Monday, July 18, 2011

Monólogo intemporal sobre nuestro futuro inmediato


¡Hola a todos! Hace poco vi un letrero que rezaba: “Unos días nos toca de perro. Otros, de hidrante.”

Me dejó pensando la similitud que tiene con los hechos cotidianos de la vida. Sabemos que tenemos influencia sobre algunos y que con mucho o poco los podemos modificar, mientras que hay otros que por mucho que tratemos de hacer, siguen un curso inexorable.

Por todo esto lo que debemos pedirle a esa fuerza superior que unos llamamos Dios, y otros Buda, Alá y un largo etcétera, es que nos ayude a dilucidar bien la diferencia entre lo que podemos cambiar y lo que no, y así el mundo se libra de millones de disputas diarias sobre hechos que, ni ahora ni nunca podremos modificar.

Sin mencionar las consecuencias que traen las anteriores disputas.

Cuando nos toque de perro, pues a ladrar se ha dicho y orinemos con confianza sobre el hidrante, que nada habrá de hacer sino aguantar valientemente los embates y la calidez del liquido amarillento, pero cuando nuestro cuerpo adopte la frialdad metálica y la forma del hidrante, pues entonces permanezcamos firmes, estoicos, y soportemos el liquido caliente que se cierne sobre gran parte de nuestro cuerpo, y hasta el olor que posteriormente, cuando apenas se seque, nos acompañará, cual perfume de Chanel (que no es lo mismo ni suena igual, pero vamos).

 

Tratemos de tomarnos diariamente nuestra pildorita de Ubicatex de 500 ó 1000 miligramos (según la gravedad del caso), tal como nos la recomendó el médico, sabiendo que la venden sin récipe en las farmacias. La falta de la misma nos lleva a no saber diferenciar lo que antes describimos acerca del cambio.

Sabido es que muchos no se la toman y ni siquiera acuden al doctor cuando presentan los síntomas de desubicación (social, temporal, espiritual, profesional y pare usted de contar los casos). Otros van decididamente al médico, toman la receta, la misma que aparece a posteriori en el cubo de la basura de la clínica u hospital al que se ha acudido. Sabiendo que la necesitan, hacen caso omiso de la recomendación. Y luego vienen los reclamos del porqué del olor a Chanel, si verdaderamente yo soy un buen perro. Y cosas por el estilo, que no nos llevan a nada.

Mantengamos el plano orientado correctamente para saber a ciencia cierta por dónde debería salir el sol y hacia donde debemos orientar nuestros pasos. El Ubicatex es de amplio espectro; dicho de otra forma, sirve para todo. Puede tomarse, aún sin prescripción facultativa. Y si supieran cómo salva vidas y evita problemas innecesarios.

¡Pero espere! Eso no es todo. Si llama ahora mismo le incluiremos un kit que incluye una caja de 60 comprimidos de fitina y una brújula magnética ¡totalmente gratis!

De aquí en adelante, el que tenga ojos, ¡pues que vea!

*Cualquier parecido semejanza con la vida real es simplemente coincidencia.

Friday, July 08, 2011

Tequila


Estoy leyendo un cartel que dice: “Dios me envió un ángel cubierto de pelo para recordarme que el amor existe”. Al lado del cartel habían dibujado unas patitas, las cuales contribuyeron a reafirmar lo que se me vino a la mente.

Les cuento la historia…hace unos meses mi hija apareció de sorpresa en la casa, acompañada con una pequeña mascota, traída  en brazos. Yo estaba sentado mirando la TV y me quedé atónito ante la escena. Nunca habíamos tenido mascota y habíamos acordado que no la tendríamos porque un apartamento no era el lugar más idóneo para su sano desenvolvimiento.

Pues mi hija, contraviniendo las reglas no escritas, se apareció con “Tequila”. La perra, una Yorkshire Terrier, con apenas un mes, miraba a todas partes como estudiando el ambiente, la novedad. Yo por mi parte hacía lo mismo con ella. La miraba de soslayo, con una mirada más bien de reproche a mi hija que otra cosa.

Pero bastó una sola mirada de Tequila para robarme totalmente el corazón. No quería expresar lo que sentía porque, en teoría, debía reaccionar con firmeza, recordando la regla de no tener mascota en casa. Pero ni un pensamiento al respecto, ni una palabra, ni un gesto, ni una gota de regaño pudo brotar.

Solo la mirada fija hacia el lugar donde ella estaba y una sensación de tener el corazón encogidito, como envuelto en una tela húmeda y caliente. Desde entonces no hago más que disfrutarla cada vez que nos vemos. Ella me corresponde con todo lo que da su corazoncito, que es bastante, lo suficiente para meterme en un bolsillo. Lo que en definitiva sucedió aquel día fue, sin un ápice de duda, amor a primera vista.

¿Díganme que no es bella? ¡Estoy enamorado!


Saturday, July 02, 2011

La lista de lecturas del 2011. Un avance


Llueve un poco esta mañana. Partiré en pocos días y la mente se me inunda de cosas pendientes, alguna de las cuales quedará en lista, porque el tiempo es implacable y no alcanza para hacerlo todo.



Sin embargo, esta lista de pendientes ha ido disminuyendo, claro, con un poco de paciencia y buena memoria.


Hablando de listas, he leído bastante en esta primera mitad del año y quisiera compartir con ustedes mis lecturas, que han resultado interesantes, unas más, otras menos, de alguna pudiera decirse que hasta pedagógica. Por supuesto, entre ellas están las que llevan cierto favoritismo de mi parte. En sí, cada libro que cae en tus manos tiene algo que decirte. He aquí la lista preliminar de mis lecturas del 2011. Espero les gusten.


“Siete vidas”. John Grisham. Random House Mondadori, 2010.


“Sin tregua”. Hillo Ostfeld. Impresos Miniprés, 2009.


“Madame Bovary”. Gustav Flaubert. Editorial Panamericana, 2006.


“Triste vida”. Chi Li. Ediciones Belacqva, 2007.


“El jardín de la señora Murakami”. Mario Bellatin. Tusquets, 2001.


“Si te comes un limón sin hacer muecas”. Sergi Pámies. Anagrama. 2007.


“Por el aroma yo lo sé”. Rubén Darío Jaimes. Equinoccio, 2009.


“El arquero dormido. Cinco novelas en miniatura”. Ednodio Quintero. Alfaguara, 2010.


“La soledad de los números primos”. Paolo Giordano. Salamandra, 2010.


“Demian. Historia de la Juventud de Emil Sinclair”. Herman Hesse. Alianza Editorial, 2007.


“El viejo y el mar”. Ernest Hemingway, Editores Mexicanos Unidos, 2004.


“Mundo Perdido”. Alejandro Padrón. La ballena blanca/La Castalia, 2010.


“El lugar del escritor”. Victoria de Stefano. Editorial CEC, 2010.


“El mundo del príncipe resplandeciente”. Iván Morris, Atalanta, 2007.


“El cuaderno de Maya”. Isabel Allende. Random House Mondadori, 2011.

Friday, June 24, 2011

Azules de mar y cielo...


Mar azul, abierto, tranquilo como un espejo. Brisa fresca con olor salino, aletear de gaviotas en el fondo, como música celestial, formando una orquesta con las olas, y el cielo que lo cubre todo con su azul infinito.

Mar abierto que me traes tantos recuerdos de adolescencia en las playas más hermosas que he visto. Recuerdos de color plateado en noches de luna llena, de escribir nombres en la arena, dejar que suba la marea y al día siguiente volver al lugar a cerciorarme de que aún están allí, escritos para la eternidad.

Mar azul de acompañante en faenas de pesca que, si el estómago lo permitía y los mareos cedían, se convertían en terreno fértil para la meditación y la reflexión de tantas cosas, interrumpidas solamente por el tirón de un pez que pronto dejará de serlo para convertirse en acompañante de una deliciosa ensalada.

Cielo azul que en horizonte se confunde con el mar y a veces no permite discernir dónde termina uno y comienza el otro. Azul que te pone a pensar si será el mismo cielo que observan tus amigos en otros pueblos y ciudades, o si por el contrario tendrán cielo encapotado, gris y lluvioso.

Cielo abierto, amplio e infinito que de noche se enciende en forma de luminosas estrellas situadas en galaxias innombrables y que inspiran paz, quietud, armonía con el espíritu, amor en su manifestación más simple.

Azul de cielo y de mar, contrastando con el ocre y el blanco de esta arena desde donde sentado los contemplo a ambos, junto con el viento y un pequeño cangrejo que recién afloró a acompañarnos, escuchando el rugido de las olas, y mirando la estela de espuma y el leve susurro de las burbujas estallando, me entrego a la danza del Universo.

Sunday, June 19, 2011

Domingo filosófico


Suena "Peel me a grape" con Diana Krall, su hermosa voz y piano. Mientras tanto yo divago...

...pensando que durante ese viaje que llamamos vida tenemos la suerte de conocer personas que nos dejan huella. Esas personas que aparecen en nuestras vidas como enviados por un ente superior, nos dejan su experiencia de vida, su mensaje y luego se van como vinieron, una vez que han cumplido su misión.


De nada nos vale perseguirlos por el mundo, unas veces con éxito, otras sin él. Si logramos encontrarlos, porque hay formas de hacerlo, más aún en esta aldea comunicativa tan pequeña en la que vivimos hoy, nos encontramos con que esas personas ya están inmersas en otra aventura, por llamarlo de una forma, en otra vivencia, en otra misión de vida. Y tenemos que entenderlo así, porque de otro modo lo que nos queda es sufrir pensando en porqué las cosas no vuelven a ser como antes.

Esos son los mensajes que la danza de la vida nos va dejando y que tenemos que descifrar, con ayuda o sin ella. Todos los días muchas personas se cruzan, trayendo mensajes el uno al otro. Mensajes importantes o no, pero hay un constante intercambio de data, para bien o para mal.

Dentro de ese interminable ciclo de encuentros están los indispensables o imprescindibles, que son los que vienen con un mensaje que cambiará nuestras vidas para siempre. Llegan así, sin avisar, se posan en nuestro entorno disfrazados de cualquier cosa, de bebé, de mamá, de profesor, de instructora de natación, de mariposa, de curador de museo. Eso ocurre para que nunca nos demos cuenta que esa persona vino a eso, a dejarnos un mensaje importante.

Muchas veces llegamos a esa conclusión cuando reflexionamos en el tiempo, y lo entendemos así. En ese momento preciso el mensajero ya no está, ya pasó, como las imágenes en la ventana de un tren de alta velocidad.

Aprovechando el símil, mantenemos la imagen en nuestra memoria durante mucho tiempo, tratando de volver a repetirla en la vida real, cosa que no sucede. Y si volvemos a situaciones parecidas, las condiciones de borde ya son otras y la realidad tiene otros matices.

Nada vuelve a repetirse en las mismas condiciones.

Mi mensaje es que hay que sumergirse en lo que estamos viviendo y convertirse en uno con el entorno, como lo enseña el Zen. Si quieres obtener un objetivo, nada fluye más que cuando sientes que no hay obstáculos alrededor, y eso solo se logra cuando vives el entorno, lo haces parte de ti, y finalmente te fundes en él.

Cuando nadas y te conviertes en uno con el agua, ya no eres tú, ya no hay piscina ni agua sino un solo ente, eres un pez, y es así como consigues los mejores tiempos.

Recuerdo haber leído de Khalil Gibrán que “en el mundo real del espíritu solo hay encuentros y no despedidas”, y lo he asimilado muy bien. Vivo en una eterna búsqueda del sentido que tiene el hecho de que estemos aquí y ahora. A medida que me sumerjo en el entorno, siento que voy soltando el lastre, y que la vida se me va abriendo poco a poco...

Sigue Diana Krall en el fondo, esta vez con "The heart of a saturday night". Que bonito suena...

Saturday, June 11, 2011

La vida es un fandango...



...para quien lo sepa bailar.

Siento que las semanas pasan muy rápido, y se nota en el ambiente. Hemos tenido un comienzo de año frio y lluvioso. Y ha sido tanta la lluvia, que en principio se consideraba esporádica y ahora se ha unido con la temporada lluviosa, que según el calendario comienza a finales de mayo de cada año, sin hacer la menor diferencia.

En estos días ha hecho bastante calor, el mismo que se esperaba en marzo o abril pero que nunca llegó en su momento. Y si bien la lluvia permanece, los momentos de frio y calor se han alternado.

La permanencia de las lluvias ha hecho que el follaje se haya vestido de todas las tonalidades de verdes que se puedan imaginar. Y eso es algo bonito, especialmente en nuestro amado Cerro El Ávila de Caracas. Según la posición de las nubes, o la incidencia de los rayos del sol, los tonos de verde cambian de claros a oscuros, de grisáceos a azulados.

Con este escenario de fondo medito un poco acerca de lo que va a acontecer en la segunda mitad del año, que ya está a la vuelta de la esquina.

Vislumbro cambios de ambiente, de escenarios y de mi forma actual de vida. Uno de esos despertares que se suceden cada siete años, y que justo estoy tocando ahora, que ya cumplí 49, precisamente un múltiplo de 7.

Si me fijo bien en el horizonte, alrededor, me doy cuenta que algunos también están pasando su tormenta personal. Cada quien labrando su destino, capitán de su nave, olas más, olas menos, encrespadas unas, suavizadas otras, unos con más dificultad que la mía, intuyo, otros con menos. Todos haciendo lo que creemos que debemos hacer, quizás unos continúan errando, y otros acertando. Hay otros inmersos en los aspectos superfluos, evadiendo a horcajadas una realidad que tarde o temprano acabará engulléndolos, viviendo vidas que no son las propias, sin cable a tierra.

Si uno sube el foco, y desde allí arriba amplía la mirada se da cuenta que cada quién está en lo mismo, y, quitando los trapos y distracciones, las apariencias y los espejismos, siento que todos estamos inmiscuidos en la misma danza de la vida, que se sucede a cada instante, sin parar un segundo para descansar. Es una danza infinita e imperturbable, la bailamos todos, queramos o no, desde el viejo árbol que se mece con el viento hasta la niña hermosa con sus zapatillas de ballet.

La vida tiene un sentido para todos y cada uno de nosotros. La esencia está en descubrir cuál es ése sentido y ejercerlo a plenitud. Esa es mi lucha de siempre. Tratar de interpretar ese sentido de las cosas.

Saturday, June 04, 2011

Arquitectura Moderna y Modificación del Escenario Urbano


Uno de mis pasatiempos favoritos en Caracas, ciudad hermosa y caótica al mismo tiempo, es el de la observación de diferentes ambientes modificados por la intervención de la arquitectura moderna. Siempre le pregunto a una amiga Arquitecto sobre lo que observo y ella nunca me responde. Me dice: “Voy a verlo y comentamos” pero ese “comentamos” nunca se lleva a cabo, bien porque lo olvida, bien porque prefiere no emitir opinión, total, ¿quién sabe?

Lo cierto es que mi ciudad muestra esos cambios en el entorno, bruscos algunos, armoniosos los otros, en fin…

Ejemplos hay muchos: el nuevo Mercado de Chacao, la Torre Confinanzas (inconclusa), la Mezquita Al Ibrahim, el Centro Banaven (Cubo Negro) de Chuao, el Centro Comercial Millenium y tantos otros ejemplos.

Uno de los que más me llama la atención es la irrupción del hotel “Four Seasons” (actualmente “Caracas Palace”) en el corazón de la urbanización Altamira, es decir, en la Plaza Francia.

Cuando Luis Roche diseñó la plaza, allá por los años 40 del siglo pasado, la concibió como el centro de atención de la urbanización, sitio de reunión y de encuentro, de solaz y de tranquilidad. Por años su obelisco constituyó el punto más alto de la entonces ciudad de los techos rojos y una de las referencias más importantes de la ciudad.

Hoy en día el edificio del hotel abruma espacialmente el lugar. Asume el control del punto urbano que otrora fue de la plaza. Al llegar al sitio la gente inmediatamente sube la mirada y se queda contemplando la enorme estructura con fachada de vidrio, que incluso llega a dar la impresión de que se yergue en el propio lugar de la plaza.

El edificio propiamente es una belleza (según mi propio gusto), es símbolo de la nueva arquitectura de Caracas y fotográficamente es un excelente escenario.

Sin embargo me queda un dejo de tristeza por haberse perdido el concepto original de la Plaza, como verdadero centro de atracción visual del lugar. Son de estas cosas que superficialmente parecen deleznables pero que en el fondo no lo son, especialmente desde el punto de vista del arte y la tradición de la ciudad.

*Fotografía de Arianna Contreras

Saturday, May 28, 2011

Iguana


La vi por casualidad mientras almorzaba. Mimetizada como estaba, seguía con atención todos y cada uno de mis movimientos.
Cuando la descubrí no puede evitar asombrarme. No sé qué idea tengo en la cabeza de ver a estos aparentemente inofensivos animales en tamaño gigante, tratando de devorarme, en una especie de Jurassic Park.


Son extraños a la vista, en su forma, en su andar, en su expresión, no me acostumbro a la idea de su mansedumbre, de poder acariciarlos mientras le doy un poco de comida, que, si a ver vamos, es lo que la mantiene allí, muy pendiente de mi.

Más tarde aparecieron otras. Solo tenía pan para darles, y eso hice. Comieron con fruición y comieron bastante. ¿Herbívoros? ¡Bah!


Yo solo estaba impactado de verlas tan de cerca, tan prehistórica, de examinar su forma corporal, y de imaginarme cómo sería el encuentro si solo estuviéramos los dos, y ella fuese del tamaño de un gigante...

Sunday, May 22, 2011

Ha vuelto la lluvia...


...y ha vuelto sin cesar. Puentes caen, calles completas se desmoronan, en silencio y poco a poco se van superando los registros máximos de pluviosidad en años. Y esos nuevos valores de lluvia llegan arrastrando consigo casas, vidas, autos, calles y pare de contar.

Mi hermana meteoróloga me dice insistentemente que la temporada de lluvias no ha comenzado, que son vaguadas, ondas tropicales, pero no el tiempo de lluvias, que por cronología comienza a finales de mayo.

Entonces, y siendo así, el pronóstico es de más agua sobre Venezuela. En Colombia ya tiene un año lloviendo, y son muchas las víctimas y los daños. Nada que para.

Aquí vamos por el mismo camino. Ya son muchos los refugios y más los damnificados. Es la naturaleza que se hace sentir. Y nosotros que somos frágiles, muy frágiles ante ella.

La lluvia insistente se descarga con todo su poder y las cosechas sufren en su mayoría. Los productos agrícolas se hacen escasos y suben de precio. Y nosotros sufrimos los rigores de la escasez. Los cerros, cuyos suelos están saturados de tanta agua caída, comienzan a ceder y a deslizarse. Las quebradas se desbordan. El caos.

Es la furia de la naturaleza.

Wednesday, May 18, 2011

49

Y llegué a los 49, antesala de los famosos 50.

No puedo explicar lo que se siente ser maduro a esta edad, aunque no falta quien piensa que uno no es lo suficientemente maduro a ninguna edad. Siento que se está más pendiente de la salud, uno recuerda bien hasta las citas con el urólogo, obligatorio a esta edad y que nadie nunca dijo que fuese agradable. También el odontólogo te espera con sus dosis de tortura. Tampoco nadie dijo que fuese algo especial.

Pues a esta edad se está muy pendiente de todo lo que tiene que ver con salud. Los ejercicios físicos. Uno sabe que el sedentarismo lo afecta directamente y entonces decide caminar, trotar, correr, remar, subir la montaña, todo ello consciente de que así eliminas toxinas, tonificas los músculos y aumentas la capacidad respiratoria oxigenando el cuerpo.

Estas, en mucho, pendiente de lo que comes, y sabes qué cosas te conviene comer y qué otras no te conviene. Evitas las grasas y prefieres las ensaladas. Comes poca carne y mucho más pescado y vegetales. Sabes que al fin y al cabo todo ello se revierte en más salud.

También tu forma de pensar y de ver la vida sufre una revolución, un cambio verdadero. Yo soy de los que piensa que cada siete años tu propia vida sufre cambios importantes. No eres el mismo del nacimiento a los 7, que de los 8 a los 14 (pre-adolescente), que de los 15 a los 21 y así sucesivamente. A veces el cambio comienza un poco antes, que decir, en vez de a los 28 comienza a los 26 porque nada es tan exacto, pero son ciclos de 7 años en los que dejas de ser una persona para convertirte en otra, quedando intactos solamente tus atributos esenciales, es decir, los que te marcan como persona. Y esta edad que cumplo hoy es múltiplo de 7, y el cambio comienza a sentirse.

¿Qué espero? Que la suma de experiencias obtenidas en mi vida así como también lo aprendido de la experiencia de otras personas a las que admiro, por su estilo de vida, me sirvan para lograr un mejor vivir en lo que resta, que nunca sabemos cuánto es, pero que deseamos sean los mejores años de nuestra existencia.

Lo que sí es bastante cierto es que la óptica con la que ahora ves la vida es mucho mejor y cometes muchos menos errores, te apresuras menos, te preparas mejor y pisas mucho más firme. A eso algunos le llaman experiencia.

Saturday, May 14, 2011

Toque gastronómico en Cumaná


Esta semana estuve en Cumaná (Sucre, Venezuela). No tuve mucho tiempo para conocer la ciudad pero como siempre, pregunté por un lugar donde comer un buen pescado y me recomendaron un restaurant casero llamado “Puerto Escondido”. El mismo le hace honor a su nombre porque no encuentras letrero ni te imaginas que en esa casa hay un restaurante. Adentro hay un ambiente muy casero, tienen aire acondicionado pero la crisis eléctrica me impidió disfrutar de sus beneficios. Sin embargo la comida salvó con creces la situación. Un pargo entero a la plancha, generoso, muy fresco y muy sabroso, que disfruté hasta la saciedad.

Otro día me llevaron a un restaurant francés, “Les Jardins du Sucre”. Situado en el casco colonial de Cumaná, específicamente en la calle Sucre. Está enclavado en una casa colonial muy hermosa, tanto como la calle, que evoca otra época de la vida. El restaurante tiene un jardín interior que es muy relajante, así como detalles de arquitectura que lo hacen muy placentero, como el patio interno descubierto.

La comida es excelente, una fusión de la forma de preparar la comida francesa y la comida criolla venezolana.

En resumen, un agradable paseo a los sentidos, incluida la vista de la hermosa calle Sucre, en la fotografía del post.

Estoy pendiente de conocer Araya, un lugar que siempre me ha llamado la atención. Ya les contaré de mi viaje en un futuro post. Aparte de eso hay unas playas espectaculares en los alrededores, que poco a poco les iré descubriendo.

*Fotografía del post: Calle Sucre de Cumaná, por Filippo Bilotti

Saturday, May 07, 2011

El viejo y el mar


(Ernest Hemingway, 1899-1961)

Mi amigo Jimmy soñaba con irse a vivir un tiempo en la Colombia de sus padres. Pues deseo concedido. El domingo parte a Colombia. Antes de irse tuvimos otra de nuestras conversaciones donde prevaleció nuestro tema favorito: la literatura. Jimmy lee mucho, desde que era un niño. Y también escribe poesía.

Antes de irse me dijo que me prestaría “El viejo y el mar” de Hemingway. Finalmente no me lo prestó, me lo regaló. Yo feliz. Ya empecé a leerlo. Este libro es muy famoso y el novelista también.

Para cuando Jimmy pise terreno de Bogotá ya lo habré leído, de seguro, si todo va bien. Luego comentaré la lectura con él, eso sí, por correo electrónico. Que ya Jimmy no estará en Caracas, nuestra caótica y bonita urbe, sino en la dulce Bogotá de sus sueños.

Hablando de Hemingway, el mismo pasó veinte años de su vida viviendo en Cuba, así que vaya que conoció bien la vida y milagros de los pescadores cubanos. El libro, aparte de narrar las angustias, alegrías y pesares de un pescador, nos deja colar un mensaje con tinta indeleble, sobre la soledad, la tenacidad, la fortaleza requerida para vivir, la lucha por conseguir objetivos que otros catalogan de imposibles y los imponderables que nunca faltan en el camino.

La narrativa del libro de Hemingway es simple pero la significación y profundidad lo hacen un libro imprescindible y hermoso.

Gracias Jimmy. Esperaré a que llegues para comentar sobre éste y otros libros. Seguro que vas a comentarme sobre las librerías de Bogotá.

Sunday, May 01, 2011

¡Adiós Don Ernesto!


Amanezco con la noticia de la pérdida de uno de mis héroes literarios de todos los tiempos. Se ha ido Don Ernesto Sabato, a escasos dos meses de cumplir los 100 años de edad.

Escritor extraordinario de tres grandes novelas, “El Tunel”, “Sobre Héroes y Tumbas” y “Abbadón El Exterminador”. Como Paolo Giordano (“La Soledad de los Números Primos”) y salvando las distancias, fue originalmente un físico que terminó abrazando su verdadera vocación, que era la literatura.

 
El año pasado escribí por su cumpleaños número 99. Si fuese por mí, hace tiempo le hubiese concedido el Premio Nobel de Literatura, al que fue propuesto en 2007.

“Lean lo que les apasione, será lo único que los ayudará a soportar la existencia”. Sabato en “Antes del fin” (Seix Barral, 2002), sus memorias.

Sunday, April 24, 2011

La luna de Pascual


Luna llena;

Vago a través de la noche,

En torno al estanque…

(Matsuo Basho, poeta japonés)



La luna de agosto, gigante en el cielo, se refleja íntegra en el centro del lago, con su redondez que es un espectáculo natural para un muchacho solitario que, sentado en la arena, la contempla desde la orilla.

Es Pascual, quien esa noche ha apostado por escribir la poesía que tiene atragantada desde hace varios días, cuando se encontró en la bodega del pueblo con Elisita, la Elisa de sus sueños.

Porque llegado este punto hay que advertir que hay dos Elisas. Una, la Maestra severa de cuarto grado en la escuela rural, la misma que no vacila un segundo para pedirle la mano a cualquier alumno indisciplinado y asestarle, con la regla de madera, directo a la palma, una vez que queda claramente demostrado que el día anterior lo que hizo fue jugar y holgazanear, en vez de estudiar la tabla de multiplicar, tal como se lo había exigido ella.

Esa es una Elisa. La otra, es su hija, todo amor, toda diva, toda dulce, toda estrella, incapaz de hacer daño a nadie, y a su vez dueña de los corazones de todos los alumnos de cuarto grado que han tenido la dicha de verla.

Como Pascual, quien no ha vuelto a ser el mismo desde que la vio durante aquellas fiestas del pueblo, que ella no suele perderse, y que la hacen trasladarse desde la capital, donde realiza sus estudios universitarios, hasta el pueblo de sus amores, y de Pascual.

En agosto hay vacaciones, y la escuela se queda sola, íngrima, desamparada y privada de las risas de los alumnos y los regaños de la Maestra Elisa. Tan solo Elpidio, el celador, permanece en ella, conviviendo con fantasmas de alumnos de otras épocas que, cuenta la leyenda, permanecen en los pasillos esperando no se qué clase ni cual maestro de otros años. Elpidio los conoce, y cuando las clases comienzan suele asustar a más de un párvulo, con cuentos como el de Serafín, del cual se dice que murió de rabia, tras ser llevado a la dirección de la escuela halado de las orejas por el propio director de ese entonces, un tal Profesor Rendiles, tras haberlo sorprendido, escapado del salón, besando a la hija de la cantinera en un pasillo. Desde allí, Serafín es escuchado llorar de rabia en los pasillos, y más de un alumno ha llegado pálido al patio de recreo luego de haber oído el lloriqueo mientras se hallaba en el baño.

Justamente en agosto son las fiestas patronales, y las calles se llenan de gente venida de otros pueblos y ciudades pero con vínculos que los unen a esta villa rural perdida en medio de la nada, donde nada pasa, nada ocurre fuera de lo normal, salvo en las fiestas, donde todo cambia.

A Pascual nunca le han gustado las fiestas del pueblo, ni la elección de la reina, ni los toros coleados, ni la retreta de la plaza Bolívar ni cualquier cosa que implicase grupos grandes. Nada. Dada su timidez, prefería encerrarse esos días en su cuarto a leer los clásicos de la literatura, como le inculcó su padre antes de morir.

En realidad odiaba en silencio el simple hecho de que llegara esa fecha de mediados de agosto. Hasta aquel verano en que, mientras traía la vasija metálica con leche de vaca recién ordeñada, tal y como se lo había ordenado su madre, se detuvo en la bodega del pueblo a comprar caramelos, y se encontró con la Maestra Elisa y Elisita. Saludó a su Maestra con mucho respeto, y la misma le presentó a su hija, dejándolo boquiabierto, sorprendido, al mismo tiempo que la observaba detenidamente sin atinar a responder tan siquiera su nombre. Nunca se había visto en el pueblo tanta belleza junta en un solo ser. Maravillosa belleza que lo dejó mudo, como ausente. Elisita le preguntó de nuevo por su nombre pero él, absorto como estaba, no la escuchó.

Elisa, la Maestra, lo conminó, dándole palmaditas en la espalda:

–¡Vamos muchacho, conteste que le están preguntando su nombre, vamos!

Fue allí, al escuchar la voz firme de su Maestra, cuando Pascual salió del trance y contestó sin titubear:

–¡Pascual! ¡Pascual Martínez, para servirle!

Ella lo miró sonreída unos instantes, que para él fueron eternos y con efecto paralizante, y le preguntó si se uniría a los muchachos del pueblo que esa noche iban a la orilla del lago a contemplar la luna reflejada en las plateadas aguas.

–¡Claro que si voy, allí estaré señorita! –dijo, aún sin tener la seguridad de poder ir, pues su madre no estaba acostumbrada a verlo salir en ésta época, mucho menos de noche, y no sabía si le darían el permiso. Sin embargo mantuvo lo que había dicho y decidió marcharse.

Recogió sus caramelos del mostrador, pagó y se dirigió a la puerta de la bodega, desde donde miró hacia el sitio donde había dejado a las dos Elisas, quienes conversaban animadamente con el bodeguero, y agitó la mano en el aire, cual péndulo invertido, como signo de despedida

–¡Adiós Pascual! –le contestaron al unísono, tras lo cual traspasó el umbral de la puerta y siguió su camino a casa con una sonrisa triunfal pintada en el rostro. Por fin alguien había logrado, y de qué manera, motivarlo a salir de la casa durante una fiesta patronal.

Como era de esperarse, su madre le negó el permiso para salir en la noche, temerosa como estaba de los peligros que entrañaba dejar salir a un muchacho que manifestaba miedo a la oscuridad y timidez ante las reuniones de grupos grandes.

Pascual rechazó decir cuál era el motivo de su repentino cambio de hábito. Permaneció estoico, callado y obediente, aunque por dentro se moría de la tristeza de saber que esa noche no se iba a dar el encuentro con la Elisa de sus sueños.

Seguro como estaba de que, aún obteniendo el permiso, no se atrevería a acercarse y unirse al grupo que pernoctaría a orillas del lago, quizá por timidez, quizá por temor a las burlas de sus amigos de la escuela, quienes sabían de su encierro durante las fiestas, quizá por miedo a las oscuras calles del pueblo, camino al lago, Pascual se acostó a soñar con Elisa.

Elisita, sin proponérselo, había logrado sembrarle la semillita del amor, que todo lo puede. Esa noche lo que hizo fue soñar que había acudido a la cita, y que se separó del grupo y paseó con Elisita, agarrados de manos, por la orilla, conversando y contemplando ambos la hermosa luna de agosto reflejada como espejo en el centro del lago.

Unos días después, al llegar la noche, Pascual se acostó más temprano que de costumbre, y allí permaneció hasta escuchar a su madre retirarse a su habitación. El sabía que los muchachos ya no estarían en el lago, trasnochados como estaban, luego de haber amanecido en sus orillas por las fiestas. Se fue llenando de valor, y una vez que su madre se quedó dormida salió a hurtadillas de la casa, camino del lago, venciendo cual Quijote su miedo a la oscuridad y a la soledad de la noche.

La oscuridad, para ser francos, no era tanta, por la claridad que aún aportaba la luna, pero esa valentía demostrada por Pascual solo podía haber sido generada por ese sentimiento que lo mantuvo despierto y soñando durante varias noches.

Llegó hasta el lago, donde la luna esperaba pacientemente, reflejada como estaba en las aguas calmas. Se sentó en la arena mirando la superficie plateada y sacó de su bolsillo lápiz y un papel en blanco, cuidadosamente doblado. Comenzó por fin a escribir, solo y en medio de la noche, un poema que pugnaba por salir desde aquel día en la bodega, y que tituló, como la composición de Beethoven, “Para Elisa”.

* Fotografía de Ghabetler en http://www.mi9.com/

Friday, April 22, 2011

Reencuentro

(Cuando nos graduamos, en 1986)

Nos conocimos apenas comenzando en la Universidad. El trabajaba y estudiaba al mismo tiempo, y por eso yo le prestaba mis cuadernos para que copiara los apuntes de las clases. Por allí se empezó a colar el hilillo de una sólida amistad.

Fueron cinco años de vivencias, de mucho estudio, de compartir en mi casa o en la suya. Su familia era la mía y viceversa. Cuando íbamos a mi casa a almorzar, mi madre hacía la comida para los dos, y lo mismo pasaba si íbamos a su casa.

Fueron esos unos años inolvidables, llenos de armonía, sacrificio, estudios y también fue esa la época de los viajes en carpa a las playas de Venezuela, desde Adícora, en Falcón, hasta Boca de Uchire, en Anzoátegui. También los de las celebraciones con gaitas en Navidad. No hubo sitio que se nos escapara, con Maracaibo 15, Gran Coquivacoa, Melody Gaita y tantos otros conjuntos musicales. La rumba y la playa era el complemento perfecto a los días de dedicación estudiantil, los de la Geometría Descriptiva, los Análisis Matemáticos, Concreto Armado (Hormigón), Acero Estructural, Puentes y otras materias por el estilo, que nos fueron esculpiendo el perfil profesional a medida que avanzábamos.

Cuando nos graduamos el contacto empezó a reducirse en la misma forma en que nuestros destinos profesionales se fueron diversificando. El se dedicó a la construcción de obras y yo, que comencé por ese sector de la ingeniería, pasé luego al de la consultoría y proyectos.

Por diversas razones, personales y profesionales, nos fuimos alejando, cada uno inmerso en su trabajo, y en las vidas que decidimos compartir con nuestras esposas. Vinieron los hijos, en mi caso dos, y en el de él tres, que aún hoy no se conocen.

 
(25 años despues del grado, en pleno reencuentro)

La separación terminó hace pocos días cuando nos descubrimos de nuevo a través de una red social de internet. Hicimos el contacto y prometimos un nuevo encuentro, que acaba de llevarse a cabo. En él nos dimos cuenta que la amistad, cuando es sincera, no importa los años que pasen, ni la distancia, ni las vicisitudes que ocurran, ella permanece allí, incólume ante el paso de los años, con su misma solidez inicial.

Hicimos un voto porque no vuelva a ocurrir un alejamiento tan grande. Vivimos en diferentes ciudades que debemos conectar más frecuentemente. Tenemos pendiente presentarnos a nuestros hijos, que ya conocen nuestra historia común. Dios nos ha permitido un reencuentro y no lo vamos a desperdiciar. Los verdaderos amigos lo son para siempre. No albergo dudas al respecto.

Saturday, April 16, 2011

Librería Centro Plaza


Cuando una librería muere causa dolor en los lectores, mucho más si son asiduos a la misma. En mi caso pasaba semanalmente, bien a comprar algún título interesante, bien a conversar con Maritza, Asunción o con Eduardo Castillo, el librero durante muchos años de la misma.


Con Eduardo tengo vínculos que datan de la educación secundaria, donde coincidimos en uno que otro salón de clases, así que se pueden imaginar lo nutrida de nuestras tertulias semanales.

El sabía bien de mis gustos por los autores japoneses y cuando llegaba alguna novedad me esperaba para mostrarme el ejemplar.




Su última recomendación literaria fue uno de los libros de la saga Millenium de Stieg Larsson, “Los hombres que no amaban a las mujeres” (Destino, 2005). Parece una recomendación fácil a juzgar por el status de “best seller” del libro en cuestión, pero cuando se trata de Eduardo, y sabiendo todo lo que ha pasado por sus manos en materia literaria, hubo que tomarla en cuenta.


Esta semana pasé a dar mi acostumbrada visita y, sorpresa, la Librería Centro Plaza ha sido cerrada definitivamente. Los detalles los desconozco. Aún tengo pendiente conversar con Eduardo. Pero no puedo disimular la profunda tristeza que me ha causado ese cierre.

Tengo la idea de que se están apagando las luces y yo insisto en no darme cuenta. Una librería menos, como sucedió recientemente con “Lectura” y ahora con “Centro Plaza” es una puerta menos a la cultura, un acceso menos a la literatura, un golpe bajo a la educación de un país.

La “Centro Plaza” ya no está. ¿Vendrán más?






Saturday, April 09, 2011

Un día cualquiera

Un día cualquiera decidimos seguir el rumbo de la felicidad. Deambulamos del timbo al tambo, buscando algo que está dentro de nosotros mismos. Hasta que un buen día miramos hacia adentro y voilà, allí está.

Esa felicidad está asociada generalmente a un estado de ánimo, a un estado de las cosas tal que ahuyenta las preocupaciones (así sea momentáneamente), todo se ve como más nítido, se escucha más bonito, huele más rico, y algunas veces incluso se deja de escuchar el exterior (por más ruido que haga) y escuchamos nuestra voz interior (esa a la que siempre tenemos que hacer caso pero no siempre lo hacemos).





A veces tendemos a asociar la felicidad a cosas, a una imagen, a un paisaje, a una melodía, y eso no es más que una repetición en flash de un instante previo de felicidad que nos quedó marcado como huella indeleble, en la forma de un olor, un sabor, un color, un paisaje, un rostro, o un conjunto de los anteriores.



Yo, por ejemplo, tiendo a asociar la primera imagen del post con la felicidad, y claro, eso tiene sus razones. Algunas me las reservo, pero otras las puedo compartir: era la primera vez que veía unas flores rojas de Aloe Vera. Son realmente hermosas y simbólicas para mí.


Otras veces, la misma felicidad puede estar asociada a una melodía, y esa melodía asociada puede cambiar con el clima, con el estado de ánimo del momento, con la persona que te acompaña, y entonces la asociación a la felicidad se convierte en varias melodías.
Dependiendo del instante que se vive viene una a la mente (una a la vez), vívida, nítida, con un sonido limpio, como nunca lo habías escuchado antes, ni en el mejor de los sonidos estereofónicos. Nada se compara a lo que escuchas en tu mente, y nada reproduce mejor tu felicidad que esa sonrisa espontánea que descubres al mundo, no importa que nadie sepa a qué se debe. Lo sabes tú y es lo que importa.


Una vez, hubo una melodía asociada a un momento sublime. Se llama “My funny Valentine”. Quedó grabada en ese compartimiento de la mente reservado a momentos especiales. Después ha venido otras veces, proveniente de grabaciones de Ella Fitzgerald, Chet Baker y Miles Davis.

Ayer volvió, saliendo armónicamente del saxo tenor de Víctor Cuica, la guitarra de Roberto Jirón y el bajo de Gerardo Chacón, improvisada, a pedido mío. No se puede adornar, engalanar mejor un momento de felicidad. Gracias muchachos, nunca los voy a olvidar, ni a ustedes, ni al momento…

 
(Con Víctor Cuica)




Saturday, April 02, 2011

Rebeldía Natural



Una larga hilera de vehículos se mueve lentamente, cada uno con un destino diferente. Dentro moran seres con diversos pensamientos que se suceden a la par que la hilera se desplaza sin prisa pero sin pausa.

Son 18 kilómetros que me separan de mi sitio de trabajo. En tiempo se puede traducir en hora y media, que se pasa lenta, despacio. Siendo ésta mi rutina diaria no me queda más que aprovechar ese tiempo. Jugar con el de manera de no perder la paciencia, de no vociferar, de no colisionar con otros vehículos que conforman el interminable gusano metálico de las mañanas.

Y lo hago de mil maneras. Escucho mucha música, canto algunas canciones, leo una que otra letra de las mismas, y aunque ustedes no lo crean, me llevo mi libro de cabecera y el tiempo alcanza para leer unas cuantas páginas dentro del trayecto.

Hay días en los que planifico lo que voy a hacer, y cuando entro en la autopista el tránsito del gusano metálico es raudo y veloz y me hace pedazos mi recién planificada rutina. Es impredecible. Pero igual sigo planificando al día siguiente, a ver si, como casi siempre, se cumple lo planeado.

Hay días que decido observar la ciudad. Con lo lento del desplazamiento he descubierto parajes que nunca había podido ver bien. Calles desconocidas se abren, se muestran en toda su longitud, con sus casas y sus gentes. Son calles que, en condiciones normales, no tendrías tiempo de observar cuando se maneja a velocidades normales. Allí están, agradeciendo silenciosamente la atención que le prestas entre bocinazos.

El Ávila, majestuoso como siempre, se nos muestra en mil tonalidades de verdes, azules y grises, revolucionando nuestros pensamientos. Caracas, sin él, no sería la misma. El Ávila es su novia, su símbolo natural. Y entre tanto hormigón, tantos puentes, edificios, industrias y vallas publicitarias, de vez en cuando se abre paso una imagen natural, lo que yo llamo un “spot”, un escenario pequeño pero formidable, que te cambia la vida, y te saca una sonrisa.

Esta semana ese árbol de la fotografía que adorna este post se convirtió en el “spot”. Estaba sumido en la desesperación de saber que se aproximaba la hora de una reunión pendiente, y el tráfico de ese día estaba imposible. Nada se movía mucho. Amagos de avance que no duraban mucho, cuando de repente apareció él, muy erguido y orgulloso, en medio del humo de los coches, de la hilera metálica multicolor, de los puentes, apareció mágicamente. Sentí un potente “Stop!” y me quedé anonadado observando tanta belleza, estática, estética, un color rosado o lila, o la mezcla de ambos, su frondosidad, su amplitud me atrapó, y todo lo demás pasó a un segundo plano.

Me salí de la hilera y lo plasmé, tan rápido como pude, pero no quise dejar pasar este momento, este breve instante de la vida. Los sentidos agradecen profundamente tanta rebeldía natural en ese árbol.

Sunday, March 27, 2011

Paolo Giordano y la soledad...


Un físico de 29 años es el escritor del libro “La soledad de los números primos” (Salamandra, 2010). Paolo Giordano, Licenciado en Física Teórica, nos muestra sus excelentes dotes de escritor con este, su primer libro, extraordinario, recomendado sin reservas.

Yo pienso que en el fondo, mi naturaleza humana tiene algo de empatía melancólica, porque este tipo de libros me absorbe, me embute en su mundo, y lo vivo profundamente, haciendo de su lectura una experiencia trascendental. Lo mismo me pasó con otros libros como “Kitchen” de Banana Yoshimoto, “Firmín” de Sam Savage, los cuentos de Sergi Pámies en “Si te comes un limón sin hacer muecas” y “El curioso incidente del perro a medianoche” de Mark Haddon, por mencionar algunos.

Curiosamente, en este último, el tema de los números primos también está presente.

En el libro de Haddon, el personaje principal, Christopher Boone, puede recitar los números primos de memoria, hasta el 7.507 pero le cuesta un mundo relacionarse con otros seres humanos. El libro está escrito en capítulos signados con números primos, o sea que comienza en el 2, luego, 3, 5, 7, 11, 13, 17 y en sucesivo hasta el 233.

En el libro de Giordano, se ahonda aún más en las características de los números primos, y en una genialidad que a su vez sirve de núcleo y metáfora de la historia, se cuenta que existen los llamados “números primos gemelos”, pues entre ellos se interpone siempre un número par. Siendo así, los números tales como el 11 y el 13, el 17 y el 19, el 41 y el 43 están muy cercanos pero nunca llegarán a tocarse porque un número par se lo impide en forma de barrera invisible.

Giordano utiliza esta genial metáfora para ilustrar la historia de Alice y Mattia, cuyas vidas siempre estarán unidas pero sin poder tocarse. Dos episodios que transcurren en la infancia de cada uno los sumen en una inmensa soledad, y son sometidos, cada uno por su lado, al escarnio público, a un inmenso rechazo y a la crueldad social que va desde la infancia, pasando por la adolescencia y la edad adulta. Sin embargo existe una fuerte atracción entre ambos, que harán lo imposible por estar juntos porque se saben, se sienten complementarios, pero siempre aparecerán obstáculos que harán imposible esta unión. El tratamiento psicológico de los personajes que hizo Giordano es genial, único. La historia es maravillosa, y ha hecho que nuevamente, en vez de leer, haya vivido una gran experiencia. Así que vayan, corran a leerlo, que nunca lo olvidarán.