Monday, May 14, 2012

50


¿Qué representan 50 años en mi vida? Son tantas las cosas que pudiera responder.

Es tener intacto el recuerdo de que existió un primer beso, de la boca de Esperanza, y que nuestro amor fue muy efímero, gracias a la rigidez de mi madre, quien consideró que no estaba preparado para afrontarlo con apenas seis años de edad (¿?).

Es saber que hoy estamos y mañana no sabemos. Que nada pude hacer para impedir que mi novia Marlene falleciera de un mal llamado esclerosis múltiple, sin poderle hacer saber que la cura estaba lejos de llegar, y aún hoy no llega.

Es haber decidido entrar en la Universidad y someterme a muchos sacrificios en vez de seguir la vida fácil de la adolescencia, con sus amaneceres en la calle, los amigos invitando a una fiesta diferente cada día y pretendiendo saber más de la vida que todos los que me rodeaban.

Es haberme quedado mudo y saltar de la alegría cuando por primera vez y a través del espejo pude ver a mi hija recién nacida. La situación se repitió 4 años después con la llegada de mi hijo.

Es haberme visto inmerso en una nueva cultura cuando por primera vez pisé suelo japonés y saber que ello marcaría para siempre mi existencia.

Es conocer de primera mano el valor de la amistad y saber que la misma resiste al paso de los años y te sigue dando alegrías.

Es haber descubierto la lectura, con sus universos paralelos, seguir disfrutándola enormemente, y también la escritura narrativa, y mantener viva la ilusión de escribir una novela.

Es recorrer cada rincón de mi propio país y sentirlo mío, con su gente hermosa y sus paisajes paralizantes de montaña, playa, desiertos, selvas, ríos y el mar. Es haber sentido nostalgia de país cuando he estado fuera, y no poder explicar lo que se siente.

Es haberme visto reflejado totalmente enamorado en los ojos de la mujer que amo, y obtener el premio de su sonrisa y de su amor.

Son las veces que pensé que moriría, una vez en la piscina de la Universidad Central, otra en la silla de un odontólogo por efectos de la anestesia y en un accidente de tránsito ocurrido hace años en una carretera del interior del país, y saber que Dios estaba allí en las manos de alguien para impedir que me fuera y dejarme el mensaje de que aún tenía cosas por vivir.

Es reencontrarme conmigo mismo mientras camino el sendero que va desde la Laguna de Mucubají hasta la Laguna Negra, en Mérida, Venezuela, repetirlo cada vez que pueda, y disfrutar de esa enorme energía contagiante.

Es haber soñado con trabajar en la Ingeniería de una Plataforma Costa Afuera en Estados Unidos, y haber tenido la dicha de vivirlo y de disfrutarlo.

Haberme ilusionado con disfrutar un juego de béisbol en vivo en el Yankee Stadium de Nueva York y haber podido cumplirlo, entre lágrimas de la mayor felicidad mientras le gritaba un saludo desde la grada a mi compatriota Bobby Abreu (Right Fielder de los Yankees ese día). Ese momento no tuvo y nunca tendrá precio.

Es recorrer las calles llenas de tierra seca de Tintorero, en Lara, Venezuela, y saber que en ese pedazo de tierra desértica, lleno de cactus y serpientes, una comunidad hermosa y soñadora produce unos de los mejores tapices y objetos de artesanía de Venezuela.

Es haber entendido que nunca se termina de aprender, ni de madurar porque el crecimiento es una constante.

Es recordar con gracia la música que delata la presencia del heladero, y que la misma puede sonar durante mucho tiempo sin llegar a perturbarme porque está bañada en recuerdos gratos de la infancia.

Es encontrarte con tus amigos de hace muchísimos años y que sin poder evitarlo los ojos se te llenen de lágrimas, y los de él (ella) también.

Es haber presenciado el asombro de los experimentados músicos del “Jazz at Lincoln Center” de Nueva York, liderados por el afamado trompetista Wynton Marsalis ante la impetuosa actuación de la Orquesta Sinfónica Juvenil Simón Bolívar, dirigida por Gustavo Dudamel en el Teatro Teresa Carreño de Caracas.

Es poder disfrutar cada vez que puedo de la puesta del sol en la playa de Juangriego, Isla de Margarita, Venezuela. Algo único que todos merecemos vivir.

Es haber descubierto que es en el disfrute de los placeres más sencillos donde se ven con mayor claridad los vértices de la felicidad.

Mañana 15 de mayo cumplo 50 años…

¿Cómo veo la vida a los 50?

Cuando pido comida china a domicilio, llega junto con ella un pequeño envase con una salsa que sabe entre dulce y cítrico. Se llama “agridulce”. Así veo yo la vida a los 50. Agridulce. Si señor…

8 comments:

The Modesto Kid said...

¡Feliz cumpleaños, Oswaldo!

Lorena said...

Simplemente feliz de ser parte de tus 50!
Te quiero amigo especial, con todo mi corazón!
Mañana te llamo y adelante esos calamares rellenos y ese arroz negro!

Benedetto said...

Guaglione: Por cosas de la vida salgo de mi escritorio convencido de tener los mejores ánimos de escribir un buen post a tu nombre.

La vida - teniendo a Dios como pintor estrella- hace que personas que vi la semana pasada ya no estén.

Y es allí dónde justamente me pregunto; hasta que punto podemos imprimirle más "sabor" a este corto paseo llamado "Vida".

Encuentro en tus líneas "pre aniversarias" algo de respuestas...

¡ Feliz Cumpleaños !



Beny.

Silvia said...

Feliz Cumple Oswaldo!! un poco atrasado!! mis mejore deseos para ti en esta cumple decada, un abrazo gigante! TQM Besos.

Yolanda Fernández G. said...

Felicidades, Oswaldo... he pasado y me encuentro con tus sin-cuenta.
Agridulce porque agridulce es la vida, estimado.

Oswaldo Aiffil said...

Hola Jeremy! Muchas gracias! You know, I´ll keep walking. Regards!

Hola mi bella Lore! Muchas gracias. Ya lo degustaremos. Un beso grande!

Guaglione!! Tanti grazie! ¿Sabes? Hay muchas formas de darle el mejor matiz, siempre usando lo que tenemos en la paleta, sabiendo que a veces los colores no los escogemos nosotros. Hay que buscarle la vuelta a todo, siempre. Claro que a veces suceden cosas de las que es dificil encontrar una explicación adecuada y satisfactoria. Un abbraccio caro amico!

Hola mi querida Silvia! Muchas gracias por la buena vibra que me das! Un beso enorme!

Hoola mi dulce Yolanda! Muchas gracias. Que bellas esas flores de tu avatar. Si, agridulce, es verdad. Uno con el tiempo alcanza a comprenderlo. Un beso grande mi linda!

123 said...

Un poco tarde pero seguro...

¡UN FELIZ CUMPLEAÑOS! a un agridulce bloguero muy querido jajaja. Me encanta mucho esta reflexión de tus 50 añitos de vida.

Un abrazote ;)

Oswaldo Aiffil said...

Hola mi querida Marole! Nunca es tarde, muchas gracias. Un beso enorme de tu exclusividad!