Saturday, October 15, 2011

El cambio y la fuerza del espíritu


Desde que el mundo es mundo hay algo que se mantiene en el tiempo. Y ese algo es el cambio.

Si dejas una ciudad y no regresas en tres años, al volver encuentras otros edificios, comercios que han cambiado de ramo y de nombre, grupos de trabajo que ya no son ni la sombra de lo que fueron (para bien o para mal), personajes típicos cotidianos que se han marchado bien lejos, quizá para no volver, modificaciones en el trazado y sentido de las calles, los coches patrulla pintados de manera diferente, los amigos con más canas o calvicie manifiesta. El señor que bajaba a pasear el perro, esta vez sin el perro, que ya murió; el vecino huraño reconvertido en persona cálida y amable, y todo por causa de una enfermedad que logró superar. Personas de cierta edad, a las que creías una nueva versión del Retrato de Dorian Gray, mostrando en sus caras la huella indeleble del implacable paso del tiempo.

Lo más triste es saber que hay personas que deseas que estén toda la vida, y en un alarde de egoísmo no quieres que se vayan antes que tú. Das por sentado que ellas estarán allí, siempre, esperando para saludarte y conversar.

Una llamada, una mirada, una lágrima antecede a las palabras que expresan la terrible noticia de que se han marchado. Te invaden los sentimientos encontrados, querías al menos un encuentro más, una llamada más, una conversa más, una risa más, una palmada más, un viaje a la playa más, un abrazo más, un consejo más, un beso más, pero no. Se han ido. Tardas en llegar a asumirlo, pero ya no estarán más. Tan solo queda el recuerdo de lo vivido y lo compartido juntos. Nada más. Y aunque esa persona viva en ti, físicamente desaparece. Esta es, a mi parecer, la cara más fuerte del cambio.

Dentro de la turbulencia generada, uno no deja de asombrarse con la fuerza interior que muestran algunas personas. Sin dejar de sorprenderse, sin dejar de manifestar un dolor que sienten propio, igualmente no dejan de abrazarte, no dejan de sonreírte, no dejan de explicarle a todo el mundo cómo se sucedieron los hechos, no dejan de reírse cuando escuchan las anécdotas de los demás. Y aunque por dentro el dolor apriete, no dejan de mirar el futuro con esperanzas.

Aquello de que las apariencias siempre engañan es una verdad del tamaño de un templo. Saber que existe alguien que creíste muy frágil, y verla demostrarte, sin proponérselo, que es más fuerte de espíritu que tú en una situación parecida impresiona.

Se fue una persona muy querida por su entorno, su hermano, hecho demostrado en su despedida por una multitud presente y por muy hermosas palabras que se dijeron de él, incluyendo las de mi propia hija, que fue su alumna (pequeño el mundo siempre, ¿eh?).

A ella, que empezó siendo mi amiga virtual y ahora lo es personalmente, no puedo menos que manifestarle mis condolencias, darle un abrazo fuerte, y seguir buscando la forma de compartir mucho más tiempo, amén de confesarle mi sorpresa ante la entereza y la enorme fuerza de espíritu demostrada en los momentos difíciles.

Lore, no tengo palabras.

Mi casa, donde quiera que esté, es tu casa. Y, pues nada, a seguir compartiendo con los buenos amigos y disfrutando de sabrosas conversaciones, donde el tiempo se hace muy muy pequeño y nunca será suficiente, donde le damos la vuelta al mundo a punta de cuentos y anécdotas que se multiplican tanto como las risas y la buena vibra. ¡Te quiero mucho!

4 comments:

Lorena said...

Oswald, no tengo palabras para expresar lo que siento, no solo en estos momentos sino, al leer tus maravillosas lìneas!
Yo tambièn te quiero y siento un inmenso cariño y una dmiraciòn profunda hacia tu persona!

La vida continùa...
Nos debemos el cafè!

Oswaldo Aiffil said...

Hola Lore!
Estoy contigo tambipen en estos momentos difíciles. No podía menos que expresarlo con palabras escritas, que en su momento no salieron dada la tristeza que nos agobiaba.
Pero, como has dicho, la vida sigue, y nosotros con ella.
Pendiente de ese café.
Gracias por estar siempre.
TQM! Un beso!

Benedetto said...

Guaglione,


Este texto es de una belleza inconmensurable. Tenemos mucha suerte, en haber cruzado nuestros caminos con la Lore.

Sin la menor duda; sin el menor resquicio de duda, digo, que es un ser humano de una sola pieza.

De una sola pieza.

Y lo celebro con muchìsimo cariño.



Abbraccio!

Oswaldo Aiffil said...

Gracias mio caro amico! Es que Lore me ha inspirado. Su actitud es sorprendente. La admiro. Está pendiente un café todos juntos y allí conversaremos. Un abrazo amigo!