbrado.”

Al llegar a la oficina reviso las noticias en internet. Más deslizamientos, desbordamiento de ríos, gente desplazada, en refugios improvisados donde los niños juegan felices, ajenos a la tragedia que se cierne sobre ellos. Niños, al fin y al cabo. Cerca, hombres y mujeres en fila para recibir la comida. Miradas tristes, lágrimas, pesadumbre. El silencio, denso y pesado, es apenas turbado por las risas de los niños que juegan cerca. Que pare ya de llover, parecen pensar todos en la fila.

“Lluvia, lluvia, lluvia,

lluvia, lluvia, lluvia,

lluvia, lluvia

No me pidas que te quiera..

que no te puedo querer.”

Comienza un nuevo día y despierto con el ruido de las gotas sobre el pavimento. Me asomo a la ventana y el paisaje es todo gris. Así y todo, debo ir a trabajar. Antes veo el reporte en las noticias. Más inundaciones, casas con el agua a media altura. Gente que camina por las calles anegadas, en busca de ayuda, de alimento. Me pregunto cuántos días tienen esos pies sumergidos. Apago la TV y salgo. El tráfico me espera, listo para duplicar el tiempo de mi llegada a la oficina. Yo estoy bien, tratando de llevar mi vida normal. Aunque sé que alrededor no es igual. Muchos no han ido a trabajar en días. Ni piensan en ello. Solo en la supervivencia. En la familia que está lejos y en cómo le habrá ido con esta lluvia tan grande. No hay comunicación con el exterior por lo que su realidad se circunscribe a su entorno cercano. Se encuentra con un vecino con el cual, en tiempo reciente, no se hablaba. Se abrazan. Preguntan por las familias. Se pasan información sobre donde conseguir alimentos. Se despiden, con el agua a la cintura. Y cada uno sigue, en direcciones opuestas, dando pasos torpes en el agua, lentos los pasos, lenta la mirada, pero con el mismo pensamiento. "¡Dios mio, que pare esta lluvia!". Las gotas mojan sus cabellos. Y no paran.

*La canción del post es "Lluvia", de Franco De Vita. La imagen es de http://www.losporque.com/

Saturday, December 04, 2010

De béisbol, otros deportes y la magia de los narradores


Durante mi niñez y adolescencia comenzó mi fanatismo hacia los deportes en general.


En aquel tiempo yo practicaba béisbol menor y no hay nada en el mundo que me haya dado más satisfacción que haber podido batear cuadrangulares (homeruns) y atrapado pelotas en los jardines. Nunca fui un jugador modelo, de esos que hacían atrapadas fantásticas en la grama interior (infield).

Mi desempeño era de jardinero (outfield) y mis ídolos de la época eran el gran Reggie Jackson, que militaba en mi equipo favorito de siempre, los Yankees de Nueva York y Antonio Armas, de los Leones del Caracas. Parece mentira pero si uno en esos días se mirara en un espejo vería reflejada no la propia figura sino la de su jugador favorito. Así de intenso se vivía el juego.


En Caracas fui muy pocas veces al Estadio de la Ciudad Universitaria, sede de mi favorito Leones del Caracas. Me gustaba más bien escuchar los juegos en la radio, mucho antes de que comenzaran las transmisiones de televisión. Me acostumbre a la representación gráfica y descripción de las incidencias que hacían Delio Amado León y Carlos Tovar Bracho, los narradores del equipo. Con ellos aprendí tanto de béisbol como lo que aprendí en el campo. Hoy ya no están entre nosotros físicamente pero todos los días sus frases revolotean como niño travieso en mi mente. Aquel “…y saludos, fanáticos!” de Carlos Tovar y el “ha bateado de manera sensacional, es increíble amigos!” de Delio Amado se repiten mucho en mis pensamientos.

En mi casa también escuchábamos, y posteriormente veíamos las carreras de caballos, narradas magistralmente por Aly Khan, un hombre que tenía una dicción perfecta y un tono de voz fuerte y emocionante, La pasión aumentaba en grado superlativo cuando narraba carreras importantes, conocidas como “Clásicos” o cuando corrían caballos o jinetes (jockeys) a los que él tenía consentidos, léase Don Balsamino Moreira, “El monstruo” Gustavo Ávila, Angel Francisco Parra “Parrita” y el “Campeonísimo” Juan Vicente Tovar, y caballos o yeguas como Gelinotte, Trinycarol o Winton.

El boxeo también ocupó muchos de los buenos momentos de la época, con grandes campeones como Muhammad Ali, Ray Sugar Leonard, Antonio Cervantes “Kid Pambelé”, Marvin “El Maravilloso” Hagler, Luis “Lumumba” Estaba, Salvador Sánchez, Julio Cesar Chávez, Betulio González. La narración le correspondía a Carlos Tovar Bracho y Miguel Thoddé, entre otros. Thoddé es muy criticado y objeto de burlas por aquella famosa pelea donde (dicen, porque esa pelea fue en 1972 en Bangkok, Tailandia, y aquí en Venezuela la pasaron por radio y de madrugada, por lo que yo no la escuché) Betulio perdió por knock out, narrando Thoddé, segundos antes: “Pega Betulio, sigue pegando Betulio, vuelve a pegar Betulio… y se cayó Betulio”, pero en su descargo, puedo decir (y fueron muchas peleas que le escuché narrando, que ha sido el de mayor conocimiento de boxeo que ha parido esta tierra. Cuando Miguel decía: “¡Ese hombre no tiene piernas!”, ya uno sabía que ese boxeador no le quedaba mucho tiempo en posición vertical, como en efecto terminaría sucediendo, en los siguientes rounds.

Recuerdo que en ese tiempo el fútbol en Venezuela era una utopía. Los estadios eran precarios y los equipos carecían de dinero, por lo cual, quien jugaba lo hacía por mística. La televisión no transmitía los partidos y era muy difícil encontrarlos por radio. Sin embargo me traen buenos recuerdos el Portuguesa Futbol Club, el famoso “Penta”, Luis Mendoza, Pedro Febles, Pedro Acosta, Franco Rizzi, Nelson Carrero, Herbert Márquez y René Torres, quien le hizo un golazo desde 35 metros al Pato Fillol (arquero argentino), allá en San Cristóbal, durante la eliminatoria suramericana para el mundial de 1986, con Maradona en plan de jugador. Argentina ganó 3-2 (los otros tantos fueron: dos goles de Maradona, el de Daniel Pasarella y el de Herbert Márquez). El técnico de Venezuela, Walter “Cata” Roque le asignó a Nelson Carrero la responsabilidad de marcar a Maradona, y éste último reconoció el trabajo de Carrero como uno de los mejores marcajes que le hicieron en su carrera.

Son algunas anécdotas de mi afición por los deportes desde que tuve uso de razón.