Sunday, April 02, 2017

Leer, mientras tanto...


Estoy leyendo “El lugar del cuerpo”, de Rodrigo Hasbún, escritor boliviano. Un libro de esos que ves por allí tirado en un anaquel donde la mirada de los lectores pasa esquiva, por encima, como quien mira una piedra cualquiera sumergida a orilla de playa. Sólo tú te fijas, y aunque pase el tiempo no puedes borrar la imagen. Tiene un algo. Decides volver, y lo encuentras, esperando pacientemente con una sonrisa a que lo recojas.

Me pregunto cómo es que no pasó alguien y lo tomó antes de que yo volviera. Siendo tan concurrida la librería, es una posibilidad en miles. Pero era para mí. Y ya lo tengo. Y lo estoy leyendo.

Es de los libros que me gusta leer. Una sorpresa. Una narrativa que te atrapa. Alguien que sabe contar a través de imágenes. Y lo disfruto. Un descubrimiento.

También leo los Diarios de Alejandra Pizarnik, y los cuentos de Carver. El menú está completo. En las dosis adecuadas de literatura.

Dice Alejandra en uno de sus poemas del Diario (1956) que imagina que la lee un lector que no ha nacido, y que cuando lea su poema ella no estará. Me veo reflejado, porque soy yo a quien se refiere pues nací en 1962 y la estoy leyendo ahora. Qué premonitoria esa imagen. Me paraliza y hace que la relea muchas veces. E igual me sigo viendo reflejado. Como si lo escribió para mí. Para que lo leyera ahora, en este preciso momento de la vida.

Y de la vida salen los cuentos de Carver. Como extracciones quirúrgicas, bien cortadas, al extremo de no dejar huellas del sitio y el momento de donde fueron extraídas. A veces el escritor deja en tus manos el desenlace. Y aunque pueden ser muchos en tu mente revolotea un solo final. Sientes que el cuento fue escrito a la medida de tu imaginación y de tus vivencias. Hubo uno, “Parece una tontería”, que me paralizó, al punto que me costó volver a él y terminarlo. Así de maravillosos son los cuentos de este escritor.

Mientras esto pasa, en mi universo literario, en el mundo exterior pasan cosas fundamentales. La historia se está escribiendo. Se está aprendiendo mucho sobre lo que no debe suceder en el futuro. Sobre la forma en que debemos encarar ese futuro si no queremos volver a vivir este oprobio. Todos estamos aprendiendo. Para bien o para mal.


Y nuevamente es la literatura lo que nos permite desahogarnos, pensar la realidad con cabeza fría. Discernir. Buen verbo para este punto de la historia de mi país. Discernir. Y leer, por supuesto.

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