Saturday, October 03, 2009

Amistad


Llegué temprano en la mañana al taller con el propósito de hacer una pequeña reparación a mi vehículo. Como sabía que tardaría al menos una hora en comenzar sus labores, fui preparado, llevando en mis manos una obra de Joseph Roth, “La Leyenda del Santo Bebedor”, excelente recomendación de mi amigo Andrés Boersner.

Y la vida, como siempre, cambiando el libreto original de las cosas. Al lado, mostrándose entre las rejas del garaje de una casa, una hermosa perra me dio la bienvenida, a través de amistosos ladridos que no tardaron en ser correspondidos.

Su mirada me inspiraba a consentirla, y eso, sin más preámbulos, fue lo que hice. Noté que tenía hambre y que se acababa de despertar. Me había llevado dos barras de granola para soportar el apetito mientras culminaba la reparación, pero he aquí que al instante me encontraba compartiendo la granola con ella, mi nueva amiga canina. Y de verdad tenía hambre, porque tuvimos que ir a medias con nuestra comida, como debe ser cuando se trata de amigos, aunque fuesen recientes, como en nuestro caso.

La perra probó la granola con curiosidad al principio, y terminó encantándole. La novedad, cuando gusta, trae alegría consigo. Mi amiga es grande, robusta y bastante cariñosa. Cuando me encuentro con esos perros así, tan amistosos y cariñosos me provoca tener una casa y llevármelos a vivir conmigo. Ellos siempre tan fieles y tan leales.

Pude notar también, durante mi espera, que la generosidad es un don que no ha desaparecido. Vi pasar a dos obreros, que se detuvieron a darle sus caricias matutinas, que ella, ni tonta ni perezosa, no dudaba en recibir (quizás es costumbre). Y además compartieron con ella parte de su desayuno, que llevaban en pequeños contenedores, camino a su trabajo. Por muy humilde que se sea, existe la solidaridad, y la naturalidad de la misma no dejó de llamarme la atención.

El hecho en sí es que casi no dediqué tiempo a la lectura del libro de Roth, sino a mi nueva amiga perruna. Pienso que volveré a verla y a llevarle su barra de granola. Me cautivó con sus ojos grandes, cuya mirada, entre melancólica y tierna, y esa simpatía que le brota por los poros, no voy a olvidar en mucho tiempo.

Ahora vuelvo con Roth, y con la sonrisa a flor de labios…
*Imagen: simbología kanji japonesa para "perro fiel".

8 comments:

Capochoblog said...

Tu anécdota me dejo un buen sabor de boca. Yo amo a los perros, aunque claro, más a los mios que a los ajenos, jajajajajaja. Los ajenos deben ser así de cariñosos como la describiste a ella, o no me les acerco!

Muchos Besos escondidos en cajas de bombones para ti. Buen Domingo!

Oswaldo Aiffil said...

Naaaaanyyyy beeeellaaaaaa! Yo los amo a todos, aunque en el interín me he llevado una que otra mordida, igual los sigo amando. Son tan leales esos seres! Por aqui abriendo las cajitas y disfrutando! Mil besos para ti también!

Silvia said...

Disfrute mucho tu relato, me gusto descubrir que aunque llevabas un plan, (la palabra "libreto" queda mejor!!) de como manejar ese tiempo de espera, la vida te lo cambio, agradablemente, que es como me encantan que ocurran estos cambios.
Me encantan los perros, producen en mi al instante ternura, cariño y sentimientos correspondidos de amistad, no le hago caso a nadie y los trato como personas, porque al menos llevan la parte de "seres" con mas dignidad que muchos humanos que conozco!!

Besos

Silvia

Oswaldo Aiffil said...

Hola mi querida Silvia! Antes que nada muchas gracias por la presencia permanente y la buena vibra que dejas por estos lares de Dios. Esa perra me enganchó. Hoy voy a verla de nuevo y le llevo su barra de granola, que tanto le agradó. Soy feliz con esos pequeños detalles de la vida. Un beso enorme!!

Lorena said...

Por eso es que amo a mi perro y me esfuerzo cada día en ser la persona que el piensa que soy, sin ánimo a ser juzgada ni criticada... Que belleza encontrar paz y benevolencia en esos ojos grandotes!!!

Oswaldo Aiffil said...

Hola Miss Lore! Ayer fui a visitarla. Amor total. No tiene precio! Claro que le llevé sus barras de granola. Soy feliz por ello! Besos bella!

RosaMaría said...

Pues sí que es bella la amistad de un buen perro, el de mi vecina es casi ciego aunque joven, entra a mi casa y luego no sabe como salir y choca con las macetas, tengo que guiarlo. El otro día estaba mi sobrinita de dos años, que lo adora, sentada enel piso y él paso por arriba de lo más pancho aunque suave, ella cayó de espalda, ninguno se inmutó,ella de lo más natural como si entendiera la situación, una escena maravillosa.
La amistad entre los niños y los perros también me resulta entrañable.
Beso cariñoso y palmadas para tu nueva amiga.

Oswaldo Aiffil said...

Hola Rosa María! La verdad es que los perros son una bendición. Son fieles y amigables como pocos humanos podrían serlo. Yo los adoro. Lástima que no puedo tener uno conmigo porque vivo en apartamento, y no sería bueno para mi ni para él. Pero los adoro como a nada en esta vida. Le transmitiré tu buena vibra Rosa María, con mucho gusto. Un besito!