Sunday, June 16, 2013

Los inicios en la lectura


Reconozco como mis inicios en la lectura, no aquellos cuando aprendí a leer sílabas y luego unirlas en palabras, no.
Esos fueron los primeros pasos. Después vino la etapa de leer todos los avisos que veía en la calle y así.

Pero el verdadero comienzo fue cuando dejé de mirar con recelo una serie de libros que había comprado mi padre en 1972, y decidí abrir uno de ellos a ver cómo me iba.  Era mi primer encuentro con la literatura de ficción.

En principio los libros se veían poco atractivos, sin imágenes (algo grave para un niño de diez años) y muchas páginas escritas. No soy el típico caso del padre que lee y guía a su hijo en el rito de iniciación. Mi papá leía, pero no ficción sino más bien libros técnicos, de geografía, historia, mitología, biografías. Libros cuya característica principal era que tenían muchas ilustraciones (mapas, retratos, esquemas) y que en cierta forma indicaban un aprendizaje.

La ficción era otra cosa. Era internarse en otros mundos, parecidos al nuestro o diferentes según el caso. Convivir con personajes como uno, o muy diferentes, darles vida, imaginarlos, ponerles una voz, una pose, un cabello, una creación que iba de la mano con la descripción del autor.

Y luego sufrir con los personajes, reír, llorar, saltar de alegría y vivir una historia que estaba siendo contada en paralelo.

El primero que abrí fue una bendición: “Las aventuras de Tom Sawyer” de Mark Twain. Las aventuras de un joven como yo quería ser, amante de la libertad y en busca de aventuras. Fue amor a primera vista.

Luego vinieron, uno a uno, los otros: “Viajes de Gulliver” de Jonathan Swift, “Viajes de Marco Polo” de Olive Price, “Robinson Crusoe” de Daniel Defoe, “La isla del tesoro” de Robert Louis Stevenson, “Moby Dick” de Herman Melville, “Ivanhoe” de Walter Scott, “La isla misteriosa” de Julio Verne y “Los cuentos de Andersen”, una recopilación de Hans Christian Andersen.

El décimo libro de la colección, “Los tres mosqueteros” de Alejandro Dumas no lo leí. Mejor dicho, lo empecé a leer pero nunca me enganchó y al final lo dejé (y hasta el sol de hoy no he vuelto a él).

Me ha pasado con algunos libros que, una vez comenzados, no logran engancharme y decido dejarlos porque no hay química entre el libro y yo.

Haber vivido esos libros me convirtió en el lector que soy ahora. Puedo decir que entré a la ficción de la mano de Tom Sawyer. Hoy voy con Tengo Kawana y Aomame, de “1Q84”. Entre ellos ha pasado un sinfín de personajes, a veces interesantísimos como Holden Caulfield (El guardián entre el centeno), Sal Paradise (Jack Kerouac en La Carretera) o el Capitán Ahab de Moby Dick.


Leer ficción ha sido como tomar cerveza. La primera te parece amarga y despreciable, pero poco a poco te va embrujando entre burbuja y burbuja hasta que la empiezas a apreciar y saborear.

2 comments:

The Modesto Kid said...

Interesante, que todos eses libros son traducidos. ¿No hay una literatura juvenil castellana?

Oswaldo Aiffil said...

Hola Jeremy! Si existe, aunque no es tan famosa como la que muestra el post. Puedes bajar una muestra desde aquí: "http://www.bibliotecayacucho.gob.ve/fba/index.php?id=97&backPID=96&tt_products=242".
Un gran abrazo amigo!