Tuesday, June 03, 2014

Despegue


La tarde cae serenamente. No así los recuerdos que me invaden en cascada. Nunca había visto el aeropuerto de forma tan detallada como ahora. Las obras no parecen haber terminado luego de tanto tiempo desde que comenzaron las ampliaciones.

El estacionamiento da la impresión de ser un depósito de vehículos de gente que ya no va a regresar, que se ha marchado en vuelos sin retorno.

Adentro hay una fila inmensa para buscar el pase de abordar. Nadie dice cual es la fila de cada aerolínea. No hay avisos ni señales. La gente enmudecida mientras espera su turno. Algunos no quieren mirar a nadie mientras pasean su mirada por las rendijas de las baldosas del piso. No me atrevo a interrumpir ninguno de esos silencios y me dirijo a la taquilla para informarme.

Ahora sí llego a la fila que me corresponde, y después de un tiempo accedo a mi pase. Pago el impuesto (porque para salir de aquí hay que pagar también) y me voy a inmigración. Allí me encuentro de nuevo con algunos pasajeros cuyas caras, aunque esquivas, ya me son familiares por lo de las filas.

Descubro que sus miradas son ahora más tristes, como prediciendo el momento que se aproxima. Me advierte el guardia que debo quitarme los zapatos, el cinturón, el reloj, la cartera y hasta el teléfono, los cuales deben pasar por el scanner y comprobar que no soy un terrorista en potencia. Casi desnudo, paso por el detector de metales mientras mis pertenencias pasan en paralelo por otra vía.

Retomo las cosas, me pongo de nuevo las prendas y me acerco a la sala de espera de la puerta de embarque que me corresponde. De nuevo mis vecinos de fila, esta vez con las lágrimas impidiendo ver la pantalla que anuncia los vuelos por despegar. Confirmamos la hora y nos enteramos que, por suerte, la puerta no ha cambiado. Cerca de ella una empleada de la aerolínea parece jugar con su celular haciendo tiempo. Luego suena un teléfono cercano. La empleada atiende e inmediatamente se pone en guardia y llama a formar filas para embarcar.

Pararme de ese asiento me ha costado. Me incorporo y pongo el asa de mi bolso sobre mi hombro. Miro alrededor procurando quedarme con una fotografía instantánea de la escena de la sala, de los asientos que comienzan a quedar vacíos a medida que la fila crece.

Entramos al avión y ocupamos nuestros puestos. Me toca ventana. Desde allí veo a las aeronaves vecinas, como inmensos pájaros aletargados, esperando su turno para volar.

Abajo, en la pista, los empleados se afanan en dar los últimos toques mientras yo miro al horizonte. A lo lejos se ve el mar, la costa, la montaña llena de casas, el edificio del aeropuerto, la pista gris que se confunde con la línea azul del mar en el infinito. Y las lágrimas que comienzan a salir, nublando mi visión.

Me paso las manos por los ojos para dejarlas salir y que no me impidan ver lo que queda de mi país.

La azafata anuncia la partida. El pájaro de acero carretea por la pista con un ruido que semeja un silbido sin fin. Se aproxima el despegue definitivo.

Se escuchan tres campanadas en la cabina, y de inmediato tomamos velocidad y nos elevamos.

Yo miro por la ventana como último intento para retener paisajes, colores. Hay cosas que no veo por la ventana, pero que siguen cayendo en cascada por mi mente. Son risas familiares, llantos, abrazos, palmadas, miradas tristes, otras alegres, adioses.

Las lágrimas insisten en seguir su caída libre sobre mis mejillas hasta que, finalmente, retiro la mirada de la ventana cuando ya solo quedan nubes blancas y un cielo medio azul medio gris que lo cubre todo.

El pájaro de acero se estabiliza y vuelve a emitir su silbido infinito, mientras yo quedo con la mente en blanco, sabiendo que mi historia en el país quedó sellada en los breves segundos que duró el despegue.


Cierro los ojos para darme cuenta de que sí, que el país no se quedó en la pista como pensaba, no. El país sigue allí, conmigo en el avión, y no me abandonará nunca, aunque habite para siempre en tierras muy lejanas.

*Fotografía: www.minci.gob.ve

10 comments:

Maie said...

Cuantas veces he vivido eso... veo que emigras tu tambien... y a cada retorno siempre esta la duda...cuando sera la proxima vez y que quedara de ese pais que se fue contigo y al que nunca jamas volveras...porque el destino sigue su curso y tus ultimos recuerdos son eso una foto...un paisaje de otra vida, unas caras y una risas del pasado....

Stella said...

Otro que se va?. A pesar de que yo misma me fui hace años, me duele el corazon ver que la migracion sigue :(
Good Luck my friend! ♥
Alleta

Nerim said...

Cuanto siento que hayas tenido que dejar tu pais Oswaldo. Ya nos dirás hacia donde diriges tus paso. Te deseo toda la suerte del mundo en tu nuevo destino.

Con todo cariño

Oswaldo Aiffil said...

Hola mis queridas y consecuentes amigas! Les digo que lo que he escrito es un ejercicio literario derivado de testimonios y visiones que he obtenido en el aeropuerto de Maiquetía durante algunos viajes. No quiere decir que no me haya tocado, y que no lo haya pensado muchas veces. Probablemente eso sea lo que el futuro cercano me depare, dada la situación. Gracias a todas por todo el cariño que identifico en sus letras. Un abrazo y un beso enorme para las tres.

JENNY said...

Aaay Oswaldo que susto... Es que lo plasmaste tal cual se vive... me imagino que en la Venezuela de hoy, se vive aún más intensamente...

Hoy tuve guayabo de blog... quiero animarme a volver a escribir...

Te dejo un abrazo enorme mi buen amigo!

Oswaldo Aiffil said...

Hola Jenny! Es que lo he vivido a corta distancia. He sentido la lejanía. Pero he vuelto a casa. Y hoy no se si ha sido buena idea (lo digo por todo lo que está pasando). Todos tenemos cosas que decir y es buena idea que vuelvas a escribir. Abrazo y beso de retorno y otro besito para Sophi!

Susie said...

Me has hecho llorar...
Y el que no hayas partido, no necesariamente alivia, en el sentido de que las cosas siguen sin resolverse. Esta tan triste para el que parte, como lo es para el que se queda...

Oswaldo Aiffil said...

Hola Susie! Muy ciertas tus palabras. Y no se cuando es mayor la tristeza pero cada vez es más la gente valiosa que se va. Gracias por venir a leer. Un beso!

Occy said...

Hola Oswaldo, es hermoso lo que escribiste, de verdad me emocionaste.
SAludos y continúa con esos ejercicios que eres muy bueno escribiendo!

Oswaldo Aiffil said...

Hola Occy! Muchas gracias por tus palabras, me estimulan mucho a seguir escribiendo. Me alegra mucho que te haya gustado el ejercicio. Es la vida real. Un beso grande!