Saturday, October 06, 2007

Contrastes...


La semana ha sido intensa. Viajar, recorrer área de trabajo en campo, el sol inclemente, la libreta en mano, el plano abierto en pleno bosque, tratando de sostenerse firme ante la brisa, al asedio de hormigas gigantes, serpientes ocultas en la maleza, huellas de felinos en las pozas originadas por la fuerte lluvia de días antes, abejas hostiles, zancudos hambrientos. No es poca cosa para un citadino.

Afortunadamente, el grupo está decidido a hacer el trabajo, y sin miedo aparente, caminamos tras las huellas de los hitos topográficos colocados semanas antes por otro contingente que recorrió los mismos caminos, quizás en peores condiciones que nosotros, pues tuvieron que abrir las trochas en la espesura del bosque.

En medio de todo, pienso en la gente que quedó allá en la urbe, los que van al colegio en las interminables colas de vehículos; en los que van a trabajar temprano y se reúnen en el café cercano a conversar sobre los acontecimientos del día anterior, sobre los horrores del noticiero de anoche, sobre la devaluación que de hecho ocurre en la moneda, sobre el nuevo look de la compañera de trabajo y otros motivos.

Pensar que muchos de ellos tienen que levantarse dos o tres horas antes para llegar a las cercanías de la oficina, es decir, que su día de trabajo comienza a las 4:00am, cuando muchos otros duermen placidamente y ni siquiera piensan en el inclemente tráfico que ellos habrán de toparse horas después.

Pronto el vértigo se apodera de todos, la prisa se hace dueña del escenario, comienzan los chasquidos de los platos, los ruidos del agua al salir de la ducha, las primeras bocinas de los carros en el semáforo próximo, mucho antes de que las primeras luces comiencen a caer sobre la ciudad.

Momentos después, en la llamada “hora pico”, la desesperación invade a todos, borrando la tranquilidad de horas antes. Nadie quiere ceder el paso, bajo ningún motivo, todo alrededor se torna en agresividad, una agresividad que estará alrededor durante el resto del día, en la oficina, en los cafés, en los bancos, en los restaurantes, en el tráfico, en el quiosco de los periódicos, dentro del taxi, en el centro comercial.

Es la típica hostilidad de la jungla de concreto.

En cambio, a miles de kilómetros, en donde estoy, tengo miedo de quedarme dormido ante tanta quietud y llegar tarde al sitio de la reunión. Me despierto hora tras hora a revisar el avance de las agujas del reloj, tanto que no tengo necesidad de usar el despertador. El silencio es abrumador.

En un momento, decido saltar de la cama, alertado por el canto de los gallos, y de los pájaros de todo tipo, un coro celestial de aves me acompaña en mi ruta hacia la ducha. Todo es tan diferente por aquí. Cuando estuve listo me vinieron a buscar. Desayunamos en una quietud inusitada. Nos reunimos a la hora indicada y partimos hacia el bosque objeto de nuestro trabajo. Un bosque que más temprano que tarde no será más bosque, ahogado en las redes del desarrollo, de la modernidad. Pero ahora lo es, y no tarda en demostrarnos que somos nosotros los extraños, los invasores. Sin saberlo, somos parte de la primera avanzada sobre la naturaleza exuberante. Sin saberlo, o sin poder evitarlo.

En el camino de ida, igual que en el de vuelta, observo a los pobladores que han sabido convivir con la naturaleza. Se ven tranquilos, sin prisa, muchas madres llevando a sus hijos al colegio, a pie, sabiendo claramente que estarán a tiempo sin apurarse. Son las mismas madres que veo descansar, bajo las copas de los árboles, en las tardes, cuando termina mi faena; los mismos niños que veo juguetear con el agua de los charcos dejados por la lluvia en su pasar de hace días.

Se ven felices, sin importarles el fango que ensucia sus uniformes. Su mirada, igual que la de las madres, es de paz. No hay stress, quizás aquí nadie sabe lo que significa eso que, aún estando bajo el mismo sol, nosotros sabemos con demasía, porque lo vivimos en el día a día.

22 comments:

Martha Beatriz said...

A veces pienso que si, que paz, pero para los ya " mundanos" el aburrimiento llegaria de manera inevitable. Volver a lo simple no es facil, fijate eso que comentas me lo han dicho aqui en casa: no poder dormir porque esta " demasiado" tranquilo...asi son las cosas. Un abrazo.

El Trimardito said...

Eso es lo que han creado las urbes, el estrés. Quizás con el paso del tiempo comenzarán esas madres y sus hijos a echar de menos el lugar apacible donde habitaban.

Saludos!!

Ferípula said...

Me gusta cuando me habla la naturaleza....

te dejo este abrazo....y

El souvenir del cumple...qué glamour!!

Y estoy con algo de stresssss!!!

Nany said...

Para que veas... creer que llevan el progreso y llevarlo en realidad...progreso vs naturaleza, que dilema. Yo apostaría al verde, pero eso porque soy una ilusa...es una lastima, no?
Te deje par de besos allá y dos mas por acá...

Pansy said...

El precio de la modernidad, de la ciudad cosmopolita...
Me gusta mucho tu narracion y como traspones una realidad junto con la otra. Yo apostaria tambien por el verde, aunque soy de las que piensa que una llega a acostumbrarse al trajin y a sobrevivir en condiciones extremas.
Te dejo aqui mis respetos y un saludo cariñoso...

Gilberto said...

No deja de maravillarme la forma en que relatas, genial, simplemente genial. Esa placidez, esos pájaros...describes mi lugar de retiro...por ahora, la selva de concreto es mi hogar. Un abrazo.

mia said...

Y tu estancia plácida será una de las razones que les ¿regalará? a ellos esa civilización que arrasa, la que ¿facilita? la vida al alto precio de robar el tiempo y el alma…

Curiosa paradoja, estúpida falacia, que dar es quitar y todos ansiamos esa trampa…

Oswaldo Aiffil said...

Wow, que comentarios más estupendos he leído, gracias!
Saludos a todos los que han osado acercarse a esta casa virtual que los recibe con cariño!

Hola Martha Beatriz! ¿sabes algo? Uno siente el llamado de la naturaleza. Uno siente si podría adaptarse o no. Uno lo siente, aunque no lo pueda explicar. Y conozco unos cuantos que, un buen día, dijeron: ¡basta! y se mudaron al verde. Hoy, despues de 5, 8 años, los veo y son los seres más felices del mundo. Disfrutan incluso más que los que nacieron en esos lares, quizás por aquello de saber, conocer bien el constraste, cosas que los últimos no conocen, por más que lo hayan visto en la TV, porque una cosa es verlo en TV y otra es vivirlo. Un beso Martha Beatriz!

Hola Tri! Saludos a mi niña bella! Si te cuento lo que preveo para esos habitantes de siempre, cuando el progreso haya llegado, lloras. Ellos no están preparados para eso. La rueda del progreso los agarra desprevenidos. Ellos solo saben convivir con lo natural, la caza, la pesca, la artesanía, todo lo demás les es ajeno, y aún cuando se encuadre en su sitio geográfico, lo que al final va a provocar en ellos es la necesidad de desplazarse, de irse, porque en esos complejos industriales, ellos no son necesarios, muy poco. Da para otro post. Un gran abrazo Tri!

Hola Feri! La naturaleza nunca se queda callada. allá nosotros si entendemos o no su llamado. Voy a buscar mi souvenir, claro que si. El stress de Buenos Aires debe ser similar al de Caracas, seguro, es la misma dinámica. Un beso y allá voy!

Hoooola Naaaanyyyyy! Yo también apuesto al verde, pero aquí me ves, metido en la carreta del "progreso". Lo que debe haber es un equilibrio, un sopesar de beneficios versus problemas. De eso trata el protocolo de Kyoto, de establecer un compromiso, pero algunos no se ponen de acuerdo aún. A nosotros mismos nos encanta el progreso cuando se trata de encender la estufa (cocina), encender las luces en nuestra casa. Nunca nos ponemos a ver lo que hay detrás de ese gas, de esa electricidad que nos llega directo a nuestras casas. Bastaría irse en sentido contrario, por los cables y tuberías y llegaríamos inevitablemente a esos mismos complejos que tendemos a aborrecer. Gracias por esos besos, mmmm, voy por los otros :-)

Hola Pansy! Gracias por lo que me corresponde. Pues si, como ya lo he explicado antes, en este mismo comentario, y como tu bien lo resumes, es el precio de la modernidad. Uno se acostumbra a este medio cosmopolita, pero si un día te detienes, y meditas sobre ello, te das cuenta que eso no es vida. El stress que causa llevar a un niño a tiempo al colegio en la ciudad, versus la tranquilidad que observé en los ojos de las madres en idéntica tarea, allá, en el sitio natural, se trata de dos cosas que te ponen a pensar. Un beso Pansy!

Hola Gilberto! Muchas gracias por tus conceptos, los recibo con humildad. ¿sabes? Pienso igual, en mi lugar de retiro, en mi búsqueda del equilibrio. Un abrazo Gilberto!

Hola Mía! Curiosa paradoja, la del "progreso". Y muchos no pensamos en eso, sino en la comodidad de la vida en las grandes urbes, como cuando nos encontramos frente al PC, intercambiando con gentes de otros países, con solo un teclear, y no pensamos en lo que hay detrás de la fabricación del mismo PC, cada complejo industrial que hay detrás de cada pieza del PC, de la electricidad necesaria para su funcionamiento. Seguramente en esos grandes complejos de fabricación de chips, del estaño de las conexiones electrónicas, de los grandes complejos termoeléctricos, antes habían lindos bosques, con plantas y animales. Lo ideal es tender al equilibrio, sopesar los pros y los contras, así pienso, ¿tú que dices?

Nany said...

Claro y mientras no se ponen de acuerdo siguen construyendo en lugares donde debió quedarse el verde... bueno, prendamos la estufa, las luces y tal vez así, algún día, con tanta luz y fuego, veamos que no tenemos con que respirar...
Mas Besos...
(**])

FEVC said...

¡Mi más admirado, cariñoso y sincero respeto querido amigo, tremendo post este de los contrastes que con verdadero acierto utilizas para transmitirnos no solo esa gran dicotomia entre naturaleza y concreto,sino que además expresa con acierto nuestra neurosis citadina en contraposición con la aquietada tranquilidad natural, gracias por ello y por favor, cuéntanos más de tu actual y anecdótica rutina con esa especial sensibilidad que emana de ti!

Lycette Scott said...

Muy buen relato mi querido Oz, como siempre un inmenso placer pasar por aquí.
Te dejo una cajita, con un beso y un abrazo

Domingo said...

Yo apostaría por el verde, pero la presión demográfica es demasiado fuerte. Cada vez tenemos que alejarnos más de la civilización para contar con verdadera paz y tranquilidad, lo cual me parece lamentable.

Tu relato me pareció muy bueno, una crónica de la inevitabilidad.

La Hija de Zeus said...

Cuando tengo la suerte de pasar un tiempo con la naturaleza lo disfruto un montón... pero déjame que te diga algo, he descubierto desde hace algún tiempo que esa locura y agresividad vive dentro de uno, incentivada, eso si, por el entorno.. así que igual podemos encontrar tranquilidad en medio de nuestro caos.. todo depende de uno.

un abrazote

MoniQueen said...

Oswaldo, fijate que aunque Douala es un caos y es desordenada, no siento por alla ese stress que se siente aqui en Caracas... describes muy bien esas dos sensaciones, la que produce la naturaleza y la de la selva de concreto! Un abrazo!!!

Maie said...

Que contraste...excelente...pensar que somos nosotros mismos los humanos quienes en nombre del progreso nos ponemos mas y mas la soga al cuello...ojala pudiesemos ser mas como ellos...las madres al sol y ls ni;os jugando con las csas simples y menos como nosotros...
Al final todo es un ciclo porque aqui en Europa donde todo esto del desarrollo comenzo hace mucho mucho... resulta que la gente vive es para tomar vacaciones y escapar... asi somos los humanos un manojo de contrastes.
Gracias por la visita a mi blog de fotos!!! y los comentarios sobre Luna... sigue creciendo mi Luna con el favor de Dios...

Waipu Carolina said...

Hola Oswaldo!
que bonito post!
Me sentí yo también en ese lugar teniendo esas sensaciones. Y creo que me pasa un poco ahora después de 10 años en Tarragona que ya me es complicado adaptarme al estrés de la ciudad grande.
Aquí con 120 mil hab. es una ciudad pequeña, y más vivo en el casco antiguo de la ciudad donde se hace más pueblerino.
Para mi es una ventaja este cambio en mi hábito de vida, donde llevo a pie a 5 minutos a mi hijo al cole y cruzo por el parque lleno de árboles cada día en donde casi no hay nadie. Me he adaptado tanto a mi soledad matutina que la disfruto mucho. en las noches puedo estar sentada hasta la madrugada en la plaza saludando a los vecinos sin nervio alguno.
Puede ser que para algunas personas esto se les haga aburrido, ya que si quieres asistir a conciertos, obras de teatro o ciertos comercios debes coger un tren o el carro.
Pero para mi ya es una forma de vida.
Creo que a veces todos necesitamos el silencio para reencontrarnos con nuestro yo.

un abrazo

khayo said...

ahorita el mundo se vuelve una intensidad voluble sin explicacion y sin sentido explicable...!!!

yo trabajo 24 horas 8 diarias con el cel prendido 16 horas casa universidad y con el cel prendido , entre el trafico y las ordenes de compras medicas el estres es grande..!!!

para mi el dia a dia se ha vuelto una emergencia..!!!

la clave es la sonrisa la paz interior y la densa calma que llevo prioridades primero y luego los caprichos....

saludoxxxx!!!!!!!!!!!!!

Tu vecina Day said...

-Buenos días Liebe Ozzie,
-Me gustó más leer este texto tan bién descrito que decír una opinión personal de alguién que disfruta de esta vida de la que hablas,y tu lo deduces y lo sabes..
..y no la cambio jamás por la anterior que tenía.

-Solo podría reafirmar lo que has escrito,es una disposición personal apostar a la naturaleza,y grandioso reconocer que esta siempre saldrá triunfadora.
Un beso.

Alleta said...

Me dio tristeza eso de "Un bosque que más temprano que tarde no será más bosque, ahogado en las redes del desarrollo, de la modernidad". Que triste que sigamos derribando arboles y acabando bosques =(

zel said...

Que bonitp texto, Oswaldo, ya casi no conocemos aquí esta vida de paz, sin ningún complejo del niño que se ensucia jugando y tranquilo sigue bajo la mirada de la mama también sosegada. Aquí los gritos se hubiesen oído de lejos, hay que aparentar... Claro que se agradece el silencio, lo sabes bien... Abrazos.

JENNY said...

Desde mi punto de vista es triste que se sacrifiquen áreas verdes por parques de concreto.. pero como dices la civilización avanza.. pero eso es el avance o más estrés para esas familias que hoy vez felices disfrutando de una vida sin ajetreos???

Es que pese a mi estres particular, reconozco que vivo en un lugar que se respira paz.. y como te pasó a tí, al comienzo me costó adaptarme al silencio solemne de las noches... donde el sonido del silencio, retumbaba en mis oídos.

Es dura la vida en una gran capital, se gana más pero se vive peor (según mi punto de vista).

Un abrazo!!

Oswaldo Aiffil said...

Hooola Naaanyyyy! Claro, lo has dicho muy bien. El punto sería llegar a un equilibrio entre lo que demanda la vida moderna t lo que mantiene la vida en el planeta. Yo creo que se puede, por lo menos, poner un freno al desequilibrio que existe. Un beso bella!

Hola FEVC! De nuevo gracias por tus conceptos. Cuentos hay, poco a poco los iré publicando, además de que tengo que volver allá varias veces. Son muchas las historias que se tejen en esos pueblos de Dios. Un abrazo amigo!

Hola Liz! Gracias. Muchas gracias. Esa cajita la voy a atesorar hasta nuestro próximo encuentro. Un beso querida amiga!

Hola Domingo! Cierto. Cda vez nos tenemos que alejar más. Cuando voy a Mérida, Venezuela, un sitio montañoso y frio, consigo una tranquilidad y unas ganas de vivir een la gente de esos pueblos, que me provoca no regresar. Quizás un día decida quedarme por esos lares de Dios. Un abrazo Domingo!

Hola Zeucita! Es verdad, hay parte de esa paz que sale de adentro, y que la podemos encontrar independientemente de lo que suceda afuera. De eso se trata un poco la filosofía zen. Pero el entorno agobia, y eso es inocultable. Lo veo en los ojos de la gente de la ciudad, y los comparo con los mismos ojos de la gente del pueblo. Un beso Zeu!

Hola Moniqueen! Bueno tu relato de comparación. Hay algo definitivamente, y tiene que ver con la naturaleza de esos lugares. Un beso Moniqueen, debes estar en Caracas en estos días, avísame si hay tiempo para un café. Un beso!

Hola Maie! Es que las fotos de Luna son un mar de sensaciones. Es bella! Bueno que hayas disfrutado de mi relato. Eso motiva. Un beso querida Maie, y un besito a Luna!

Hola Waipu! No conozco Tarragona, pero me la imagino mucho más tranquila que Barcelona, y respiras ese aire puro y esa tranquilidad que yo describo en el post. Lo natural está presente. Disfrútalo mucho! Un beso!

Hola Khayo! Debe llegar el momento en que hagas un stop. Te sientes y medites sobre lo que estás haciendo, y hasta dónde vale la pena, porque el cansancio y las consecuencias del stress estarán allí para recordarte que debiste haber parado. Mira alrededor, y busca formas de encontrar tu paz interior, de relajar ese stress. Un abrazo Khayo!

Hola mi querida Day! Habla la voz de la experiencia. Y no dudo un minuto de que lo estás disfrutando mucho. Envíame fotos al correo gmail para acompañarte en tu disfrute del paisaje tirolés. Un beso cálido!

Hola Alleta! Da un poco de tristeza, pero no la sentimos cuando disfrutamos de las comodidades de la vida moderna. Si nos vamos aguas arriba de cada una de esas comodidades, tarde o temprano encontraremos un paisaje devastado en alguna parte. Podemos contribuir, de a poquito cada uno, por ejemplo, con el uso racional de la electricidad, del agua potable, ya es un paso muy grande en la conservación del ambiente. Un beso Alleta!

Hola Zel! Son dos ópticas diferentes de ver la vida, dos serenidades, lo natural siempre se distingue. El silencio, cuando vamos a esos lares, abruma al principio, pero luego se agradece, y se disfruta. Es como una gran limpieza de la casa mental. Un beso Zel!!

Hola Jenny! Antes que nada, besos a Sophi! Tu última frase lo resume todo, se gana más pero se vive peor. Ejemplos sobran. Hay ventajas y desventajas. Lo importante es llegar a un equilibrio que permita la conservación de lo natural, que es lo que definitivamente salvareá a las generaciones futuras, en las cuales, a veces no pensamos. Un beso Jenny linda!