Me
levanto muy temprano en esta madrugada de sábado. No hay canto de aves, ni el
viento osa silbar en las ventanas. A esta hora todos duermen.
Salto
de la cama porque me reconozco lento a estas horas y no quiero que lleguemos
tarde. Hacemos un café y lo tomamos conversando. Son las 5 pasadas. La charla
es amena y no queremos dejarla pero la calle espera, y también la larga fila de
compradores.
Así
la imagen cuando llegamos. Una fila enorme, que al acercarnos resultó que eran
dos. Una para el pollo y otra para la carne de res. Una a la derecha y la otra
a la izquierda. Nos dividimos la tarea. Me ha tocado la del pollo. La misma fluye
normalmente. No así la de la carne. No tardo en alcanzar a mi esposa. Conversamos
de fila a fila. Luego de una hora, mi cuñada pasa y nos saluda. Ella no va por
pollo ni por carne. Ha venido antes. Se marcha.
Las
conversas alrededor giran en torno a la situación del país, que es terrible. Yo
no quiero entrar allí, en ese mar de repeticiones y de turbulencias. Recurro a
mi libro. “Callisto”, de Torsten Krol, un autor al que nadie ha visto. Mientras
los improperios llueven sobre el presidente y sus colaboradores, yo leo. Me
sumerjo en ese paralelismo que me salva temporalmente de la barbarie.
Al
fin llego al puesto de los pollos. Compro con normalidad. Luego voy donde mi
esposa, que está en la otra fila. Desespera un poco porque no se mueve. Va
lenta. Y tiene cosas por hacer. Me propone un trato. Termino sin las bolsas de
pollo y ella prometiendo volver más tarde a buscarme.
Entro
en la atmósfera de la segunda fila. Para variar, el tema de conversación es
político. Me niego a compartir. Vuelvo a mi libro. Esta vez se acercan unas
personas con camisas con distintivos de un partido. Reparten volantes con la
figura de un candidato a la Alcaldía. No tomo ninguno. Lo que siento ahorita
por la política es poco menos que aversión. Me duelen los hechos recientes. Los
jóvenes asesinados en las manifestaciones y la oposición política negociando
con el gobierno. Las elecciones y sus dudosos resultados.
La
fila va lenta, y más lenta. Dicen que no pasan las transacciones electrónicas. Hay
escasez de efectivo. Aceptan transferencias que solo son posibles con teléfonos
inteligentes. Las horas pasan sin tregua. Delante de mi un señor me pregunta
por el libro. Se lo muestro, y también la semblanza de la contraportada. Dice
que le gusta, que parece bueno. Le digo que igual pienso. Nos ponemos a hablar
del punto en común que es no aceptar los volantes de los políticos caza votos.
Me da sus razones y coinciden con las mías. Así las cosas, ya se instaló la
conversa. El tema es uno de mis favoritos: la aviación. Es piloto comercial
jubilado. Esa gente tiene tema. La conversación se nutre. Le hablo de capitanes
a los que he conocido. A todos los trató. Los nombres le suenan familiares. Es
un mundo.
Hablamos
de sus experiencias como piloto, desde que se graduó hasta el retiro. Es como
hablar con un capitán de barco. Mil historias interesantes. Aterrizajes
forzosos, con cuota de terror incluida. Explicaciones técnicas. Aventuras.
Cuando mi esposa regresó ya habíamos hecho una biografía. Los años 50 y 60 con
sus vuelos artesanales: velocidad, brújula, viento y conocimiento de aviación.
El matrimonio, los hijos que crecieron e hicieron sus vidas. Ya tiene 82 años y
no los aparenta. Se ve más joven. Me dice que la vejez es un fantasma que está
todo el tiempo escondido hasta que una mañana, mientras te afeitas al espejo,
se aparece y te grita: “Aquí estoy yo, y vine para quedarme. A partir de allí
te duele todo.”
Da
gusto compartir con un piloto, sea de barco o de aeronave. Vienen dotados de
kilos y kilos de buena conversación. Con ellos el transcurrir del tiempo es
relativo. Se podría pasar el día sin aburrimiento. Pareciera que lo han visto
todo. En el fondo son como ingenieros de vuelo o de navegación. Son aliados del
viento. Y del mar.
Finalmente
llegamos al puesto. Compramos y nos despedimos. Ya no quedaba la carne que
buscaba, compré otra que sobraba, pero me fui satisfecho. Compartí con un
pionero.
* Imagen: www.aviationrainbows.com
6 comments:
A eso se le llama compartir buenos momentos para superar los malos. Por eso, aunque no pudiste comprar la carne que buscabas, te fuiste satisfecho con kilos de buena conversación.
Siempre es un placer leerte, Oswaldo.
Un fuerte y cálido abrazo
Hola Mirentxu! Muchas gracias. Feliz de saberte tan bien. Un abrazo enorme y un beso.
Qué época tan particular nos ha tocado vivir. Y a los venezolanos aún más. No quiero quejarme, y me parece que eres de los mismos, pero a veces me es difícil, es una lucha contra la amargura, que a veces toca batallar un día sí y otro también, pero hay que seguir adelante, y aceptar la vida que se nos presenta, y tratar de sacarle el mayor provecho. Quisiera enviarte toneladas de paciencia, otras tantas de esperanza, muchas otras de coraje y valentía, pero sobre todo de admiración, por la serenidad que transmites. Un abrazo.
Saludos Oswaldo, vengo a saludarte para desearte todo lo bueno en el 2018.
Hola querida Yolanda. Qué alegría me da saber de ti. Te deseo todo lo mejor. Espero verte alguna vez en el 2018 y compartir un café. Abrazo inmenso.
Hola Susie! Feliz 2018 en unión de tu familia. Gracias por tus conceptos hacia mi persona. Ojalá ocurra un cambio y todo vuelva a ser como antes, o parecido. Esto de ahora es un caos permanente. Un abrazo enorme y un beso.
Post a Comment