Monday, July 05, 2010

Respirar nuestro aire, respirar otros aires...


El país convulso. ¿El ambiente en la calle? De mucha agresividad. No se respetan las normas mínimas de convivencia.

Sin embargo no perdemos la esperanza. Las cosas pueden cambiar, como el mar, que a veces está turbulento, tormentoso, y luego viene una calma que lo convierte en un espejo.

Cuando se puede, buscamos oxigeno en otras tierras, de manera temporal.

Al tomar el vuelo y despedir nuestro suelo, la sensación es de tristeza por lo que se deja atrás. Es la tierra a la que estamos unidos con lazos de sangre; la que fue testigo de nuestras vivencias de niño y de adolescente, de nuestro primer beso y nuestro grado académico. De nuestro primer trabajo y de nuestros errores por inexperiencia.

Ella queda atrás. Sentimos que nos mira, con ojos compasivos, cuando despegamos, como si no quisiera estar sola. Desde el aire contemplamos con estupor, a través de la ventanilla, como nos dice adiós con la mano, y vemos en su mirada la esperanza de que un día, no tan lejano, volvamos a pisarla, a sentirla, a abrazarla.

Pronto desaparece de nuestra visión, y por más que miremos entre las nubes, confundiendo muchas veces mar con cielo en el horizonte, ella ya no está, se ha perdido en la lejanía.

En algún momento aterrizamos en otra tierra, que nos recibe con algo de indiferencia. No nos sentimos el hijo que vuelve a casa. Es otra casa, con otros muebles y otros habitantes. Otras reglas, otro aire, otras vidas.

A veces caemos en el odioso terreno de las comparaciones, de ver todo lo bueno e ignorar lo malo, que también está presente, aunque de modo diferente, y a veces hasta sutil. Estamos preparados mentalmente para insertarnos, que nunca es tal, porque siempre aparece la tendencia a la patria, el corazón que la llama. Cuando escuchamos a alguien hablar nuestro español característico, o hasta en la forma en que las madres regañan a sus hijos, la sangre vuelve a relucir.

Mientras más tiempo pasamos en la otra casa, más nos acostumbramos a ella, a sus vivencias, a su forma de vida, a su gente, porque, al fin y al cabo, la vida es algo que nunca se detiene.

Y luego nos toca volver, y el corazón se nos llena de emoción, nada más imaginar su calor, su gente, sus paisajes tan familiares para nosotros. Y a medida que se aproxima la partida se empiezan a cruzar los sentimientos. Unos de nostalgia por lo que se deja, las amistades, lo vivido, la tranquilidad que no tiene precio, la organización, presente en todas partes. Otros por lo que nos vamos a encontrar a la vuelta. Mucha incertidumbre, que no se calma ni siquiera por el hecho de seguir a diario las noticias locales, vía web. Nunca es igual que te lo cuenten a que lo vivas.

Los primeros días del regreso son de un shock cultural que comienza en el mismo aeropuerto. A reorganizar nuestra vida y adaptarla a las “condiciones de borde” originales. Nos llenamos de “¡no dejes la cartera en la silla!”, “¡no estaciones el coche allí, que es muy oscuro!”, “¡esa calle está muy sola!”, “¡en ese banco no podemos sacar dinero!” y un sinfín de advertencias que nos hacen poner rápidamente los pies sobre la tierra, nuestra tierra.

Paramos en un semáforo con luz roja y el de atrás nos suena la bocina insistentemente, todo porque en la transversal no vienen coches. En medio de la calle, sin importar nuestra escena cotidiana, una joven hace malabares con unas teas encendidas que dan giros en el aire, con preciosismo de circo, y luego, con rigurosidad de relojero suizo, detiene su acto segundos antes de que la luz cambie a verde, con el tiempo suficiente para pasar pidiendo dinero por las ventanillas.

Un enjambre de motociclistas conduce por los espacios entre los canales de circulación a velocidades extremas. A su vez, los vendedores ambulantes se apartan raudos, haciendo detenerse a los vehículos, todo para evitar la embestida de la motocicleta. Escena típica que nos arrastra con su carga de anormalidad.

A nuestro lado, una joven lanza por la ventana del autobús la lata de la Coca Cola que acaba de tomarse, convirtiendo a la calle en una inmensa cesta de basura. La miramos a los ojos desde el coche y nos sonríe con dulzura, inocente de todo mal, con una cara bellísima, como es característico en estos lados del mundo.

Llegamos a casa y nos refugiamos en nuestros libros, buscando una salida momentánea al bizarro mundo que está allá afuera. Y digo bizarro con el significado que tiene en el idioma inglés, es decir, extraño, extravagante.

8 comments:

Benedetto said...

Caro Guaglione,

Hay fotografìas "mentales" de esta tierra; nuestra y comùn que se anclan perfectamente a estos pàrrafos tuyos.

¿ Recuerdas la terraza de la Terminal Internacional ? . Todos lidiabamos las partidas de nuestros seres queridos en ese espacio; abierto al azul infinito.

Y ese espacio ya no existe màs. Si, la modernidad le quitò las raìces. Si, puedo tolerarlo.

Pero, sabes ?, ese sentimiento de nostalgia rotunda por esta tierra tan hermosa està en contradicciòn en mi cabeza, en mi corazòn por estos dias.

A veces siento que, la Venezuela que amo se quedò enfrascada allà; en algùn año pasado, y no encuentra su rostro reflejado en esta època tan vertiginosa y burda.

Hay excepciones -lo sè- pero, Guaglione, es dura la Venezuela que tenemos. Nuestros granitos de arena se diluyeron sùbitamente; quedamos enfrente de la màxima desolaciòn.

¿ Còmo echamos a andar esto ?. Nos gastaremos la vida entera pensàndolo; la chica del autobùs; la que arroja la Coca-Cola por la ventana al suelo tampoco lo sabe.

Para ella, y para otros tantos millones de venezolanos, esta vida que discurre en nuestro amado y vapuleado paìs, es la " 5ta Maravilla" ... Y asì lo dicen los gobernantes.

Y asì, tu y yo lo padecemos a diario en la calle...

Quisiera tener que decir otras cosas dentro de 20 años. Y para ello trabajo arduamente.


Un grosso abbraccio !

María Vanessa said...

Me siento identificada con su escrito. Hace un mes estuve de nuevo en Venezuela y la cantidad de sentimientos encontrados era tal que no pude disfrutar mi estadía, por más lazos, amigos, recuerdos y nostalgias, el choque fue brutal para mi, creo que el poco tiempo no me permitió dejarme llevar por esa Venezuela que no tiene conciencia, que vive en no sé que mundo, aún me duele, sí eso, duele.

Michelle Durán said...

Encuentro tan fascinante meterse en un libro. Es emocionante .
Más que ver Tv. Ésta te da todo .
Las letra te llevan a imaginar. A crear tus propias imágenes. Tus propias escenas. Me encanta .
¡Saludaciones!

Felix Urbina said...

Muy bueno, muy bueno.... prodria ser esperanza lo que tenemos hacia estas tierraz, lastimosamente yo ya no lo siento, pero hay algo detras de todo eso que molesta, lo que tu dices... Gracias!

Felix Urbina said...

Um... cometi errores ortograficos arriba, los corrijo antes que lo lean...

Muy bueno, muy bueno.... prodria ser esperanza lo que tenemos hacia estas tierras, lastimosamente yo ya no lo siento, pero hay algo detras de todo eso que molesta, lo que tu dices... Gracias!

Oswaldo Aiffil said...

Hola Beny! Suscribo en su TOTALIDAD tus palabras. Hay una gran incertidumbre de cara al futuro. Yo conservo la esperanza. Un gran abrazo caro amico!

Hola María Vanessa! Bienvenida eres a esta casa virtual que te recibe con los brazos abiertos. Cuando estas fuera mucho tiempo, y luego regresas el shock es más fuerte. Y la nostalgia. Y el pesimismo. Y la esperanza. Todo se nos mueve en una especie de batido espiritual y mental que no converge, que no decanta, que se queda ahí, en espera de mejores tiempos, de reencuentros. Un beso y bienvenida siempre!

Hola Michelle! Bienvenida también. Siéntete en casa! Concuerdo contigo. Una vez que creas el hábito, el libro es la puerta de entrada a un mundo fascinante e imaginativo. Por mi parte, me gusta identificarme con alguno de los personajes, y de allí en adelante vivir la aventura de leer. Un beso y sigue disfrutando de la buena literatura!

Hola Félix! Bienvenido a tu casa virtual! Yo si tengo esperanza, y cuando estoy fuera se afianza más en mi. Como el mar, pasamos por grandes tormentas que presentan la cara horrible, pero también, pasado el tiempo, por períodos de calma, en los que el mar es un espejo, y en noches de luna llena retoma unos tonos plateados que condimentan el amor, y es el mismo mar bravío de otros tiempos. Todo cambia, todo muta, hay que saber esperar. Hoy en día Viet Nam es un país con alto potencial turístico. Cuesta creer que no más ayer era un infierno. Un abrazo!

MF said...

Hola, te saluda Mia, estuve visitando tu web. Esta muy interesante toda la información de tu página ... me encanta es muy completa. Tengo un directorio y me gustaria añadir tu sitio en el.

Muchos éxitos con tu web, seguro que ya lo tienes, espero tu respuesta.

Un Saludo
miarodriguezsoto@yahoo.es

Oswaldo Aiffil said...

Hola Mia! Claro que puedes. Gracias siempre por tu buena vibra en esta casa. Enhorabuena por la Furia Roja! Un besazo!