Wednesday, February 06, 2013

Margarita, parte de mi mundo. Cuarta parte.


"Yo tengo un mundo mío, y voy a compartirlo con alguien como yo, sueños de amor y fantasía serán las normas mías para regir mi vida, mi mundo es complicado, difícil de explorarlo, difícil de vivir, pero es mio, es el mundo mío, lleno de triunfos y fracasos, virtudes y pecados, y en él no cabes tú".



Esta vez llego a Margarita por helicóptero. Es extraño llegar así. El vuelo es muy ruidoso. Salí del barco por la parte más alta, que es donde se halla el helipuerto. Subí a un asiento incómodo, donde no me cabían las piernas, y volamos durante hora y media hasta el Aeropuerto de Margarita.



Apenas salir quise besar el suelo, como hace el Papa, pero me dio pena hacerlo de esa forma. Lo que hice fue bajar la mano disimuladamente, tocar la tierra y besar mi mano a continuación.



Estaba cansado luego de 22 días de trabajo en altamar. Llegué a la playa más cercana al aeropuerto, El Yaque, por primera vez.
El Yaque es una playa donde sopla bastante el viento, y por lo tanto es ideal para la práctica del windsurf y el kitesurf. Es emocionante y contagioso ver a las personas lanzarse a la mar con su tabla y sus velas, o llevados del parapente surcando las olas. Fue hermoso estar allí unos días.



Claro que visité a mis playas favoritas de la isla, “El Agua” y “Zaragoza”, y me detuve a disfrutar de ese turquesa único que tiene el mar en “Manzanillo”.
“El Agua” no estuvo en su mejor día pues el oleaje era intenso, así como también la resaca, lo que no me permitió disfrutar de nadar entre sus olas energizantes. No obstante la hermosa vista al archipiélago de Los Frailes y sus hileras de palmeras lograron relajarme completamente. 



En “Zaragoza” me di cuenta que en enero y febrero el agua es helada, tanto que pocos nos aventuramos en sus olas por mucho tiempo. Gocé la caminata hasta la Punta Zaragoza, donde hay un hermoso faro en blanco y rojo.
La mayor parte de los días el sol estuvo muy radiante, y entre las cocadas y la cerveza me ayudaron a sobrellevarlo.



Finalmente visité “Punta Arenas”, en el extremo oeste de la Península de Macanao, una playa que muchos consideran la mejor de la isla por sus características de aguas transparentes, arena blanca y mar azul. Como no era temporada de vacaciones la pude disfrutar mucho más, con caminatas extensas a lo largo de la orilla, con las olas rompiendo y mojándome los pies, haciendo ruido de burbujas, tan solo interrumpido por la voz de Anna, mi bella compañera de viaje. No se puede pedir más.



Es Margarita, una isla cautivadora, llena de parajes de ensueño, de esos que se te quedan pegados en la mente por mucho tiempo. Azules que son más azules en el mar, degradados en tonos turquesa y verde, combinados con un cielo despejado y una arena blanquísima, tan bonito a los ojos que cuesta creer que se está despierto contemplando el paisaje. Es mi isla bonita, amor total, mi mundo... 



4 comments:

Capochoblog said...

Aja, con que paseando con una tocaya por la isla? Me voy a poner celosa :)

Besos, mi viejo bello!

Oswaldo Aiffil said...

Naaaaaaaaaaaaanyyyyyy beeeeeeellaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!! Gusto de saberte por estos lares de Dios! Anna es una bella compañía, me imagino que así eres tú. Saliendo diez containers de besos via Miami, Fla.

Lorena said...

Laisla tambièn es un sitio hermoso para mi! Especial y ùnico... una delicia tu escrito, maravilloso!

Oswaldo Aiffil said...

Hola Lore! Gracias! Yo amo a Margarita! Un besazo!