Saturday, December 24, 2011

Muriel Barbery y la elegancia de las palabras




Hola a todos. Es víspera de Navidad y antes que nada les deseo que sus metas para el 2012, que está a la vuelta de la esquina esperando, se cumplan y con ello les traiga paz a ustedes y a sus familias y amigos.

Hoy amanecí leyendo. Lo hago con una autora que me ha cautivado con su estilo narrativo y la profundidad y sencillez con que aborda filosóficamente los temas de la vida cotidiana de las personas. Estoy a punto de terminar, y es de esos autores que, cuando los lees, no quieres que el libro se termine porque su lectura es un total disfrute.

Es satírica en su prosa, sencilla, muy elegante en el uso de las palabras y en los hechos que describe en sus obras. La elegancia al escribir es algo que yo agradezco mucho.

Los personajes tienen vida propia y demuestran que no importa tu status social, puedes ser un verdadero aristócrata, hecho que resalta por tus gustos, tus maneras, tu forma de ver y sentir la vida.

La crítica social también está presente, de una manera cáustica unas veces, sarcástica otras tantas.

La escritora de la que escribo se llama Muriel Barbery, y sus libros, el que leí, “Rapsodia Gourmet” (Seix Barral, 2010), y el que termino hoy, “La elegancia del erizo” (Seix Barral, 2010).

Un fenómeno curioso es que he leído el libro en su traducción al inglés, “The elegance of the hedgehog” (Europa Editions, 2011) y en español, con lo cual he aprendido que el traductor no es inerte, y deja su huella personal en lo que traduce, sobre todo en los diálogos, a los cuales les da un ligero toque personal.

“La elegancia del erizo” es uno de los libros más hermosos que he leído en mi vida, y concuerdo con la autora en que “un texto se escribe para ser leído, y para provocar emociones en el lector”. Este libro es una prueba de ello. 

Hermosísimo y altamente recomendable.

¡Aplausos para Muriel Barbery!


*Fotografía: Muriel Barbery, por Cristóbal Manuel en "El País" de Madrid.

Sunday, December 18, 2011

Solidaridad



2011 ha sido un año muy cargado en lo que a violencia se refiere. Los números lo reflejan y la conducta de nuestros semejantes también.

Basta ver las reacciones en el tráfico, en las aceras de la ciudad ante problemas que en apariencia son muy sencillos de resolver.

Sin embargo no he perdido la fe en el ser humano, esa misma fe que tarde o temprano nos llevará hasta un mundo mejor.

La actitud de esta joven, que con mucha paciencia traspasó la reja de un negocio con un plato de leche para un gatito recién nacido, que yacía agazapado en un rincón, maullando su hambre en solitario.

El platito de leche apenas cabía a través de la reja. La muchacha lo pasó en primera instancia,  y luego lo colocó sobre la punta plana de la vara con la que, haciendo gala de mucho equilibrio, lo trasladó hasta el rinconcito donde el gato maullaba de hambre y frio.

Lo posó sobre el piso y haciendo suaves movimientos desprendió el plato de su soporte, tratando de no derramar la leche salvadora.

Finalmente el gatito saciaría momentáneamente su hambre de horas, ¿o días?

Estuve observando la acción un buen rato, sorprendido como otros transeúntes que se unieron al grupo que silenciosamente observaba todo.


Una vez terminada su obra, la joven me miró y me preguntó sobre la hora de apertura del negocio al día siguiente.

El gatito definitivamente había perdido su condición de actual abandono.

Y yo reforzaba mi fe en que la humanidad aún tiene futuro, sobretodo con gente como esa joven.


¡Dios la bendiga siempre!

Post-data: Este es mi post número 400. Gracias por el apoyo, las visitas, el cariño y la presencia. Eso me hace feliz. ¡Los quiero!

Sunday, December 11, 2011

Cuba en el horizonte


Verdaderamente aún no sé a qué corresponde ese impulso por conocer la vida cotidiana de la gente de Cuba.

Sólo sé que me acompaña desde tiempo atrás y que cuando encuentro a un cubano no hago más que preguntarle sobre la vida en la isla, sus costumbres y hábitos, a qué dedica el tiempo libre cuando está allá, sus impresiones personales y esas cosas.

Leo bastante lo que me llega a la mano sobre ese tema, especialmente lo que no atañe a la política sino a la cotidianidad de la gente específicamente, y a la cultura, los paisajes, las anécdotas.

Ya he leído a varios autores que han contado su experiencia sobre la vida cotidiana cubana, bien como crónica, ficción o experiencia personal, como Rafael Osío Cabrices en “Salitre en el corazón” (Debate, 2003), Pedro Juan Gutiérrez en “Trilogía sucia de La Habana” (Anagrama, 1998) y “El nido de la serpiente. Memorias del hijo del heladero” (Anagrama, 2006), Daniel Chavarría en “Lo que dura, dura” (Ediciones B, 2005) y la que acabo de finalizar: “La Habana sin tacones” de María Elena Lavaud (Libros Marcados, 2011) y no hago más que confirmar esa tarea pendiente de visitar la isla y palpar directamente esa realidad.

Ahora me dispongo a leer “Cuba libre. Vivir y escribir en La Habana” de la escritora Yoani Sánchez (Debate, 2010). Ya les contaré mis impresiones.