Thursday, August 23, 2012

El mundo de Juan Carlos Onetti



Juan Carlos Onetti fue un escritor uruguayo nacido en 1909 y fallecido en 1994.

Descubrí a Onetti mediante la lectura de un maravilloso ensayo escrito por el Premio Nobel Mario Vargas Llosa, titulado “El viaje a la ficción: el mundo de Juan Carlos Onetti” (Alfaguara, 2008).

En ese libro, Vargas Llosa nos muestra la intensa e interesante personalidad de Onetti a través de un paseo por sus obras narrativas, entre las cuales sobresale “El Astillero”, “Juntacadáveres”, “El pozo” y “La vida breve”.

Vargas Llosa define la ficción en su ensayo como “esa otra realidad inventada por el ser humano a partir de su experiencia de lo vivido, y amasada con la levadura de sus deseos insatisfechos y su imaginación”.

La ficción en Onetti es la propia vida, tanto que más de uno ha estado escudriñando en Uruguay para ver si encuentra, aunque sea con otro nombre, el ficticio pueblo de Santa María, donde Onetti ambienta algunas de sus novelas como “El Astillero” y “La vida breve”.

Onetti le aseguró a un amigo escritor que inventó Santa María luego de un viaje que hizo a la provincia argentina de Entre Ríos, donde “tuve una sensación de felicidad. Sólo fui una vez, ni un día completo y en pleno verano. Pero aún recuerdo el aire, los árboles frente al hotel, la placidez con que se desplazaba y abordó la balsa, así como la sencillez de los habitantes, que no tienen nada que ver con los porteños”.

Después de leer con fruición la obra de Vargas Llosa sobre Onetti en 2010, quedó en mí impregnado el gusanito de la curiosidad por leer sus novelas y cuentos, cosa que no había hecho hasta este año de 2012, cuando por fin empecé con “El pozo” (Punto de Lectura, 2007). Fue grande la felicidad de conocerlo a través de ésta, su primera novela (1939). La curiosidad se hizo aún mayor, y no tardé en encontrar “El Astillero” (1961), quizás la más deseada, luego de haber leído el ensayo de Vargas Llosa.

“El Astillero” (Punto de Lectura, 2007) es una novela maravillosa. Conocí a través de ella el famoso pueblo de Santa María, y a personajes tan enigmáticos como Larsen, alias “Juntacadáveres”. Las razones de ese alias están quizás reveladas en “La vida breve” o “Juntacadáveres”, pero no me pienso adelantar al misterio.

La prosa de Onetti enamora al que le gusta la narrativa. Es fina, precisa, rica en imágenes. Los personajes de Onetti son sacados de la vida misma, con su carga de miserias y de virtudes. Son personajes que terminas viendo muchos días después de haber terminado la lectura, pues se quedan en tu mente y revolotean a diario, hasta hacer que vuelvas a leer extractos de la novela en los que tal vez descubras facetas que a la primera pasaron inadvertidas.

El sábado pasado fui a conocer una nueva librería (nueva para mí). Se llama “Sopa de Letras” y está ubicada en terrenos de una hacienda antigua llamada “La Trinidad”, aquí en Caracas. Además de disfrutar las imágenes retro de la casa de la Hacienda y descubrir lo que había en la “Sopa”, encontré sobre una mesa unos libros usados, ofrecidos en remate, apilados. Entre ellos pude rescatar, a un módico precio, la “Antología del Cuento Triste” de Augusto Monterroso y Bárbara Jacobs (Suma de Letras, 2004). Dentro del libro encontré un cuento de Onetti titulado “Un sueño realizado” (1951). Mi admiración por el autor creció exponencialmente por la maestría de este cuento.

Ahora espero por “La Vida Breve” para seguir disfrutando la dura y hermosa prosa de este gran maestro de la narrativa, que es Onetti. Los invito a descubrirlo.

Monday, August 13, 2012

Isla de Margarita, parte de mi mundo. Tercera Parte


"Yo tengo un mundo mío, y voy a compartirlo con alguien como yo, sueños de amor y fantasía serán las normas mías para regir mi vida, mi mundo es complicado, difícil de explorarlo, difícil de vivir, pero es mio, es el mundo mío, lleno de triunfos y fracasos, virtudes y pecados, y en él no cabes tú".

He vuelto a Margarita, mi mundo, luego de dos años de sequia, es decir, dos años sin visitarla.




La encuentro bella, como siempre, y me vienen a la mente mis posts del 2006 y del 2010.

Como siempre, me he recluido en las playas del norte de la isla, que son las que más me gustan, con el mar azul turquesa hermosísimo.




La isla vive un auge a nivel de bienes raíces, que se nota mucho en zonas como Pampatar, con lujosos condominios de hermosa arquitectura combinada con unas vistas espectaculares de las riberas del Mar Caribe.




Al mismo tiempo pude notar una reducción en el número de turistas que visitan las playas del norte de la isla. Indagando por aquí y por allá supe que en parte se debe al incremento de la criminalidad en los últimos años, manifestado en asaltos con uso de violencia hacia los turistas.




Yo mismo estuve a punto de ser víctima de los vándalos que la azotan. Gracias a Dios pude evitarlo pero no siempre se tiene la suerte de poder evadir los asaltos.




Yo estoy seguro que mi isla bonita no merece ese trato y exijo a las autoridades gubernamentales que pongan a la seguridad como máxima prioridad en sus políticas.



No hay una isla más bella en el Caribe pero la gente quiere sentirse segura al 100% y para ello hay que hacer un gran esfuerzo que permita recuperar la confianza de la gente que la visita.



"Mío, yo tengo un mundo mío, de grandes desafíos, de eterna evolución. Raro, inmensamente humano, de paz y sobresaltos, extraño pero mío, mi mundo es complicado, difícil de explorarlo, difícil de vivir. Me recibe ese mundo mío… "



Volveré a ti mi isla bella, lloraré por ti, brindaré por ti y haré todo lo posible porque recibas el trato que mereces, tú que eres tan preciosa, tan generosa y que guardas en tu seno la imagen de la Virgen del Valle. 

Buscaré con mi lente y mostraré la belleza de tus paisajes únicos y hablaré maravillas de la calidez de tu gente. Eres parte de mi mundo, y es para siempre.

Thursday, August 02, 2012

Andrés




Sorprende el paso del tiempo. Lo rápido que ocurre todo. Tenía la costumbre de llevar a mi hijo a la escuela, para lo cual caminábamos cuatro cuadras cada mañana.

En esas cuadras, tomados de la mano, hablábamos de cosas personales, yo respondía la curiosidad infantil de mi hijo por todo, saludábamos a otros padres y madres que, con el mismo propósito, llevaban a otros niños de la mano y disfrutábamos de la humedad que, en las mejillas provocaba el rocío de la mañana.

Cuando, luego de dejarlo en la escuela, devolvía el camino hasta mi casa, era un hombre feliz de vivir esa experiencia diaria, que no cambiaría por nada del mundo.

El tiempo siguió su curso y el niño fue creciendo y haciéndose un hombrecito. Hasta que llegó el día en que me dijo que podía y quería irse solo, que a sus amigos, como muestra de madurez y confianza, sus padres los dejaban ir solos a la escuela. Y tuve que prescindir de esos momentos diarios que me hacían sentir tanta alegría.

Tuve que admitir que el niño ya era grande, que había crecido y madurado, y que, en verdad, podía irse solo.

Fue cambiando de aspecto, de altura, de tono de voz y yo sentía que no quería darme cuenta de que en efecto era así, que había crecido. Para mí siempre sería el niño que llevaba de la mano en la mañana.

Esta semana terminó la escuela secundaria, y en tres meses estará en las aulas universitarias que un día me recibieron a mí. Y sigo sin creerlo.

Me presentó a su novia. Lo vi recibir su diploma. Lo sentí abrazarme agradecido. Y lo que hice fue llorar en silencio. Llorar de alegría. Evocar sus primeros días en la escuela, que como tinta indeleble han quedado en mi corazón.

El niño ha crecido. Y cada mañana, cuando me despierto, sigo pensando en aquellos momentos cuando el frío rocío en las mejillas y el calor de su mano apretada con la mía, me hacían sentir que la vida es bella.

Mi hijo es un hombre, con sus criterios, con su propia forma de vivir y de pensar. Y me mata cuando lo veo hacer sus cosas como la gente grande, cuando con su fuerte voz me abraza y me dice: “Te amo papá”.

Thursday, July 19, 2012

Palmera



El día ha estado extraño hoy. Luminoso y radiante al mediodía, se ha dejado caer en la tarde con vientos fuertes y un olor a lluvia proveniente de quién sabe dónde, que presagia mucha agua a caer durante la noche.

Bajo a comer en el restaurante de siempre, donde ya todos me conocen (mesonero, clientes, etcétera) y da la impresión de que hasta saben lo que voy a pedir. El menú, que poco cambia, no ayuda. La gente es más o menos la misma siempre. Nos miramos como se miran los niños en el aula de clases. Ya cada uno imagina lo que hace cada quién antes de sentarse en su puesto. ¿Rutina? Quizás.

Nos saludamos como siempre. Ni siquiera nos piden lo que vamos a beber. Escucho la licuadora a lo lejos. Ese ruido me anuncia que alguien me ha visto desde adentro y ha puesto en marcha el mecanismo. Automático. 
Todo lo hace la costumbre.

Sin embargo pienso que la vida es un eterno cambio. Quisiera estar en otra parte, haciendo otras cosas, visitando otros lugares donde al principio no me conozcan. Que muestre otros colores y olores, otras voces. Al final volverá a ser habitual porque suelo visitar los mismos lugares, es decir, me convierto rápidamente en habitué. De ello no puedo ni quiero escapar porque me amoldo a los sitios donde me siento bien. Soy así.

Suelo comer en la terraza, al aire libre. Allí, al lado de un jardín que alberga a una especie de palmera cuya flor es un extraño bulbo grande y amarillo. Esa palmera expele, de vez en cuando, un olor fuerte, medio cítrico, que produce una leve dificultad al respirar. ¿Es su defensa acaso contra los enemigos naturales? Puede ser, pero no me toma en cuenta. Ni siquiera le importa que vaya a comer.

A veces pienso que sabe, muy adentro, que no soy muy amigo de las palmeras y que prefiero a las coníferas. ¿Por que? No sé bien. Algo natural en mí. La venganza es dulce, pensará la palmera. No me quieres, no te quiero.

Miro su tronco enrevesado y la siento complicada. Incómoda con su propio cuerpo. Ella lo sabe y el olor se intensifica. Al final la olvido, entre la conversa y la indiferencia. Y la dejo de sentir. La veo triste. ¿Percepción o señal que me envía? No lo sé.

Lo que no pierde nunca es la coquetería. Ha floreado varias veces en un año. Las flores son raras. Ella es rara. Pero eso no es importante.

Igual se siente mujer. Y se enfada, expeliendo su olor, cuando tiene cerca a tipos como yo a los que no le gustan mucho las palmeras.

Monday, July 16, 2012

Música por Dervis



El pasado 12 de julio nos dejó un gran amigo, mejor persona, ingeniero y percusionista llamado Dervis Romero. Esa pérdida la he lamentado en lo más profundo de mi ser, dada la calidad humana de mi amigo. 

Ese día le escribí una nota a Bismarck Lara (otro amigo) diciéndole que Dervis era una de esas personas de las cuales tu deseas irte primero para no tener que sobrellevar la pena de extrañarlo por siempre.

Su amiga del alma, la periodista Lil Rodríguez le escribió una reseña para el diario Últimas Noticias de Caracas el domingo pasado. Lil gentilmente me ha permitido reproducirla, porque mis palabras no alcanzan la belleza de las suyas en este triste momento.

“Música por Dervis”, por Lil Rodríguez en “La Cota Lil”

Hizo su propio llamado a las cuatro de la mañana del pasado jueves. A esa hora se despertó mi hijo en su casa, a esa hora se cayó de la cama bruscamente por un sobresalto su nieta Dahomey, a esa hora se despertó alarmada una de sus hermanas, a esa hora varios amigos, como Martha López y Agapito Hernández también se levantaron a dar vueltas sin saber por qué, pero deprimidos; a esa hora quien escribe pegaba un brinco sobresaltado. 

Fue la hora que escogió Dervis Romero para avisarnos que iba a entregar el testigo. Y personalmente no me cabe duda, porque a falta de habla, el espíritu escoge la forma de avisar lo que el cuerpo no puede.
Hasta ese preciso instante nos negábamos a la idea de que pudiera irse el amigo, el confidente, el consejero, el asesor, el músico, el profesional, el hombre que fue Dervis.

Sano por dentro y por fuera, limpio de alma y dotado de virtudes tan escasas hoy, Dervis era el auxilio permanente, la mirada precisa, la sonrisa perfecta…

Con él como amigo era imposible que uno se sintiera solo. Y es que Dervis era también como un médium, que sabía, aunque uno no le contara.

-Ringgg
-¿Aló?
-¿Qué te pasa Lil del Valle?

Siempre me llamó por mis dos nombres…

Una gaita

Dejando a un lado sus condiciones de ingeniero humanista, o de humanista ingeniero, Dervis Romero poseía otra virtud escasa: nunca se encasilló musicalmente en un ritmo. Sabía de todas las músicas, y bien, con conocimiento de causa. No en balde pasaba horas escuchando y apuntando, para luego compartir. 

Con amor infinito hablaba de la monumental obra de Juan de Dios Martínez, allí, en el sur del lago de Maracaibo, y con ternura desglosaba las etapas de Cesária Évora, o los aportes de Miguelito Cuní al fraseo en el son montuno, para pasar con deleite a analizar el mundo de los arreglos hechos por el Pavo Frank, o las novedades de la salsa de los barrios, y seguía con intensidad mostrando las sutiles diferencias entre un joropo oriental y uno del llano, o expresando su admiración por José Romero Bello. Y así seguía delineando la actualidad de la música en África, pero no con generalidades sino país por país, con los nombres de los intérpretes, y sobre todo, de los instrumentos. 

Sentía especial predilección por el sonido de la Kora, y distinguía sin problemas las profundidades de la percusión en el Bendir, el Yembé o el Atabaque. Y nos enseñaba. Así de prodigioso y bien formado era su oído. Cuando Dervis sacaba un habano ya uno sabía que lo que venía era para coger palco.

Tan hermosa como su cultura era su estampa. Siempre me pareció que Dervis era la reencarnación de un fino sonero de la década de los treinta o de los cuarenta. Siempre combinado, bien arreglado, mucho blanco y guayabera, el infaltable gorro, como si tuviera un egbó permanente mandado por Shangó.

Y el abuelo

Nació el 23 de agosto de 1962 en Maracaibo, y en su seno familiar fue el único varón. Tal vez por eso el apego profundo al abuelo, figura indispensable en su conversación para hilvanar historias de la gaita, de la zulianía, de los personajes que ofrendaron perfil a la tierra por el sol amada.

Amante de las tradiciones venezolanas, a Dervis le encantaba cargar con los aperos de la cocina, las verduras, los aliños, las cervezas, los discos, las libretas, el carbón, todo con tal de que un buen almuerzo tuviera sabor de tierra adentro. 

Tal vez por ese amor a lo genuino fue que se enamoró de Nelly Ramos, la amada a la que ofreció el brazo y el alma cuando ella estoicamente se reponía de tanta pérdida con la tragedia del “Madera” (hermanas incluidas) y de golpes que hicieron mella en sus sentimientos.

Ese amor de Nelly y Dervis era para nosotros como el Hans y Jenny, que inmortalizara Aquiles Nazoa: Hans y Jenny eran soñadores y hermosos, y su amor compartían como dos colegiales comparten sus almendras… Por ejemplo, Hans reconocía y amaba a Jenny en la transparencia de las fuentes y en la mirada de los niños, y en las hojas secas. Jenny reconocía y amaba a Hans en las barbas de los mendigos y en el perfume del pan tierno, y en las más humildes monedas.

Así, con problemas y todo, se sentía la energía amorosa de Dervis y Nelly, rompecabezas colorido, siempre oloroso a ámbar.

Y la muerte pisó el huerto

Muchos en el barrio comenzaron a darse cuenta de que algo no encajaba cuando observaron que no era Dervis el que estaba sacando a pasear a la perra, a esa perrita que salvó magullada, herida de debajo de un carro. 

Y es que Nelly no avisaba a nadie de tan llena de angustia por lo que veía: Dervis daba tumbos. Lo que supusieron los médicos que era laberintitis, era un derrame. Johany, la hija de Nelly que con tanto amor Dervis levantó fue la que comenzó a avisar. Ya lo habían operado, y el pronóstico no era bueno.

Entonces vino la rebelión de todos como forma de esquivar la realidad. Pero ella, la realidad, se hizo presente a pedacitos.

Vi a nuestra amiga del alma, siempre tan fuerte y animosa, colocar en el oído de Dervis la voz infantil de Dahomey diciendo “te quiero abuelo, te quiero”, y los compases de uno de sus temas favoritos, el Donna Lee de Miles Davis con arreglos y ejecución del Pavo Frank, para luego caer desplomada en llanto sobre el pecho amado. Su mano en el corazón de Dervis le daba el tiempo. “No se siente, manita, no se siente”. 

Era temprano ese jueves, y estábamos con Nelly, ya que después del aviso de las 4 de la madrugada habíamos enrumbado mi hijo y yo desde Guarenas a La Floresta. Las hermanas de Dervis, ejemplares y dignas, Nelly, Uncas y yo entonces lo supimos: no había sístole y diástole sino una inmensa paz de ojos cerrados con un gorrito puesto y una vía abierta hacia la eternidad.

Si la muerte pisa mi huerto/¿quién firmará que he muerto de muerte natural?
¿Quién lo voceará en mi pueblo?/¿quién pondrá un lazo negro al entreabierto portal?

Hoy descansará en su amado Maracaibo, el de Chinco y Rafael Rincón, el de Ricardo, el de su abuelo del alma, la tierra de donde salió para encontrarse con San Agustín para siempre. Por eso este viernes, en su despedida, todos cantaron:

Compañero de cantos y labores, compañero de la libertad/ en el campo donde dejas tu vida tu presente y tu futuro está.

No abandones la tierra, compañero…

Lil Rodríguez

Imagen: Cortesía de Uncas Montilla

Saturday, July 14, 2012

Internet, el nuevo vecino de la cuadra. En fotografías...

Hace apenas un mes escribí este post. Hoy un amigo me envía un correo con estas fotos que son testimonio gráfico de lo que escribí. Sean ustedes los jueces...


Cita en un restaurant...



Paseo en auto por la ciudad...



 En la playa con los amigos...



 En el estadio mirando el juego...




De museos...


 Compartiendo unos tragos...



 En el aniversario de graduación...



 Cenita entre amigas...



Saturday, July 07, 2012

Hablando de hamburguesas...



El flaco limpia las mesas y habla de todo: del gobierno, de béisbol, de la vida.

Yo me acerco. Nunca había visto ese restaurante, aunque mi hija me había comentado. Curioseo la preparación de la comida, el cartel con los precios. Los empleados también me miran con curiosidad, la cual no es mutua porque yo me fijo en lo que preparan, el aseo del local, los precios, todo mientras escucho la perorata del flaco limpiando las mesas.

En un instante pregunto si las hamburguesas son de carne de verdad y el flaco me salta, casi ofendido: “Claro que sí. Somos famosos es por ese pequeño detalle. Pruébala y no te arrepentirás.”.

Me lo pienso un rato y me atrevo. Pido la de media libra, 200 gramos de carne, para llevar a casa. Me piden tres minutos y medio para prepararla. Me siento en una mesa y hojeo un libro que llevo. No me dan tiempo de concentrarme. Me llaman y me informan que ya está lista. Sorpresa. Cumplen lo que dicen. Falta comprobar el estado de la hamburguesa. No resisto llegar a casa. El olor me hace cambiar de parecer. Abro el envoltorio plástico donde la han puesto. Agrego unos ingredientes en el salad bar y procedo a la ingesta. Mmmmm. Aprobada. De una buena vez. Recordé la del Sam´s Deli Diner de Houston, que es la gloria.

El flaco me mira y dispara: “¿Porqué la pediste para llevar? Estás comiendo incómodo. Te puedo traer un plato.”. Es tarde. Se ha esfumado. Ya no llegará a casa. Sigo hablando con el flaco y me cuenta la historia. Comenzó trabajando en McDonald´s. Ahora es piloto de aviones pero quiere tener algo para cuando no pueda volar más. Y eso es Juanchi´s Grill.

En el restaurant hay un TV que siempre transmite partidos de Grandes Ligas de Béisbol. Un adicional para los fanáticos del deporte, como yo. Le digo al flaco: “La pegaste de la pared.”. El me entiende porque en la jerga del béisbol es algo así como salirse con la suya, arriesgar y lograr el cometido.

Ayer volví. No estaba el flaco. Si todo lo demás, y en su santo lugar. El TV con las Grandes Ligas, la cheeseburger de media libra, el sabor inconfundible. Y los recuerdos del Sam´s.

En Caracas hay muchos sitios de hamburguesas. El más popular es McDonald´s. No me gusta la carne de su hamburguesa, aunque si la salsa de la Big Tasty. Mi hija me llevó a “Avila Burger” donde probé la “Lagunazo”, una hamburguesa gourmet hecha con salmón, espectacular. Pero la verdadera hamburguesa es de carne de res. La oferta es múltiple. Pero el sabor distingue unas de otras.

En Houston hay muy buenos restaurantes de hamburguesas, como el legendario Fuddruckers, pero el que más se acerca a mi concepto sencillo y personal de lo que debe ser una buena hamburguesa es Sam´s Deli Diner. Un restaurant más bien pequeño, con poco personal, pero unas hamburguesas gigantes con un sabor único e irrepetible. Salvando las distancias, así es Juanchi´s Grill, en Caurimare, Caracas.

Saturday, June 30, 2012

En shock



Día soleado, como para estar en la playa, cielo azul despejado completamente. Sin embargo, la atmósfera adentro no es de relax, sino de un aparentemente rutinario día de oficina, con toda la agitación que lo caracteriza.

Camino por un pasillo de luces fluorescentes que me lleva, a través de una intersección, hacia otro donde atino a ver que se acerca La Dama, caminando con pose de distracción. Pasa frente a mí sin inmutarse y prosigue su marcha.

Irrumpo en su pasillo y le digo desde atrás: “Será que dormimos juntos…(y por eso no me saludas)”. Lo que está entre paréntesis lo dije muy entre dientes.

La Dama caminaba unos pasos delante de mí. Pensé que me había visto en la intersección. Y me había ignorado. De allí mi afirmación.

Al mismo tiempo aparece en escena Víctor, un compañero de trabajo que caminaba en sentido contrario por el mismo pasillo de La Dama (y ahora mío), cuando escuchó mi afirmación.

Pude ver su cara ruborizada, mostrando entre asombro y molestia, al tiempo que hacía gesto de esconderla o mimetizarla contra la pared, en un intento vano por hacerse invisible ante nosotros o intentar un “yo no estoy aquí”. La Dama rió nerviosamente. Yo también reí. Víctor simuló lo propio, pero internamente. Por lo que pude observar, parecía molesto o perturbado. Todos reímos nerviosamente, como quien está en una fiesta a la que no fue invitado y ha sido descubierto.

Cuando Víctor siguió su marcha, expliqué como pude las razones que tuve para decir aquella frase a La Dama. Le dije que se debía al hecho de que no se había inmutado cuando pasó frente a mí. Ella negó haberme visto en el cruce de pasillos.

Víctor, por su parte, se había marchado con su versión de los acontecimientos. No alcanzó a escuchar la explicación. Lo había entendido como una proposición indecente de mi parte hacia La Dama. Había escuchado: “¿Será que dormimos juntos?”. Una invitación pues, con todas las de la ley.

Luego de ello La Dama entró en el servicio, yo continué por el corredor al tiempo que Víctor se dirigió a su oficina. Levantó el teléfono y en voz baja cuchicheó con alguien del entorno: “Sabes la última, el Caballero ha invitado a La Dama al lecho”. Por el auricular se deslizó una exclamación. “¿Siiii? ¡No puede ser! ¿Y entonces?”. “Y en pleno pasillo” continuó  Víctor su pequeña cháchara. “Como lo oyes. Yo pasaba y fui invitado de piedra. Menos mal que ni se fijaron en mí, tan interesados como estaban el uno en el otro”. “¿Y después que pasó?” soltaron desde el auricular. “Pues nada, siguieron por el pasillo hablando cariñosamente. De esta noche no pasa”.

Más tarde, luego de superar el ajetreo característico del atasco vehicular vespertino de Caracas, Víctor llega a su casa y le cuenta a Chichila, su esposa: “¿Sabes que El Caballero de Marras ha invitado a La Dama a acostarse juntos?”. “¡Noooo!”, responde asombrada y con cara de chisme la mujer. “Si. Sin ningún pudor. Ya no hay respeto en el sitio de trabajo. La mujer ni se inmutó. Accedió de inmediato”, prosiguió Víctor. “Es que ese Caballero está de lo mejor, en su punto”, interrumpió Chichila. “Vamos, mujer, ¿Qué pasa aquí? Solo te estoy contando”, rugió Víctor. “Tranquilo Víctor, –dijo Chichila– sólo bromeaba. ¡Qué humor!”. “Cuidado con una vaina”, siguió rugiendo el marido.

Riiiiiing, suena el teléfono. Atiende Víctor: “¿Aló? ¡Ah! Hola Ismael. ¿Qué cuentas? ¿Yo? Bueno, aquí, peleando con Chichila. En mi cara echándole los perros a un compañero de oficina. Lo vio en la fiesta de Navidad y no le quitó nunca el ojo de encima. Claro, yo me hice el loco pero lo vi todo. Menos mal que el hombre está enredado con una Dama en la oficina. Los capturé, él invitándola a acostarse y ella aceptando de una buena vez. La pecosita aquella que conociste en el Bowling. Si, si, La Dama. Umjú, con el mismísimo Caballero, nada más y nada menos. Si, cuéntaselo a tu jefa para que esté alerta. Tú sabes cómo son las cosas en la oficina. Cuando vienes a ver. Pues todo bien, chico, Chichila bien, los muchachos bien, ¿por allá? Me saludas a toda esa gente. Nos hablamos. Adiós”.

Una vez terminada la cháchara telefónica, Víctor se cambia de ropa y se dispone a realizar su tanda de ejercicios vespertinos. La criada, que andaba por allí, lo mira y se le acerca soltando a quemarropa: “¿De qué te ríes que de tu picardía te acuerdas?”. El, entre sorprendido y acostumbrado a que ella lo increpe así cuando Chichila no está a la vista, responde, no sin antes mirar bien alrededor: “No es nada, una pareja de la oficina ofreciéndose sexo en el pasillo y acordando de una ir al hotel. Es que estos son fines de mundo”. La criada hace un gesto interrogativo con la nariz. Víctor, mientras comienza su rutina de ejercicios en la caminadora, prosigue: “¿Quiénes más? La pecosita que invitamos al desayuno del sábado y El Caballero. Yo tampoco lo creía, pero no me lo contaron, yo mismo lo ví con estos ojos que se han de comer los gusanos. Fines de mundo Eloísa, fines de mundo”.

En eso repica un teléfono celular. Enfrascado como está en su rutina de ejercicios, Víctor hace un gesto a Eloísa para que corte la llamada, pero ella entiende que es para que atienda.

“¿Aló? Sí, este es el teléfono del señor Víctor, yo soy su criada. ¡Ah! ¿Cómo está señora Dama? ¿El señor Víctor? Ya se lo paso”. Eloísa giró su mirada hacia Víctor, con el telefonito cubierto por su mano: “Señor Víctor, es La Dama”.

Víctor ya había puesto la mano sobre el botón de pausa para regañarla por haber atendido, cuando escuchó, entre gotas de sudor, la palabra “Dama”. Miró a Eloísa, con ojos desorbitados, sin saber qué decir. Pero no pudo moverse de la caminadora. Sus piernas, deshuesadas como habían quedado, no respondieron al llamado inicial.

Un poco más allá, oculta tras una columna de la casa, Chichila se sostenía a duras penas, jadeando, con manos temblorosas, aguzando lo más que podía el oído, preparándose para lo que venía.

Lo mejor estaba por comenzar…


*Imagen: www.howstuffworks.com

Saturday, June 23, 2012

Internet, el nuevo vecino de la cuadra



Mirando alrededor del restaurant nos damos cuenta que en todas las mesas, sin excepción, hay una persona sin articular palabras, mientras concentra toda su atención en la pantalla de un teléfono celular. Peor aún, hay algunas mesas donde las cuatro personas que las conforman están mirando la pantalla de sus celulares y apenas si se cruzan palabras entre sí.

¿Cuánto ha cambiado el mundo desde que internet y los dispositivos tecnológicos irrumpieron con fuerza en nuestra vida cotidiana?

Si bien sentimos que nos ha acercado la información hasta niveles indecibles e impensables hace apenas décadas, también sentimos que nos ha alejado en lo que se refiere a nuestras relaciones interpersonales.

El acercamiento de la información no necesariamente debe ser visto como una ventaja. Hoy más que nunca es difícil monitorear la formación de nuestros hijos porque hay un nuevo amigo en la vecindad, un amigo invisible pero efectivo, que dice lo que debe y lo que no debe, con una profundidad visual y capacidad de captación nunca antes vista, sin dejar nada para la duda, sin controles de ningún tipo, y con un alcance que se pierde de vista.

Una información sobre cualquier tópico, considerada inadecuada, es descubierta en una madrugada insomne y al momento compartida con decenas, que a su vez se transforman en centenas, y dependiendo de la noticia, de su impacto y de la capacidad de penetración de “las repetidoras” puede llegar a miles, millones en muy corto tiempo.

Para el momento en que alguien note el impacto negativo de la nota, el alcance de la misma se ha expandido tanto que ya es imposible recogerla, corregirla, explicarla con la pedagogía requerida y con las palabras adecuadas a la edad del receptor.

La capacidad investigativa de los infantes también ha llegado a niveles muy bajos. Ya no es común que un niño pida a sus padres que lo lleve a una biblioteca indagar o pesquisar sobre una materia escolar, cualquiera que ésta sea, o verlo indagando en enciclopedias o libros de texto para realizar una tarea solicitada por la maestra. Medios como Google o Wikipedia se encargan de poner al alcance de los niños información que muchas veces no está comprobada científicamente, y con eso hacen tareas de manera automática, obteniendo la calificación correspondiente con suma facilidad.

Eso por una parte. Por la otra los aleja de la necesaria socialización, de compartir cara a cara con amigos con ideas y modos de ser diferentes o parecidos. Es común que se hable de tener 500 “amigos” a los que nunca le han visto la cara, de “trending topics”o tendencias de Twitter, de “buzzs” (cuchicheos) de Facebook. Es triste saber que esos jóvenes con 500 “amigos” apenas si intercambian palabras cuando llegan a sus casas con su madre, padre, hermanos, nana, cachorrito o cualquier ser vivo que ose atravesarse en su camino desde la puerta hasta el ordenador. Apenas se escucha “ción”, “…la”, “…ién” antes del portazo de su habitación, de donde habrá que sacarlo a la fuerza para que cene con la familia, con ojos enrojecidos y la mente en todas partes menos en la mesa del comedor, mientras que en su cuarto todos los canales de comunicación están en modo de pausa, esperando para engullirlo entre sus tentáculos hasta bien entrada la madrugada.

Sin lugar a dudas queda abierto un debate acerca de cómo establecer canales eficaces de comunicación con los niños y adolescentes en esta era de la información al alcance de un click en el ordenador o el teléfono celular.

Hijos con muchos más amigos virtuales que en el mundo real podrían ser el indicio de que algo anda mal en sus vidas, y en nuestras vidas…