Saturday, October 24, 2009

Los tiempos de la Uni


El mundo gira. La vida pasa sin parar. Lejos está ya la época en que como estudiantes universitarios, veíamos que el mundo giraba en torno a nuestra rebeldía juvenil, aquella que nos impedía quedarnos en la casa los fines de semana, y nos impulsaba a salir con las chicas que se atrevían a acompañarnos a interminables rondas de música, alcohol y conversaciones variopintas, que tenían como temas la solución a todos los problemas del mundo moderno, rivalizando con los taxistas y los barberos, aunque (es lo que pensábamos) nuestras ideas eran más atrevidas, más novedosas, más audaces, menos acartonadas, más revolucionarias (sin la acepción política que dicha palabra tiene actualmente).

Un día de alguna de nuestras infinitas salidas podía comenzar en un café de la universidad, cambiar de ambiente y pasar de improviso a una tasca (taberna) de Sabana Grande, hasta la madrugada, y terminar en una playa del litoral central, lavándonos la cara con agua de mar y disfrutando de la fresca brisa marina de la mañana.

En esos días no existía el teléfono celular, y me había ganado la confianza de mis padres, quienes nunca (hasta donde yo se) se angustiaron de mi desaparición de fin de semana, que muchas veces alcanzaba desde el viernes en la mañana, cuando partía a las clases, hasta el día domingo por la tarde, cuando regresaba pleno de felicidad y nuevas experiencias y cuentos por contar, “mucha tela para recortar” como diría mi madre en ese entonces.

Fue en la universidad cuando por primera vez sentí lo que significaba la independencia, establecer mi propio horario de hacer las cosas, el ser libre, poder moverme a mis anchas por el mundo, por el pequeño mundo que yo mismo me había construido, y tallado justo a mi medida.
Fueron cinco años fabulosos, donde aprendí tantas cosas de la mano de profesores magníficos unos, huraños otros, unos simpáticos, otros muy serios, o amigables, pero siempre dispuestos a incrementar nuestros conocimientos técnicos, con uno que otro “tip” sobre cosas de la vida que teníamos por delante, y que nos encontraba en plena etapa de madurez.

El día que me gradué, estuve extrañamente silencioso, nostálgico, un poco ausente. Luego de los abrazos y fotografías de rigor, para luego eternizar el momento, fuimos a cenar, mis padres, algunos amigos y yo. Bueno, no se si yo estuve allí, porque me sentía ausente, invadido por pensamientos y sentimientos encontrados. Era como ver la película de esos cinco años pasando por mi mente sin parar. Flashes de imágenes aparecían por todos los rincones de mi mente, y producían en mí sonrisas furtivas, lágrimas, momentos de seriedad, angustias vívidas, y sobre todo, unas ganas inmensas de salir corriendo a parar el mundo, rebelde aún, y volver a esos tiempos que se escapaban de mis manos sin que yo pudiese hacer nada.

Al día siguiente volví a la universidad, caminé por los pasillos, miraba los edificios e instalaciones, y ya no era lo mismo, y nunca más ha vuelto a serlo.

En alguna parte quedó esa magia que viví por tanto tiempo (nunca me senté a pensar en que algún día terminaría, dicha sea la verdad) y que me hizo sentir la vida a plenitud. Mis días de estudiante, que intento revivir cada vez que vuelvo a la universidad y camino por sus anchos pasillos, inmensos, que aún me susurran tantas anécdotas ocurridas en éste o aquel lugar y me alborotan los recuerdos.
*Fotografía del Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, con los famosos platos de Alexander Calder, via photobucket.com

Thursday, October 15, 2009

Mariale y el Blog Action Day 2009


Querida Mariale: siento haber tardado tanto en responder pero es que en los últimos días las horas no me alcanzan para hacer todo lo que quiero hacer. Las 24 que me han dado me han demostrado ser insuficientes para un solo día. Propongo un fin de semana de tres días, en vez del actual de dos. Y no creas que me domina la pereza, faltaba más. Lo que sí es cierto, es que cuando uno es perezoso puede ir a trabajar los cinco o seis días actuales, pero la producción demuestra que no hicimos el equivalente a dos, mucho menos tres.

Me pides que me una al Blog Action Day (cosa que hago con el mayor cariño a partir de tu iniciativa), cuyo motivo de este año es el cambio climático. Pues todos los días del mundo ha habido y habrá cambio climático. Ayer hizo mucho calor aquí en Caracas, hoy amenazó con llover, mañana ¿quién sabe? Dado lo anterior, me voy a referir al calentamiento global, que es ese fenómeno que está haciendo, entre otras menudencias, que el hielo en los polos se derrita como nunca antes. Hay un descontrol evidente a nivel climático. ¿Será que llueve al sur de California?

Mi hermana es hidrometeorólogo, y yo a veces la llamo y le pregunto cosas que se hablan en la TV, y yo no alcanzo a entender bien, como el daño a la capa de ozono y sus consecuencias, el fenómeno de “El Niño”, o el de “La Niña”. Ella me dice que el año 2010 va a haber sequia en Caracas y alrededores, por efectos de “El Niño” mientras que en la región andina va a haber mucha precipitación (lluvias). El Ministro de Ambiente dice que la sequía ya comenzó, y que viene un racionamiento del servicio de agua potable (para los que no lo sufren constantemente). Y yo me quedo pensando que ese “Niño” y esa “Niña” son traviesos y nos pondrán a sufrir con la sequía y el racionamiento, mientras que la gente de Los Andes tendrá que tomar precauciones, por aquello de las crecidas de los ríos y todo aquello. ¿Será que esos "niños" no tienen madre que los llame al botón?

Me hiciste leer sobre el tema, y encontré algo en mi “Agenda Verde”, muy interesante para compartir contigo y con todos:

“Si observamos al planeta en toda su magnitud, notaremos que tiene la mayor cantidad de vegetación al norte del hemisferio, es decir, arriba de la línea ecuatorial. Por lo tanto, cuando el hemisferio norte está inclinado hacia el Sol, como en primavera y verano en Norteamérica, los árboles producen hojas que absorben el dióxido de carbono, y por ende, la cantidad de éste disminuye en la atmósfera.
Cuando el hemisferio norte se inclina lejos del Sol, como en otoño e invierno, las hojas caen y emiten dióxido de carbono, y la cantidad de éste en la atmósfera vuelve a aumentar. Es como si la Tierra inhalara y exhalara una vez al año.
Este proceso natural mantiene en equilibrio la temperatura del planeta, y estabiliza el clima benéfico para la vida durante miles de años; pero la disminución de bosques y la emisión de gases cada vez en mayor cantidad ha hecho que este equilibrio se rompa, con la consecuencia que ya todos conocemos: el calentamiento global”.

Gracias Mariale por centrar mi atención en este tema tan importante para la humanidad. Pocos son los que le prestan la debida atención a las alarmas que hace tiempo suenan y no traen buenos augurios. Esas alarmas, suenan y resuenan en la Amazonia, lugar de gran diversidad biológica, que actualmente sufre la devastación de los depredadores humanos. Mi “Agenda Verde” dice que “al ritmo actual, el proceso de destrucción de la Amazonia podría ser irreversible en diez años, y toda la selva desaparecería en unos 40 años, según informes del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. ¡Esa alarma tiene que escucharse! Uno de los mayores pulmones del planeta está en peligro de muerte…
*Imagen de www.blueplanet26.wordpress.com

Sunday, October 11, 2009

Lo grande del cielo y lo inmenso del mar



"Cuando un pez nada, sigue nadando y el agua no se acaba.


Cuando un pájaro vuela, sigue volando y el cielo no se acaba.


Desde las épocas más remotas, jamás un pez se salió del agua nadando, ni un pájaro del cielo volando...


Sin embargo, si hubiese un pájaro que quisiese examinar primero el tamaño del cielo, o un pez que primero quisiera examinar la extensión del agua, y luego tratara de volar (el uno) o de nadar (el otro), nunca podrían moverse, ni el uno en el aire, ni el otro en el agua.

Doogen (1200-1253), Maestro Zen

Saturday, October 03, 2009

Amistad


Llegué temprano en la mañana al taller con el propósito de hacer una pequeña reparación a mi vehículo. Como sabía que tardaría al menos una hora en comenzar sus labores, fui preparado, llevando en mis manos una obra de Joseph Roth, “La Leyenda del Santo Bebedor”, excelente recomendación de mi amigo Andrés Boersner.

Y la vida, como siempre, cambiando el libreto original de las cosas. Al lado, mostrándose entre las rejas del garaje de una casa, una hermosa perra me dio la bienvenida, a través de amistosos ladridos que no tardaron en ser correspondidos.

Su mirada me inspiraba a consentirla, y eso, sin más preámbulos, fue lo que hice. Noté que tenía hambre y que se acababa de despertar. Me había llevado dos barras de granola para soportar el apetito mientras culminaba la reparación, pero he aquí que al instante me encontraba compartiendo la granola con ella, mi nueva amiga canina. Y de verdad tenía hambre, porque tuvimos que ir a medias con nuestra comida, como debe ser cuando se trata de amigos, aunque fuesen recientes, como en nuestro caso.

La perra probó la granola con curiosidad al principio, y terminó encantándole. La novedad, cuando gusta, trae alegría consigo. Mi amiga es grande, robusta y bastante cariñosa. Cuando me encuentro con esos perros así, tan amistosos y cariñosos me provoca tener una casa y llevármelos a vivir conmigo. Ellos siempre tan fieles y tan leales.

Pude notar también, durante mi espera, que la generosidad es un don que no ha desaparecido. Vi pasar a dos obreros, que se detuvieron a darle sus caricias matutinas, que ella, ni tonta ni perezosa, no dudaba en recibir (quizás es costumbre). Y además compartieron con ella parte de su desayuno, que llevaban en pequeños contenedores, camino a su trabajo. Por muy humilde que se sea, existe la solidaridad, y la naturalidad de la misma no dejó de llamarme la atención.

El hecho en sí es que casi no dediqué tiempo a la lectura del libro de Roth, sino a mi nueva amiga perruna. Pienso que volveré a verla y a llevarle su barra de granola. Me cautivó con sus ojos grandes, cuya mirada, entre melancólica y tierna, y esa simpatía que le brota por los poros, no voy a olvidar en mucho tiempo.

Ahora vuelvo con Roth, y con la sonrisa a flor de labios…
*Imagen: simbología kanji japonesa para "perro fiel".