Tuesday, June 03, 2014

Despegue


La tarde cae serenamente. No así los recuerdos que me invaden en cascada. Nunca había visto el aeropuerto de forma tan detallada como ahora. Las obras no parecen haber terminado luego de tanto tiempo desde que comenzaron las ampliaciones.

El estacionamiento da la impresión de ser un depósito de vehículos de gente que ya no va a regresar, que se ha marchado en vuelos sin retorno.

Adentro hay una fila inmensa para buscar el pase de abordar. Nadie dice cual es la fila de cada aerolínea. No hay avisos ni señales. La gente enmudecida mientras espera su turno. Algunos no quieren mirar a nadie mientras pasean su mirada por las rendijas de las baldosas del piso. No me atrevo a interrumpir ninguno de esos silencios y me dirijo a la taquilla para informarme.

Ahora sí llego a la fila que me corresponde, y después de un tiempo accedo a mi pase. Pago el impuesto (porque para salir de aquí hay que pagar también) y me voy a inmigración. Allí me encuentro de nuevo con algunos pasajeros cuyas caras, aunque esquivas, ya me son familiares por lo de las filas.

Descubro que sus miradas son ahora más tristes, como prediciendo el momento que se aproxima. Me advierte el guardia que debo quitarme los zapatos, el cinturón, el reloj, la cartera y hasta el teléfono, los cuales deben pasar por el scanner y comprobar que no soy un terrorista en potencia. Casi desnudo, paso por el detector de metales mientras mis pertenencias pasan en paralelo por otra vía.

Retomo las cosas, me pongo de nuevo las prendas y me acerco a la sala de espera de la puerta de embarque que me corresponde. De nuevo mis vecinos de fila, esta vez con las lágrimas impidiendo ver la pantalla que anuncia los vuelos por despegar. Confirmamos la hora y nos enteramos que, por suerte, la puerta no ha cambiado. Cerca de ella una empleada de la aerolínea parece jugar con su celular haciendo tiempo. Luego suena un teléfono cercano. La empleada atiende e inmediatamente se pone en guardia y llama a formar filas para embarcar.

Pararme de ese asiento me ha costado. Me incorporo y pongo el asa de mi bolso sobre mi hombro. Miro alrededor procurando quedarme con una fotografía instantánea de la escena de la sala, de los asientos que comienzan a quedar vacíos a medida que la fila crece.

Entramos al avión y ocupamos nuestros puestos. Me toca ventana. Desde allí veo a las aeronaves vecinas, como inmensos pájaros aletargados, esperando su turno para volar.

Abajo, en la pista, los empleados se afanan en dar los últimos toques mientras yo miro al horizonte. A lo lejos se ve el mar, la costa, la montaña llena de casas, el edificio del aeropuerto, la pista gris que se confunde con la línea azul del mar en el infinito. Y las lágrimas que comienzan a salir, nublando mi visión.

Me paso las manos por los ojos para dejarlas salir y que no me impidan ver lo que queda de mi país.

La azafata anuncia la partida. El pájaro de acero carretea por la pista con un ruido que semeja un silbido sin fin. Se aproxima el despegue definitivo.

Se escuchan tres campanadas en la cabina, y de inmediato tomamos velocidad y nos elevamos.

Yo miro por la ventana como último intento para retener paisajes, colores. Hay cosas que no veo por la ventana, pero que siguen cayendo en cascada por mi mente. Son risas familiares, llantos, abrazos, palmadas, miradas tristes, otras alegres, adioses.

Las lágrimas insisten en seguir su caída libre sobre mis mejillas hasta que, finalmente, retiro la mirada de la ventana cuando ya solo quedan nubes blancas y un cielo medio azul medio gris que lo cubre todo.

El pájaro de acero se estabiliza y vuelve a emitir su silbido infinito, mientras yo quedo con la mente en blanco, sabiendo que mi historia en el país quedó sellada en los breves segundos que duró el despegue.


Cierro los ojos para darme cuenta de que sí, que el país no se quedó en la pista como pensaba, no. El país sigue allí, conmigo en el avión, y no me abandonará nunca, aunque habite para siempre en tierras muy lejanas.

*Fotografía: www.minci.gob.ve

Saturday, May 17, 2014

Océano (Djavan)


Amaneció
Y desde lo alto del mar de la pasión
Podía ver desmoronarse el tiempo
¿Dónde estás? ¡Qué soledad!
¿Te olvidarás de mí?
En fin

De todo lo que existe en la tierra
No habrá nada en ningún lugar
Que pueda crecer mientras no llegues

Lejos de ti todo acabó
Nadie sabe cuánto sufrí

Amar es un desierto
Y sus temores
Vida que cabalgas en la montura de los dolores
Y no sabes volver
Dame tu calor

Ven a hacerme feliz
Porque te amo
Desaguas todo en mí
Y yo, siendo océano,
Olvido que amar
Es casi un dolor
Y que solo se vivir

Si es para ti



Sunday, May 04, 2014

La brevedad de un amor que no cesa


El día se me ha hecho largo hoy. He quedado para salir pero un malentendido ha hecho que la cita se haya ido al traste. Ha fallado la comunicación.

Y es que uno se abruma con tantas noticias que la perspectiva entre lo real y lo irreal se termina perdiendo.

Mi hija y yo conversamos hoy por teléfono. Ella está lejos. Sin embargo la línea nos acerca, luego de vencer más de un obstáculo. El amor lo puede todo.

Estamos todos tristes porque un angelito que llegó a nuestras vidas se nos fue esta semana. 

Se llamaba Tequila, un yorkshire terrier hermosísimo por fuera y por dentro. Nuestro último encuentro ocurrió hace apenas dos semanas porque luego del divorcio ella fue de los que se quedaron en la otra casa…

Hace algún tiempo hice un ejercicio literario sobre un perro. No sé de donde me salió porque nunca había tenido uno en casa y teníamos la regla de no tenerlo porque consideramos que para un perro no es el ambiente adecuado tenerlo en un apartamento. Pero igual me gustó y quizás correspondió a un deseo oculto que no sabía cómo manejar (pueden leerlo aquí, si gustan).

Menos de un año después de haber hecho el ejercicio llegó mi hija una noche a casa con un perro debajo del brazo (la historia, también si gustan, la pueden leer aquí). Viviría con nosotros. Temporalmente, porque en mi caso (previo al divorcio) ya se había acordado que me iría a vivir a otra parte. Mejor dicho, ya me lo habían pedido. Y con el tiempo en contra yo sabía de antemano que mi permanencia en esa casa no sería lo suficientemente larga como para disfrutar a la nueva vecina.

Demás está decir que fue amor a primera vista. Pero amor del bueno. Al día siguiente ya nos necesitábamos. Ya nos extrañábamos. Y se fue incrementando con el pasar de los días. Hasta llegar a lo que fue siempre, un amor que superó las distancias (cuando me mudé) y el tiempo de contacto (cuando nos veíamos teníamos que darnos un tiempo para el abrazo prolongado).

Todos los días pensaba en ella, en la próxima visita, en el próximo contacto, y a veces pasaban días, semanas sin poderla ver. Pero el amor permanecía intacto, por parte de los dos.

El sentimiento mutuo es una cosa en la que no bastan las palabras para describirlo porque ya lo he intentado y nunca he podido hacerlo. Yo creo que a eso le llaman amor y es el único vínculo que nos unió desde siempre.

Y utilizo el verbo unir en pasado porque Tequila se ha ido. Ha muerto el 29 de abril, tres años después de haber venido a nuestras vidas.


Fue un tiempo muy breve, muy corto, pero que estuvo lleno de momentos inolvidables para mí. Todos, absolutamente todos los encuentros fueron momentos de extrema felicidad. Nunca los olvidaré y los llevaré conmigo adonde vaya. Porque Tequila, allá mismo donde estés, tienes un pedazo de mi corazón, como yo tengo uno del tuyo, para siempre…

Saturday, April 19, 2014

Breve pausa de librerías


Los acontecimientos que ocurren ahora en Caracas me han hecho estar más tiempo en la casa. Mi rutina de librerías no está ocurriendo como antes de las protestas, en gran parte porque mis librerías favoritas están ubicadas en sitios neurálgicos.

Pero soy con los libros como las hormigas. Esas que van recogiendo la comida cuando todo el mundo está entretenido en otras cosas, y cuando viene el invierno pueden guardarse por meses, que no les faltará alimento.

Así estoy yo, con una lista larga de lecturas pendientes que estoy aprovechando, ahora que no puedo ir con frecuencia a ver libros afuera. Y de la misma forma me descubro como una persona que, pese a saber que tiene una lista larga de pendientes, va a las librerías a buscar novedades, e insiste en comprar.

Donde quiera que vaya lo primero que hago es preguntar donde hay una buena librería y para allá voy. Soy adicto a ese olor de papel y tinta, a pasearme lentamente por los anaqueles, hojeando aquí y allá, comparando las lecturas que me provocan con las que tengo pendientes en la casa y, finalmente, antecediendo alguna nueva que llame mi atención.

A veces, la falta de novedades es mi salvación: no compro. Pero eso no ocurre siempre, porque a pesar de los problemas para traer libros actualmente a Venezuela, los libreros se las arreglan para poner siempre algo interesante frente a mis ojos.

En estos días vi una edición hermosísima de “Doña Bárbara” de Rómulo Gallegos, de Editorial Armitano, con unas preciosas ilustraciones del artista plástico Alirio Palacios, de colección, y de repente en mi mente se armó un plan de releer a Doña Bárbara. Salí con ella debajo del brazo.

Falleció Gabriel García Márquez y me entraron ganas de releer la que para mí es la obra perfecta: “Cien años de soledad”. Afortunadamente ya había comprado la edición del 40 aniversario.

Y así voy, pasando el tiempo entre lecturas, viajando a esos universos paralelos, producto de la creatividad de un escritor, que a veces se confunden con la realidad y nos dejan como a Chuang Tzu, sin saber si es un hombre soñando como una mariposa o viceversa…

*Imagen: www.impulsocreativo.com.ve

Sunday, April 06, 2014

Mientras pasan los días...


Esta mañana me levanté temprano a escribir algo en mi blog, que está medio abandonado en los actuales momentos, debido a las terribles circunstancias que vivimos en Venezuela.

Antes de comenzar a escribir di una pasadita por Twitter para enterarme que estaban bombardeando la zona donde vivo con gases lacrimógenos.

Pronto empezaron a llover los tuits de varias personas denunciando los abusos y las detenciones.

Pronto se me quitaron las ganas de escribir.

Eso fue a las 5 am y son las 12, y todavía permanecen alrededor, gaseando los edificios y las calles sin contemplación. Sin detenerse a pensar que hay niños y ancianos durmiendo en los edificios aledaños.

Y así no provoca escribir. Todos los días rezo para que termine esta pesadilla, pero va para largo.

Todos los días aumenta el número de detenciones de estudiantes, de represión de manifestaciones y de violaciones de derechos humanos fundamentales. Y todo eso ante la mirada indiferente del mundo, con pocas, muy pocas excepciones.

Nunca la compra de conciencias fue tan evidente. Nunca quienes en otro momento nos habían pedido apoyo y refugio habían tenido la oportunidad de darnos la espalda como lo han hecho ahora.

Nos sentimos solos, y así, en solitario, llevamos esta lucha.

Todos nos sentimos afectados de un modo o de otro. Hay mucha gente que lucha y sufre callada. No se puede confiar en nadie. Se han puesto de moda las delaciones, como en Cuba.

Aspiro a despertar un día y ver a mi país en libertad. Solo aspiro a eso. Mientras tanto resuenan en mi mente aquellas palabras del Nobel mexicano Octavio Paz:
“Las masas humanas más peligrosas son aquellas en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo... del miedo al cambio."

*Fotografía de Isaac Paniza en Instagram (Ipaniza).

Saturday, March 15, 2014

El presente y el pasado


Estos días pasan a marcha forzada. No veo gente concentrada en el trabajo. Todos, un poco más, un poco menos, están sumidos en sus pensamientos.

La calle está que arde. Bombas molotov por los aires y luego el ruido de los vidrios y de la llamarada que recobra fuerza al estrellarse en el piso. Acto seguido viene la receta: perdigones, granadas de aturdimiento y gases lacrimógenos vencidos entran en el cóctel represivo. Como guindas del pastel tenemos palos, golpes, puños y empujones como cantaba Ismael Miranda en la Galera Tres.

Siendo ese el menú principal en las redes sociales (la TV local sigue como si nada estuviera sucediendo), la angustia y la zozobra siguen reinando en cada uno de los seres que puebla este país petrolero llamado por Américo Vespucci “Venezuela”, por la semejanza con la Venecia que dejaba atrás.

Me preocupan mis hijos, que están en la Universidad, y son protagonistas de la situación, como todos los estudiantes del país. Me angustian sus sueños y sus esperanzas de vivir en un país más tranquilo. Me duele verlos en cada estudiante torturado, detenido, amarrado, vejado y humillado por las "fuerzas del orden".

Como no vivo con ellos desde que me divorcié, los invito a cenar y mientras los espero en el área de estacionamiento de un restaurante, voy a preguntarle al empleado la hora de cierre del mismo, para que nada nos sorprenda.

“¿Hasta qué hora estarán abiertos?” le pregunto y me responde: “¿Cómo estás Aiffil?”. Me quedo de piedra, mirándolo de pies a cabeza en la penumbra, sin reconocerlo aún y me insiste: “Soy Bolívar, ¿no te acuerdas?”

Como Aiffil (mi apellido) solo me llaman aquellas personas con las que he estudiado en la Escuela Secundaria y la Primaria, y Bolívar es de la Primaria. Por lo menos 40 años sin  verlo ni hablarle, pero su memoria es mejor que la mía y me ha reconocido al apenas verme. Qué pena.

Me vino a la mente una fotografía de grupo que nos tomamos cuando estábamos en la mitad del sexto grado de Primaria, allá por 1974. Éramos unos treinta. Cada vez que la veo me pregunto sobre el destino de casi todos, porque somos pocos los que aún tenemos contacto.

Los imagino en otros países, en otras ciudades de Venezuela, con hijos, algunos con nietos. ¿Les pasará igual que a mí, que de vez en cuando los recuerdo y me pregunto de su destino? ¿O lo habrán olvidado todo, conscientes de que lo pasado es pasado y es un esfuerzo inútil empeñarse en revivirlo? ¿O tal vez tendrán recuerdos nítidos y fotográficos, como Bolívar? 
Quién sabe.


*Imagen del restaurante y el estacionamiento: www.alcaldiadebaruta.gob.ve

Sunday, March 02, 2014

Zozobra


El diccionario de la Real Academia Española tiene, entre otras, la acepción siguiente para esta palabra que titula el post: Inquietud, aflicción y congoja del ánimo, que no deja sosegar, o por el riesgo que amenaza, o por el mal que ya se padece. Es lo que siento, es lo que se siente en Venezuela hoy día.

Le pregunto a un joven sobre lo que pasó cuando mataron a Bassil Da Costa, joven estudiante venezolano, asesinado luego de una marcha estudiantil, y me dice lo siguiente:
Fuimos en manifestación consignar un documento a la Fiscalía General de la República. La Fiscal General no nos recibió. No se pudo entregar el documento en la entidad. Leopoldo López nos indicó que hasta allí llegaba la protesta ese día. Que luego anunciaría próximas acciones. Y se marchó en el Metro.
Nosotros, los estudiantes, estuvimos allí unos quince minutos más y decidimos irnos a casa. Yo me fui en el Metro y no fue hasta llegar a casa cuando me enteré de los eventos trágicos que ocurrieron después, en boca de mi mamá que, angustiada, me esperaba en la casa, muy desesperada por no tener noticias de mí, de la misma forma que yo no tuve noticias de lo que había ocurrido minutos después de haberme ido.
Llamé a un amigo que se había quedado y me contó que cuando se retiraban en sana paz fueron emboscados por elementos armados en calles cercanas a la Fiscalía. Algunos estudiantes se enfrentaron con piedras a quienes les cercaban el paso. La respuesta fue de disparos. Mi amigo estuvo cerca de Bassil cuando lo hirieron. Estaba en el grupo que lo esperó cuando lo recogieron. Ya estaba muerto de un disparo en la cabeza. Ya Bassil, como yo, no podría regresar a casa. Ya su mamá, como la mía, no tendría sosiego esa tarde, ni la siguiente, ni las otras tardes por venir.”
¿Qué sientes por lo que pasó? –pregunté.
“Rabia, mucha rabia e impotencia. Rabia por la represión desmedida hacia estudiantes desarmados. Rabia de saber que esas son las personas que nos gobiernan. Rabia de saber que habrá impunidad. Impotencia por no haber estado allí y haber podido ayudar.”

A partir de allí, la cadena represiva se incrementó hasta el punto de contabilizar oficialmente 18 muertos hasta la fecha. Las manifestaciones no cesan, como tampoco las operaciones represivas.

Hay cosas que nunca cambiarán. La imagen del gobierno, por lo menos en lo que respecta a los derechos humanos consagrados en la Declaración Universal, ha quedado seriamente dañada tanto dentro como fuera de Venezuela. Y mientras pasan los días, una sensación desagradable nos invade. Una inquietud por lo que viene. Por lo que falta por ocurrir. Por las violaciones reiteradas y el pisoteo a los derechos humanos, ignorados a su vez por los entes oficiales llamados a resguardarlos y hacerlos respetar.
Venezuela ya no es la misma. Hay zozobra en el ambiente…
*Imagen: Sitio donde asesinaron a Bassil Da Costa. Fuente: Cuenta Twitter de la FCE UNIMET @fceunimet

Saturday, February 08, 2014

Matrimonio por interés...


Hola queridos amigos y amigas. Aún no he salido del atolladero en que estoy metido por culpa de mi trabajo, pero ahí vamos y creo que la semana que viene bajará la presión y la carga de trabajo.

Para aliviar el stress he recurrido a la lectura. Y aunque el cansancio me ha limitado un poco, es bastante lo que he podido leer.

Como es mi costumbre. No voy a quedarme sin compartir lo bueno que llega a mis manos. Hay varios, pero uno que resalta.


Se trata de un librito que compró mi esposa y que yo ya había visto en los anaqueles pero aún no había comprado. Bastó verlo en la casa para que me antojara. Y valió la pena. Son cuentos, varios cuentos, muy actuales, a pesar de haber sido escritos entre los años 20 y 50 del siglo pasado. ¿El autor? Mijail Zóschenko. ¿Y cómo se llama el libro? “Matrimonio por interés y otros relatos” (Acantilado, 2005). ¿De qué va? Pues son hechos cotidianos en los que el autor disimula sus críticas al régimen estalinista a través de la sátira. A pesar de haber transcurrido casi un siglo desde la escritura de estos relatos, los mismos gozan de una frescura y una actualidad increíble. Muy bien podrían funcionar de haber sido escritos en esta época. Y me he reído muchísimo leyéndolos. Los he disfrutado muchísimo. 

Todos, absolutamente todos son buenos. Y todos me han hecho reír a carcajadas. No sé si a esto ha ayudado la buenísima traducción al español de Ricardo San Vicente. Con sus “dale que te pego”, “mira tú por donde”, “la madre que te parió”, “qué paquetito ni niño tuerto” y otras genuinas expresiones españolas le ha puesto lo suyo a la comicidad del original para hacer de este un libro imprescindible para los que, como yo, buscan de algún modo evadir la cruel realidad a través de la lectura de relatos de ficción. Y como nota adicional o valor agregado, parafraseando el slogan de un programa cómico de la televisión venezolana: “¡Y se divertirán!”.

Saturday, February 01, 2014

Tiempo sin escribir...


Hola a todos. Tiempo sin escribir. Pero aquí voy de nuevo. La vorágine de los acontecimientos técnicos me tiene virtualmente secuestrado de las letras. Aunque me resisto a ello, y he seguido leyendo algunos libros en este frio mes de enero en Caracas.

Les cuento que, de vez en cuando, uno tiene que renovarse desde el punto de vista técnico, so pena de quedar fuera de carrera frente a una juventud cada vez más tecnológica que nos va empujando a quedar como simples asesores mientras ellos ejecutan todo el trabajo. Te consultan aspectos complicados como quien acude a un “help” o ayuda virtual de un programa: “¿Cómo hago cuando esto sucede?”, “¿Qué material utilizo en estos casos?”. Pero del resto permaneces en una especie de aislamiento del proceso que se efectúa, que en ingeniería conocemos como diseño. Y si te dejas, por falta de uso, te vas quedando postrado y sumido en la obsolescencia. Más aún cuando los programas o software poco a poco te van sustituyendo con un “help” más profundo y ambicioso, lo que va llevando a las nuevas generaciones a reducir sus consultas personales a la mínima expresión, hasta un punto en que sinceramente ya no eres necesario en el proceso de creación de la ingeniería.

Es la misma cadena que ocurre, por poner un ejemplo, en los bancos. Ahora cuando vas a las agencias bancarias (si es que no lo haces de forma electrónica vía internet, desde tu casa), ya no intercambias palabras con los cajeros. En muchas ni siquiera están presentes. Si quieres hacer un depósito o retiro de dinero encuentras disponibles los cajeros electrónicos, unos artefactos que pueden hacer cualquier transacción y están fabricados a prueba de torpes. Te van diciendo cada uno de los pasos del proceso de realización de, digamos, un depósito, con voz e imágenes incluidas. Nunca nada fue tan fácil. Y el material humano ya no hace falta. Es más, ya no está en los bancos. Ni que decir de las ensambladoras de autos y un sinfín  de procesos que ya están totalmente automatizados.

De manera tal que este año he decidido actualizarme en el manejo de todos los programas electrónicos relacionados con mi carrera de ingeniería. Gracias a Dios conozco el funcionamiento de algunos y el proceso es el mismo, solo que ahora son más amigables, están cargados de imágenes y tienen un banco de datos que uno jamás podría reunir (libros, normas de cálculo, detalles típicos, entre otros). Y en esas ando.


Me he prometido escribir más a partir de este mes así que ya les iré contando acerca de los maravillosos libros que he leído últimamente, los viajes, la cotidianidad y otras cosas. Gracias por permanecer. Los quiero mucho.

Wednesday, December 25, 2013

Mis lecturas del 2013


Mis lecturas del 2013
El año 2013 me ha sorprendido por el mero hecho de que encontré más tiempo para dedicar a la lectura. 

Mi número de libros leídos creció de un máximo de 35 en el 2012 a 45 este año. Estoy muy contento por eso, sin embargo debo confesar que me estuve presionando todo el año en un empeño por llegar a 52 (uno por cada semana del año). Aun cuando leí más, debo admitir lo estúpido que me sentí al presionarme por leer cuando esa es una actividad que realizo por placer y no por establecer números. Así que no volveré a hacerlo de esa forma y sólo leeré cuando encuentre el tiempo y la voluntad de hacerlo. Así será en el 2014.

Mi deseo principal para el año que viene es el mismo del año pasado: lean, lean mucho, porque leer los hace diferentes. Así que lean lo que se les antoje, disfruten esas líneas que otros han escrito para nosotros. La lectura nos deja mucho, así que busquen, indaguen, prueben autores, que en algún momento se encontrarán enganchados con un libro, y después otro, y otro más, es algo maravilloso.

Me fue difícil escoger cual fue el que más me gustó, según mi propio criterio, esto es, el que me abstraiga en mayor grado de la realidad, y me haga vivirlo intensamente. El ganador es “Cartero” de Charles Bukowski (Anagrama, 2011). Un texto autobiográfico del autor, donde relata parte de su vida como empleado de la oficina de correos de Los Ángeles. Permanecí sumergido en él, lo viví, lo sufrí, me reí y me sentí triste al terminarlo, porque quedé con ganas de más.

Aparte de “Cartero” quiero hacer algunas menciones, que recaen en “Arena negra” (Lugar Común, 2012) y “Una tarde con campanas” (Equinoccio, 2012), ambos de Juan Carlos Méndez Guédez (extraordinario autor) y la ya famosa trilogía de “Los Juegos del Hambre” de Suzanne Collins, cuyo personaje principal, Katniss Everdeen logró mantenerme al borde a lo largo de 1200 páginas (“Los Juegos del Hambre”, “En Llamas” y “Sinsajo”; RBA Libros, 2012). Inicialmente leí por probar ya que pensaba que estaban hechos para adolescentes, pero la trama me atrapó y los disfruté al máximo, por lo que no dudo en decirle a todos que se despojen de prejuicios y se sumerjan en la adictiva prosa de Suzanne Collins, que es realmente cautivante.

La aventura lectora incluyó los que a continuación enumero:

“Kashtanka. Historia de un perrito”,  Anton Chejov. Gadir Editorial, 2009.

“Los adioses”, Juan Carlos Onetti, Santillana, 2011.

“Cartero”, Charles Bukowski. Anagrama, 2011.

“Mi país inventado”, Isabel Allende. RandomHouse Mondadori, 2010.

“Pedro León Zapata: por amor propio”, Nelson Rivera, Editorial CECSA, 2012.

“Las rayas”, Rodrigo Blanco Calderón. Punto Cero, 2011.

“Aviones de papel”, Marianne Díaz Hernández. Monteávila Editores, 2011.

“Cuentos en el espejo”, Marianne Díaz Hernández.  Monteávila, 2008.

“Departamento de Objetos Perdidos”, Marianne Díaz Hernández (Inédito en papel).

“Arena negra”, Juan Carlos Méndez Guédez. Lugar Común, 2012.

“La Bailarina”, Ogai Mori. Impedimenta, 2011.

“Cambios”, Mo Yan. Seix Barral, 2012.

“Ocho escenas de Tokio”, Ozamu Dasai. Sajalín Editores, 2012.

“Vida de un idiota y otras confesiones”. Ryunosuke Akutagawa. Satori Editorial, 2012.

“Tú y yo”, Niccoló Ammaniti. Anagrama, 2012.

“El paraíso de los gatos”, Emile Zolá. Gadir Editorial, 2012.

“Lluvia”, Victoria de Stefano. Candaya, 2006.

“Inmerso en tu recuerdo”, Jesús Lizarraga. Ediciones J. Lizarraga, 2013.

“Rebelión en la granja”, George Orwell. Destino, 2006.
“1984”, George Orwell. Destino, 2011.

“Doce cuentos peregrinos”, Gabriel García Márquez. Norma, 2003.

“Los platos del diablo”, Eduardo Liendo. Editorial Patria Grande, SF.

“1Q84. Libros 1 y 2”, Haruki Murakami. Tusquets, 2011.

“Todos vuelven”,  Angel Gustavo Infante. Equinoccio, 2012.

“Rosa cándida”, Audur Ava Olafsdóttir. Alfaguara, 2011.

“Las cosas que no nos dijimos”, Marc Levy. Planeta, 2012.

“El traductor”, Daoud Hari. Urano, 2008.

“Nocturno de Chile” Roberto Bolaño. Anagrama, 2011.

“Factotum”, Charles Bukowski. Anagrama, 2011.

“Los juegos del hambre”, Suzanne Collins. RBA Libros, 2012.

“8.8: el miedo en el espejo”, Juan Villoro. Punto Cero, 2011.

“Cada siete olas”, Daniel Glattauer. Alfaguara, 2011.

“1Q84. Libro 3”, Haruki Murakami. Tusquets, 2011.

“Las guerras íntimas”, Roberto Martínez Bachrich. Lugar Común, 2012.

“La senda del perdedor”. Charles Bukowski. Anagrama, 2011.

“Los años de peregrinación del chico sin color”, Haruki Murakami. Tusquets, 2013.

“Los culpables”, Juan Villoro. Anagrama, 2008.

“El gran vidrio”, Mario Bellatin. Anagrama, 2007.

“Una tarde con campanas”, Juan Carlos Méndez Guédez. Equinoccio, 2012.

“En sueños matarás", Fedosy Santaella. Alfaguara, 2013.

“Café Italia. Ambiente familiar”, Juan Carlos Zapata. El parricida, 2013.

“En llamas”, Suzanne Collins. RBA Libros, 2012.

“Roberto Clemente vs. Sandy Koufax. El último encuentro”, Humberto Acosta, Libros del Fuego, 2013.

“Historias de mujeres perversas”, Marianne Díaz Hernández (Inédito en papel).


“Sinsajo”, Suzanne Collins. RBA Libros, 2012.

*Anexo link a las escogencias del 2012.

Saturday, December 21, 2013

Se va diciembre...


Finaliza diciembre, a paso raudo. No parece. Hay una especie de tranquilidad, como aquella que precede a la tormenta.

Cuando miro al cielo, en las noches, la Luna y Venus nos observan, brillantes, desde el cielo. En las noches despejadas el brillo es tal que, como en 1Q84 de Murakami, parece que tuviésemos dos lunas.

No he tenido mucho tiempo para escribir en estos días. Apenas unas líneas sobre Mandela, quien nos dejó a principios de mes. Luego pasó el tiempo y decidí no publicarlas porque he leído lo mismo y hasta la saciedad en blogs, revistas, diarios y pare de contar. Gracias Madiba por todo lo que nos dejas. Tu legado es universal.

Lo que si he hecho es leer bastante. Al comenzar el año me fijé la meta imposible de leer 52 libros, equivalente a uno por semana. Pero, como dije antes, las labores técnicas lo han impedido, se han robado el tiempo de la literatura.

De lo que he leído me ha costado escoger el mejor, según mi punto de vista (el que me provoque más emociones como lector, aquel cuya narrativa me parezca la mejor). Hay algunos muy buenos, y como todo, otros que me ha costado terminar porque se me han hecho muy pesados.

Pero he aquí que ya el año se nos va, y a diez días de finalizar, ya toca publicar la lista. Lo haré el día de Navidad.


A mis lectores, amigas y amigos del blog, les agradezco mucho la lectura y las visitas a ésta, su casa virtual. Este año ha sido cuando menos he escrito, pero no por ello he perdido las ganas. Por el contrario, lo he tomado como unas breves vacaciones. Continuaré plasmando mis ejercicios literarios, mis reflexiones y vivencias en el 2014. Que pasen todos unas felices fiestas y que los buenos deseos puedan convertirse en realidad, una realidad donde la humanidad salga beneficiada como producto de sus acciones. Que el amor se apodere de vuestros corazones. Los quiero mucho.