Sunday, October 31, 2010

En la cocina...


Yo siempre he creído que los buenos momentos en una casa se viven en la cocina y no en el recibo o la sala de estar.

Siempre lo he pensado así porque en mi vida los mejores encuentros y conversaciones han transcurrido allí, las mejores palabras las he escuchado allí, y esa mezcla entre la buena conversa, la buena comida y la buena bebida que se sucede allí es lo mejor que tiene la vida para darnos.







Nada mejor que dejar colar un buen vino tinto, mientras se pican la carne o el pescado, los ajíes, el célery, el pimentón, el jengibre, el cilantro, el perejíl,  y al mismo tiempo se disfrutan sus olores, texturas y sabores, combinados con la uva que permanece en tu paladar.





A medida que avanzan las cocciones y corren los caldos, las conversas se desinhiben y se hacen más cálidas y personales, el ambiente se hace más íntimo y es justo allí cuando se hacen tan particulares esos momentos. Es allí cuando la conversación se hace sublime y la inspiración sube hasta la estratósfera, logrando una atmósfera muy especial.





Me ha tocado aprender a preparar un plato peruano, el ceviche de pescado, en buena compañía y en tres diferentes sesiones: la primera fue esperar fuera de la cocina mientras una pareja peruana experta preparaba el singular plato gastronómico. Nuestra labor era degustarlo y adivinar los ingredientes y los pasos a seguir para su elaboración. La segunda sesión consistió en elaborar uno mismo el plato, según lo que se haya entendido de la sesión anterior. Allí se cometen errores que se ven reflejados en los sabores finales del plato. Uno a uno son detectados y corregidos por los expertos para finalmente hacer una tercera sesión, donde, en teoría, todo debería salir bien.





A mi parecer, el hecho de que una comida salga mal o bien depende mucho del estado de ánimo del cocinero. Si éste está de mal humor no hay sapiencia que valga, y todo se irá al traste, lo que se constatará al probar el producto final. Y lo que es más, soy capaz de saber el humor del cocinero, aún sin haberlo visto, probando su comida.

Mi profesora de italiano, quien es excelente cocinera de platos italianos y postres decía siempre que “no hay comidas malas sino malos cocineros”, queriendo decir con esto que el mal sabor de una comida nunca debería atribuírsele a ésta sino a la mala preparación o falta de conocimiento de la misma por parte del cocinero de turno. Nada más cierto, según he podido ir comprobando en la vida.







La receta varía un poco según la región del Perú donde se prepare, y según el gusto del cocinero que le da sus toques particulares. La pueden ver en muchas páginas de internet. Sin embargo a mí me gusta ésta.

A los que se atrevan, que la disfruten tanto como yo, en sus sabores, texturas, olores, aderezada con muy buena conversa, buen vino y mejor humor, eso sí, que no falte la belleza femenina, que es “la guinda del pastel”. ¡Buen provecho!



Sunday, October 24, 2010

Naturaleza humana



Recoger las cosas es tarea extenuante. Uno no sabe cómo llega a acumular tantos y tan diversos objetos.


Muchos tienen un valor sentimental y uno se niega a desprenderse de ellos, no importa el tamaño o el peso. Sin embargo nos damos cuenta de que hay otros, infinidad de ellos, que tan solo ocupaban un espacio, habiendo perdido su vigencia hace muchos años, pero descansaban protegidos en una caja durante mucho tiempo.


Tarea triste, lo admito. Desprenderse de esos objetos es aceptar el cambio, reencontrarse con la armonía del ciclo vital, todo cambia, todo muta, todo se supedita, quiera o no, a la danza indetenible del universo.


El fondo musical de estos días lo ha copado María Bethânia. Calza perfecto en el ambiente, en mi estado mental. Ya había escuchado hablar del hecho de que estas situaciones quedan siempre amarradas a un soundtrack que, generalmente, pertenece a un mismo autor. Eso lo escuché alguna vez, cuando pensaba que este tipo de conversaciones me eran ajenas. Ahora sé que no es así. Que no eran tan ajenas. Siempre se aprende, así sea a trancas y barrancas.


La voz de la cantante brasileña me acompaña en estos días y me llena de energía. Su tono es fuerte y tierno al mismo tiempo. Me arrulla y me despierta. No sé realmente cual es la fórmula que ella utiliza pero de lo que si estoy seguro es que funciona para mí. Canciones, tristes algunas, otras alegres y hay las que forman una mezcla de ambas cosas, cantadas en portugués, un idioma que se me ha quedado prendado en el alma desde hace mucho tiempo, desde mis primeros contactos con la bossa.


Cuando recoges tus cosas se empieza a notar un cambio en el ambiente. Es como si recogieras tus huellas, o tu presencia, que lentamente se desvanece. Se nota hasta en lo más simple. A veces quitas una tarjeta postal de una mesita y la propia mesa cambia hasta de forma y apariencia, cambia el paisaje en ese rincón. Y es tan solo una tarjeta postal que muestra una escena significativa para mí, y un escrito en la parte posterior de alguien que, en un momento dado y un lugar diferente, pensó en mí y me lo ha dedicado.

Eso me asusta a veces pero me tranquiliza saber que se trata de un cambio, de una mudanza a un nuevo lugar que me espera agazapado, y que aunque no sé realmente donde está ahora mismo, tengo la certeza de que en uno de los giros del universo se aparecerá frente a mí y yo sabré que se trata de mi lugar, mi nuevo lar en el mundo.


Soy fanático de armar rompecabezas, de los que tienen muchas piezas. Cuando lo hago, me entrego a ello, tanto que a veces comienzo una mañana y al día siguiente me encuentro aún como en trance, colocando piezas de un conjunto que en algún momento terminaré, con toda certeza y sin vacilaciones. Y aunque me digan que vaya a comer, que pare un poco y descanse, suelo seguir en mi trance hasta que mi propio cuerpo y mente lo decidan. Y ahora, que siento que se ha desordenado mi rompecabezas vital, sé que debo ordenarlo y continuarlo. Estoy en ese trance, y el espíritu es el mismo que cuando armo los otros. La certeza es la misma, que todo al final tomará su curso.

Al fondo se sigue escuchando a María Bethânia, cantando "Costume" (costumbre):


"Essas coisas só mesmo com o tempo se pode esquecer.

Esas cosas que sólo con el tiempo pueden olvidarse.

Então eu me vejo sozinha, como estou agora e respiro

Entonces me veo solita, como estoy ahora, y respiro

toda a liberdade que alguém pode ter.

toda la libertad que alguien puede tener.

De repente ser libre até me asusta, me aceitar sem você

De repente el ser libre hasta me asusta, el aceptarme sin ti

certas vezes me custa…

a veces me cuesta..."

Saturday, October 16, 2010

Caffé


Recorro una vez más esa calle, testigo muda de mis deseos no satisfechos, y donde tengo la certeza de que me encontraré con tus ojos color de mar, con la mirada que me ha hecho prisionero. Y allí estás.


No me reconoces. O eso finges. Son muchos años sin cruzar un diálogo contigo. Sin mirarnos de verdad, solo vernos.

En su momento no pasó de un diálogo fugaz, muy breve, tal vez sin importancia para ti. Un ligero compartir de opiniones. Por eso quizá me tratas con indiferencia. Eso si, de inmediato notas la intensidad de mi mirada, que no es normal. Se dispara el alerta.

Me tomas por un enamorado de tantos que pasan por ese Caffé, donde siempre estás, iluminando el ambiente con tus ojazos bellos. Sonríes nerviosamente, y de inmediato me esquivas la mirada.

No insisto, me siento en la barra y te pido un café. Mientras lo preparas, yo miro alrededor, sumido en mis cavilaciones, sintiendo que, una vez más, mi expresión facial me delata ante ti.

Y es que no. Resulta que no. Que no soy un enamoradizo más, de esos asiduos a tu Caffé, ocultos pretendientes, prestos a convertirse en objetos exclusivos de tu mirada. No. No es eso lo que soy. No uno más.

Que yo de vez en cuando voy a tu calle, a encontrarte en silencio. A disfrutar del espectáculo de tus ojos, con la breve excusa de un café. A aspirar a recibir un poco, aunque sea un poco, de lo que tiene tu mirar.

Incapaz de estructurar una estrategia de expresión que no resulte demolida de inmediato por la fuerza abrumadora de tu personalidad, disfruto el aroma y voy sorbiendo despacio el cafecito que recién me has servido.

Y el tiempo pasa, pero no mis deseos, ni la belleza de esmeralda de esos ojazos tuyos, y lo que producen en mí.

Sensación de paz y tranquilidad, de libertad, de llenar un espacio, de tristeza, ¿por qué no?, de alegría, de nostalgia por lo no vivido, de esperanza, de saber que existes y que estás allí; que para mí siempre estarás allí.

Doy vueltas alrededor, viendo las fotografías en las paredes, con la simple excusa de volver a encontrarme contigo, de mirarte y grabarte en mi pensamiento. Y con ello vivir hasta el próximo encuentro…

Hay una melodía de fondo, que escucho a medias mientras recorro esas paredes plagadas de recuerdos, sin que el ruido de la concurrencia me impida escuchar nítidamente, y reconocer la voz de Virginia López:

“Cariñito azucarado que sabe a bombón,

amorcito consentido de mi corazón,

sin saber cómo, ni cuándo, surgió este romance,

sin que yo supiera dónde iba a llegar…”

Decido irme y digo adiós, con el rico sabor del café aún en mis labios, y sigo andando, sin rumbo definido, hasta volver a tropezar con la realidad.


*Imagen: http://www.caffecalabria.com/

Tuesday, October 12, 2010

El curioso incidente del perro a medianoche


Es el nombre de una novela de Mark Haddon (Ediciones Salamandra, 2004). Cada vez que pasaba por el anaquel de la librería parecía llamarme a gritos.


Y yo no parecía escucharla, decantándome por otros títulos, que al final (algunos de ellos) no resultaron ser todo lo buenos que parecían en la semblanza y en la portada.


Es que, como siempre digo, pero a veces no cumplo, debes comprar el libro que te llame. Ve, camina por los pasillos, mira todos los títulos que quieras, hojea los que gustes, lee las semblanzas que te apetezca, pero compra el que te llame, te parezca interesante o no, hayas leído una reseña o no, esté entre los best sellers o no, no importa. Si él te llama es porque tiene algo que decirte.


Finalmente entré un día y fui directo hasta él. Lo tomé en mis manos y tenía una cinta roja que rezaba, entre otras cosas lo siguiente: “17ª. Edición (wow!). “Obra perfecta”. Caballo Verde. “Reflexiones de una belleza y profundidad inusuales”. Babelia…


Y vino a mis manos una de las mejores lecturas que he hecho en los últimos tiempos.


La historia triste, tierna, dulce y complicada de un tenaz adolescente llamado Christopher Boone, quien padece del Síndrome de Asperger, una cierta forma de autismo.


Christopher es muy inteligente para unas cosas y muy torpe para otras. Le gustan las matemáticas, para las cuales muestra una habilidad excepcional, y sueña con ser astronauta. A la vez le cuesta mucho comunicarse con sus semejantes y hay muchas cosas que, a pesar de parecer sencillas, se le hacen muy difíciles de comprender.


Christopher adora al perro de su vecina, la señora Shears, y un día lo encuentra muerto en el jardín. Allí comienza una historia enmarcada en la obsesión de Chris por descubrir al criminal.


Al leerla tuve la misma sensación de cuando leía a Daniel El Travieso (Dennis the Menace) de Hank Ketcham o a Charlie Brown, de Charles Schulz, que son personajes con vida propia, niños que piensan como niños, y que a mí me cuesta mucho creer que hayan sido creados y sus diálogos escritos por un adulto.


Así es Christopher Boone, un muchacho con una gran personalidad y una tenacidad sin límites. La historia es narrada en primera persona, y no sé si es ésta la razón por la que te metes en el personaje y al final no quieres avanzar porque no quieres que se termine la novela. Algo que pocas veces sucede en una lectura.


El autor, Mark Haddon, trabajó un tiempo con niños excepcionales, fue ilustrador y escritor de cuentos infantiles, y yo pienso que este background le ayudó a crear su extraordinaria novela.


Es una excelente recomendación para los amigos de la buena lectura.

Saturday, October 09, 2010

Feliz y triste



Es Ceumar, hermosa cantante brasileña. La poesía me viene al dedillo. Hoy me ha preguntado alguien sobre cómo me siento. No supe responder al momento, pero sí, estoy feliz y triste. Como reza la dulce voz de Ceumar. Cerrar círculos no es fácil. Lo sabe quien lo ha vivido. Ahí vamos, pisando firme sobre los caminos que Dios me ha puesto.

"Creo que estoy feliz y triste,
todo lo que tengo cabe en mi mano,
y te lo doy de corazón.
No necesito nada más,
el mundo es mi hogar,
el cielo es mi camisa,
las estrellas visten mis pies."

Sunday, October 03, 2010

Eudoro López Legórburu. In memoriam


“El Profe” era un hombre excepcional. Gran compañero, excelente colega profesional, confidente, consejero. Un amigo en las buenas y en las malas. Alguien muy cercano, aún cuando a veces la distancia parecía separarnos.



Lo conocí en 1984, cuando tuve que ver una materia en la Escuela de Ingeniería Sanitaria. Trató de convencerme para estudiar la mención de Sanitaria pero yo ya estaba decidido a estudiar Estructuras.


Ello no fue óbice para continuar nuestra amistad, que fue creciendo poco a poco, alimentada con muchas conversaciones "after hour" en su oficina, sobre diversos temas, personales y profesionales, para las cuales él siempre tuvo el tiempo necesario para escucharme, comprenderme, aconsejarme, para dar unas palabras de aliento, para ayudar a tomar la decisión que pensábamos era la más adecuada.


En 1986 tuve la gran dicha de saber que era oficialmente nuestro padrino de grado.


Un amigo de siempre era ahora nuestro padre profesional, eso fue una alegría muy grande para mí.


En septiembre de 2009 nos dejó, en medio de grandes muestras de pesar de todos sus amigos, de estudiantes y colegas de la Universidad Central, la Casa que lo cobijó durante 43 años como docente, investigador y formador de varias generaciones de ingenieros, entre los cuales orgullosamente me encuentro.


Fotografías y presentes que conservo llevan su huella, aunque la más importante de todas es invisible, es la que llevo en el corazón. La misma que, de sólo recordarlo, me hace esbozar una sonrisa cómplice mientras escribo estas líneas.


Me lo imagino en el cielo, rodeado de gente, conversando de lo humano y lo divino, explicando, bromeando seriamente, como sólo él sabía hacerlo.


Hoy 3 de octubre te recuerdo mucho Profe, donde quiera que estés, te manda un fuerte abrazo tu querido amigo “El Puñal”.


*Puñal: término de la jerga universitaria, que alude a la persona que estudia con mucho ahínco. De allí proviene también el verbo puñalear, que significa estudiar con mucho ímpetu.

Sunday, September 26, 2010

P-Book


¡Hola a todos! Hoy es día de elecciones legislativas en Venezuela. El día es de muchas expectativas. Más tarde iré a votar. De momento me he quedado en casa leyendo. Estoy comenzando “Paseador de Perros” de Sergio Galarza (Candaya, 2009).



Ayer estuve de librerías y en una revista leí un reportaje sobre el avance del e-book.


Ya antes había leído en varias páginas reportajes premonitorios del fin de los libros en papel. Del tema ya he escrito antes, y sigue lloviendo sobre mojado.


Dicen que cuando ocurrió la llegada de la radio, ya algunos pájaros habían augurado ese fin, y que lo mismo ocurrió con el advenimiento de la televisión. Pero he aquí que el libro en formato de papel ha logrado, cual Quijote, derrotar a los molinos de viento y seguir allí, cabalgando entre la espesura.


La sensación que me produce el mero acto de leer es única. El olor a papel y tinta, las letras, marcar las páginas para hacer las pausas, sentarme en mi rincón favorito de la casa a internarme en universos paralelos cargados de aventuras, reflexiones, alegrías, angustias, tristezas y todo tipo de sensaciones. Es realmente maravilloso.


Queda decir que espero seguir sintiendo durante mucho tiempo el éxtasis que me produce la lectura de libros en papel.


¿Qué he leído en lo que va de año? He aquí mi lista de libros maravillosos e interesantes, unos más, unos menos:


• “Mal de Escuela”, Daniel Pennac (RandomHouse Mondadori, 2009).


• “Firmín”, Sam Savage (Seix Barral, 2009).


• “En la cima del mundo”, Norman Mailer (451 Editores, 2009).


• “El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas”, Haruki Murakami (Tusquets, 2009).


• “Carta de una desconocida”, Stephan Zweig (Acantilado, 2002).


• “La maleta de mi padre”, Orhan Pamuk (RandomHouse Mondadori, 2007).


• “24 horas en la vida de una mujer”, Stephan Zweig (Acantilado, 2001).


• “Arrancad las semillas, fusilad a los niños”, Kenzaburo Oé (Anagrama, 2002).


• “Un grito de amor desde el centro del mundo”, Kyoichi Katayama (Alfaguara, 2008).


• “Rain: what a paperboy learned about business”, Jeffrey J. Fox (Jossey-Bass/Wiley 2009).


• “Ali Rap. Muhammad Ali, the first heavyweight champion of rap”, George Lois, editor (ESPN Books/Taschen 2006).


• “Perdón, imposible. Guía para una puntuación más rica y consciente”, José Antonio Millán (RBA Libros, 2006).


• “A ese infierno yo no vuelvo”, Patricia Clarembaux (Ediciones Punto Cero, 2009).


• “Mientras escribo”, Stephen King (Plaza & Janés, 2001).


• “Tsugumi”, Banana Yoshimoto (Tusquets, 2008).


• “El clan Inugami”, Seishi Yokomizo (La Factoría de Ideas, 2008).


• “El pasajero de Truman”, Francisco Suniaga (RandomHouse Mondadori, 2010).


• “Idéntico al ser humano”, Kobo Abe (Candaya, 2010).


El actual, “Paseador de perros”, es de ese tipo de libros que te invita a leerlo cuando pasas por el anaquel. Atendí solícito a su llamado. Ya les contaré.

Tuesday, September 21, 2010

Mi perro



Amo a mi perro. Se levanta muy temprano y viene inmediatamente hasta mi cuarto, donde comienza a hacer ruidos para lograr despertarme. Claro, me respeta, y no sube a mi cama. Sólo hace ruidos y me observa. Se levanta del piso, camina de un lado a otro, jadeando, y vuelve a sentarse.



Yo lo veo con mis ojos entrecerrados, lo sigo disimuladamente, de un lado a otro. Muevo un pie y lo veo mover su cola con más fuerza. Sabe que estoy a punto de despertarme, y eso nada más lo emociona.


Finalmente termino su larga espera abriendo mis ojos. Me ladra para que advierta su presencia. Cuando me siento sobre la cama, se sube inmediatamente y se coloca a mi lado, bien cerca. Con los ojos me pide que lo abrace. Yo lo hago y es feliz. El perro más feliz del mundo en ese momento.


Tengo un hueso de goma. Es su juguete favorito. Lo lanzo lejos en el jardín y el corre a buscarlo, y de nuevo hacia mí, trayéndolo en su boca, para que vuelva a lanzarlo. En eso se nos va gran parte de la mañana. Yo también me divierto, lanzando el hueso cada vez más lejos, mientras que el corre cada vez más, y con la misma vuelve a mí con su huesito en la boca.


Lo dejo descansar, y de nuevo lo lanzo hasta que siento que se aburre. Si, los perros también se aburren. Entonces, guardamos el hueso hasta una nueva oportunidad. El me mira, como pidiendo permiso, y corre hacia la calle, a examinar el barrio, a ver qué ha cambiado desde ayer, a oler si otros perros han osado invadir sus predios.


Yo leo la prensa, mientras lo miro a lo lejos, husmeando aquí, y un poco más allá. Saludando al señor que vende los diarios en el kiosco, quien también le tiene cariño. Ladrando a un motociclista que pasa calle abajo sin prestarle mucha atención.


En la prensa hay un reportaje sobre un perro que vio a su amo herido y fue a buscar ayuda, llamando la atención con ladridos desesperados, hasta que logró alertar a la policía, que finalmente lo siguió y encontró a su amo inconsciente en un rincón de un parque. Es un héroe. Anoche lo vi en las noticias. Un perro mediático. Como el del anuncio de cereales, que aparece en la TV con unos niños, comiéndose su cereal a escondidas. Otro perro en la TV, en el cine, en la prensa. El mío no es mediático. No le hace falta. Los medios no parecen llamar su atención. Sólo yo, que soy su amo, que lo quiero y le agradezco su fidelidad.


Cuando llego a casa del trabajo lo encuentro allí, esperándome, moviendo agitadamente su cola y saltando apenas me ve. Yo lo lleno de emoción, y él a mí. Con ladridos me pide que lo lleve a su paseo vespertino. No me hago esperar. Luego volvemos y mientras preparo la cena y le doy su comida, comienza a adormitarse, para finalmente caer mientras veo la TV.


Tendido sobre la alfombra, abre los ojos cuando escucha algún ruido, como comprobando que todo está bien. Y luego vuelve a su letargo. Lo acaricio y ya apenas abre los ojos. El sueño lo domina. Mañana será otro día; y yo estaré feliz de levantarme con mi perro al pie de la cama, muy pendiente de mí y mis movimientos. Es mi perro. El sabe hacerme sonreír. Y yo lo quiero.

*Imagen: http://www.taringa.net/

Sunday, September 19, 2010

5 años, 5 deseos


Los cinco deseos para ustedes en este aniversario: Paz, fe, amor, abundancia y salud.



Un día como hoy, hace 5 años comencé a plasmar mis pensamientos en esta bitácora. “Así pienso, ¿tú qué dices?” vino a llenar un vacío que tenía, ese de mostrar a otros las ideas o temas de discusión o reflexión que a veces rondaban en mi cabeza y que me apetecía compartir con el exterior.


Poco a poco fueron llegando, acercándose a dejar su buena vibra, y yo le fui tomando el gusto a escribir cada vez más y más, hasta lo que hacemos hoy.


Esta bitácora ha sido testigo de mis tristezas y alegrías, mis dolores de muelas, de mis viajes y las experiencias que vivo en otros confines del mundo, de situaciones emocionales que me ha tocado vivir, de mis deseos, mis expectativas, de mi música y mis sentimientos.


Lo comparo a veces con un tren que se ha detenido ya en 316 estaciones (que son los posts que he publicado) y en el cual pasajeros van, pasajeros vienen, unos que se han subido y luego se han quedado en el camino, y otros que desde el primer momento están allí, conmigo siempre.


A todos les dejo un gran abrazo, a las damas un beso enorme, y un agradecimiento infinito por servirme de gran motivación a la hora de escribir.


Y miren que cada vez me provoca más escribir en la bitácora nuestra. De todos los temas, reales o ficticios, o una mezcla de ellos. Al extremo de que cuando dejo tiempo sin escribir me pican las manos. Esa es una buena señal. No importa que la musa se esconda. Respiro profundo y me inspiro.


Hace poco leí una novela de Stephen King titulada “Mientras escribo”, donde el escritor se explaya en un ensayo sobre lo que, según su óptica, debe privar al momento de escribir, y una de las cosas que me llamó la atención es que, cuando habla de las musas, esas señoras caprichosas a las cuales les echamos las culpas de cuando andamos sin motivación, nos dice: “Existe una musa, pero no esperes que baje revoloteando y esparza polvos mágicos creativos sobre tu máquina de escribir u ordenador. Siéntate a escribir y a leer muchísimo porque esa es la clave del éxito”.


Nada, a hacerle caso al Maestro, a seguir leyendo y escribiendo, que ése es el camino que nos une. Los quiero muchísimo. Gracias por seguirme. Brindemos con un buen vino de Oporto ¿vale?

* Imagen: http://www.sintamandusmeulebeke.be/

Saturday, September 18, 2010

Divorcio


Es una palabra que, cuando la escuchas, la piensas ajena. Aunque, poco a poco, los acontecimientos de la vida van anunciando su cercanía. Pero insistes en ignorarla. No es contigo. Es con otros.

Sigues escuchando de ella, generalmente asociada a otras personas, o a otras palabras, como crisis, desencuentro. Pero no es contigo. Sigue adelante, que vas muy bien.

Luego comienzan lentamente los problemas, comienzas a percibir los síntomas. No, no es tu problema, sino el de los demás.

Comienzas a olerlo muy de cerca. Vienen discusiones. Desasosiego. Molestias. Más discusiones. Subidas innecesarias de la voz. Agresiones, verbales o no. Pero, ¿divorcio? Eso no es conmigo.

Hasta que la escuchas salida de la boca de quien menos pensabas oírlo. Y esa voz, ese tono, que ya no es de amenaza sino de convicción, de firmeza, de decisión definitiva, llega, con música incidental incluida, implacable e inmisericorde, que se escucha estridente, tajante, diáfana, fuerte y clara. Un sonido que ya nunca podrás olvidar y que te acompañará a lo largo de tu vida. Como una espada de hoja muy fría que te atraviesa de la cabeza a los pies, lenta, muy lentamente, y termina aplastándote.

– ¡Quiero el divorcio!

Te sientes morir, pero no atinas a hacer nada, a decir nada. Sientes el frio de la espada, dentro, muy dentro de ti. Y ya no puedes hacer nada. Lo sabes. Lo sientes. Lo percibes. Lo asimilas de una vez. Ya no es con los demás. No es una voz lejana, ni una lectura extraña, ni alguien que viene a contarte. Está allí, como un fantasma medieval, parado frente a ti, aplastándote con su temida personalidad. Si, el divorcio toca a tu puerta después de 20 años de vida en común.

Como toda crisis, es difícil abordarla. Aparecen muchos actores de detrás de la cortina, que te dicen y te hablan, y te aconsejan, pero no. Ya no quieres escucharlos. Ya no tiene sentido. Sabes a quien buscar, a quien escuchar, y comienzas a hacerlo.

Cuando sabes que cada salida es una entrada a nuevas experiencias que están por venir, avanzas firmemente hacia la salida. No te queda más. A encontrarte con tu destino. Con toda la energía posible.

¿Duele? Si duele. Duele mucho. Muchísimo. Pero ese duelo hay que vivirlo también. Es parte del aprendizaje.

Y aquí va el que no escuchaba. El que creía que no era con él. Caminando solito, sumido en sus cavilaciones tardías. Pero así es el proceso vital que acompaña a la madurez. Y a veces las señales llegan tarde, muy tarde para hacer algo.

Ya lo dijo Takuchi en su oportunidad:

“La crisis es aquella situación que te demanda una decisión de cambio, que determinará si sales de ella y creces, o te quedas en ella y pereces”.

Aquí voy de nuevo, como otras veces en mi vida, buscando el camino. El futuro es brillante, tan brillante que enceguece.

*Imagen: http://www.ondacero.es/

Monday, September 13, 2010

Isla de Margarita, parte de mi mundo. Segunda Parte

"Yo tengo un mundo mío, y voy a compartirlo con alguien como yo, sueños de amor y fantasía serán las normas mías para regir mi vida, mi mundo es complicado, difícil de explorarlo, difícil de vivir, pero es mio, es el mundo mío, lleno de triunfos y fracasos, virtudes y pecados, y en él no cabes tú".

Esa melodía de Luis Enrique suena repetidamente en mi mente cada vez que estoy en mi isla de ensueño.


Vuelvo a Margarita cuatro años después y la encuentro más linda que la última vez.


Es que esa isla es encantadora. Nadie te niega una sonrisa. Su gente. Sus paisajes. Es un embrujo.


Recorrerla es cargar el espíritu de energía, de ganas de vivir en ese paraíso.


Coincido con las festividades de la Virgen del Valle, la Patrona local. Mejor aún. Soy testigo de la devoción de su gente.


Dan unas ganas enormes de volver, de vivirla, de recorrer todos sus rincones, de conocer su gente hermosa.


Encontré a la isla muy activa, mucho turismo y comercio, motivado quizá por las restricciones para obtener dólares a nivel nacional.


Las playas más hermosas que mis ojos han visto. Definitivamente la isla enamora.


Sin lugar a dudas: “Margarita es una lágrima… que un querubín derramó”.


*Gracias Bluesoul por mostrarte en 3D y compartir tan agradable conversa conmigo.

Sunday, August 29, 2010

Reloj, no marques las horas...



El tiempo. Así de implacable. Nunca se detiene. Y a veces tendemos a perder el control. Sabemos cuando comienzan las cosas pero nunca cuándo ni cómo terminan.


La mayoría de las veces pensamos que vivimos en una eterna rutina donde una cadena de acontecimientos se repite sin cesar. Hasta que la vida nos demuestra que no es así.


Para esos seres privados de libertad, por errores que han cometido en sus vidas, el tiempo pasa a perder su significado primitivo, es decir, el de la duración de los acontecimientos. Ellos saben mejor que nadie cuando entran a la cárcel pero ni siquiera saben si saldrán vivos, así que para ellos, la vida es un momento a la vez, un encuentro a la vez, una simple mirada y la interpretación que se le da.


Para el piloto de un avión en problemas a diez mil metros de altura, el valor de un segundo es inmensurable. Y la velocidad en que múltiples alternativas de solución se pasan por su mente más aún. La misma velocidad en que se cotejan y desechan soluciones. Una decisión cambiará el destino de 180 personas que muchas veces ni se dan cuenta del percance.


Un hombre en caída libre, cuyo paracaídas tarda mucho en abrir, puede ver claramente los principales acontecimientos de su vida en un abrir y cerrar de ojos. La velocidad de sus pensamientos es inversamente proporcional a la velocidad en la cual caen sus lágrimas sabiendo el destino que, de no abrir el artefacto que porta en su espalda, le espera irremediablemente.


La madre que cuenta los días que faltan para el regreso de su hijo, quien presta el servicio militar en el frente de batalla, mira el reloj, y detalla cuidadosamente la fecha del mes, la hora, los minutos y hasta los segundos que transcurren mientras mantiene su mirada en la esfera del tiempo, y calcula con precisión matemática el tiempo que falta, si no hay noticias fatales, para su regreso.


El joven abandona el naufragio y se lanza en medio del río, pensando que tendrá fuerzas suficientes para llegar a la orilla, y luego de nadar y nadar un largo tiempo, y darse cuenta que la orilla aún está lejos, le fallan las fuerzas, y no sabe, en medio de su angustia, qué cosa medir: si el tiempo que le falta para tocar la orilla o el instante en que sus fuerzas menguarán y sucumbirá ante la corriente.


El amante que, luego de muchísimos intentos, por fin logra estar a solas con su amada, compartiendo sábanas en una noche interminable, con pasión desenfrenada. Una noche que ambos desearían que fuese eterna. Como en la canción de Roberto Cantoral:

"Reloj, no marques las horas, porque voy a enloquecer,
ella se irá para siempre, cuando amanezca otra vez.

No más nos queda esta noche, para vivir nuestro amor,
y tu tic-tac me recuerda, tu irremediable dolor.

Reloj, detén tu camino, porque mi vida se apaga,
ella es la estrella que alumbra mi ser,
yo sin su amor no soy nada.

Detén el tiempo en tus manos, haz esta noche perpetua,
para que nunca se vaya de mí, para que nunca amanezca."


Sunday, August 22, 2010

Pausa


Levantarse temprano rinde sus frutos. Salgo de casa rumbo a la estación del subterráneo a buscar a alguien. Ese alguien se retrasa y lo avisa, llamada telefónica de por medio. ¿Qué hacer entre tanto? ¿Un café?

Vómero es el nombre de un barrio de Nápoles. Para mí es más bien sinónimo de un buen café en Caracas. ¿Por qué pensarlo dos veces? Hacia allá vamos. A veces uno va a probar un cappucino (único en la ciudad) y nuestra amiga Anna Rosa lo adereza con unos sandwichs que prepara al instante, y que son una auténtica delicia. Ella hace magia con sus manos, y allí mismo, frente a tu mirada, pone, sobre una rebanada de pan de afrecho, el auténtico tomate seco ahumado italiano y te dice, con total seguridad de que vas a quedar encantado, extasiado y estremecido por el buen sabor:


–Prueba.


–Mmmmmmmm… ¿Cómo no quedar extasiado? –respondo yo.


Es sábado en la mañana, y la ciudad se esmera por mostrar su mejor cara, luego de los estragos del viernes en la noche. Y lo consigue, porque esta ciudad de Caracas da para mucho más de lo que uno se imagina.


Las vías están libres de los embotellamientos de la semana, del frenesí, las groserías de los conductores impacientes y el desorden típico de otros días. Y la vista apacible al romántico Ávila, testigo de tantas y tantas historias, lo llena todo. Puedes ir de un extremo a otro de la ciudad en pocos minutos, tarea imposible e impensable durante los días laborales.


No estoy corriendo en el Parque del Este desde hace un tiempo. Decidí hacer una pausa en el ejercicio y dedicar el tiempo a otras cosas que también me llenan. Y entre las cosas que más extraño están esas vistas preciosas a la montaña que se contemplan desde la pista del parque. Extraordinarias. Te devuelven el espíritu luego de una jornada de entrenamiento corporal.


Pero todo en la vida requiere de una pausa. Al menos para mirar hacia adentro. Para observarte a ti mismo desde una perspectiva externa. Algo así como parar en un sitio, salir de tu propio cuerpo, caminar unos pasos y voltear a mirarlo, desde todos los ángulos, a ver qué está mal y qué está bien, qué debes cambiar en el aspecto. Porque el aspecto revela todo.


Y cuando digo aspecto me refiero, en un instante cualquiera de tu día, a la posición de la columna, la ubicación de los brazos, las piernas, la dirección de la mirada, el semblante, la boca. Todo tiene algo que decir. Y no es mirarse en un espejo. Es diferente. Frente al espejo te preparas y pones (sin querer, queriendo) tu mejor pose. Aquí no. Aquí te sales por completo y desde afuera te ves tal como eres en ese preciso instante congelado en el tiempo, todo alrededor, desde arriba y a los lados (de planta y elevación diría un ingeniero). Ves tu propio semblante. Y puedes descifrar tu propio código.


Esa pausa nos cambia. Nos hace sentir bien con nosotros mismos, que es la puerta a sentirnos bien con los demás. Nos lleva a tomar decisiones importantes. Nos modela el espíritu. Nos hace mejores personas. Hace que cuerpo y espíritu se tomen de las manos. ¿Lo han intentado hacer alguna vez?


Cierro esta divagación con las sabias palabras de Piero Ferrucci, filósofo italiano:


“Elimina algo superfluo de tu vida.


Rompe un hábito.


Haz algo que te haga sentir inseguro.


Lleva a cabo una acción poniendo en ella toda tu atención e intensidad. Como si fuera la última de tu vida”.


¿Vale?

*Fotografía de Julián Calderón Oviedo en Panoramio (Google Earth).

Friday, August 20, 2010

De la coma y el sentido de las cosas.

Esta tarde tuve una amena conversación con mi amigo Félix (que no el gato) sobre la escritura y las situaciones que de ella se derivan.

A Félix le encanta la escritura y tiene planteado escribir un cuento infantil, para lo cual pule sus condiciones en la Escuela de Escritores.

Yo nunca he revisado esa página porque, en mi opinión, para escribir mi novela solo necesito leer bastante y escribir a menudo.

Un día me siento a escribir y la novela saldrá sola. Eso pienso pero Félix difiere.

En la tarde, cuando conversamos, le mencioné la obra “La maleta de mi padre” de Orhan Pamuk, donde el laureado escritor deja saber sus impresiones acerca del arte de escribir.

Félix no perdió tiempo y voló a la librería, compró el libro y en tres horas ya era historia. También tuvo a bien recomendarme un libro sobre el tema: “Mientras escribo”, de Stephen King (Plaza & Janés, 2001). Ahora lo estoy leyendo. Me gusta mucho leer a los escritores cuando disertan sobre la escritura y lo que significa para ellos.

En ese mismo sentido, hace poco leí un libro que escribió José Antonio Millán “Perdón, imposible. Guía para una puntuación más rica y consciente” (RBA Libros, 2005). En una prosa muy amena e inteligente, José Antonio nos lleva a comprender cómo una simple coma puede cambiar radicalmente el sentido de una frase u oración.

Lo matiza con una anécdota interesante, que les coloco a continuación:

"De mis años escolares recuerdo una anécdota atribuida a Carlos V (luego la he encontrado referida a otros reyes, pero nos dará lo mismo...). Al emperador se le pasó a la firma una sentencia que decía así:

Perdón imposible, que cumpla su condena.

Al monarca le ganó su magnanimidad y antes de firmarla movió la coma de sitio:

Perdón, imposible que cumpla su condena.

Y de ese modo, una coma cambió la suerte de algún desgraciado..."

Otro amigo, Angel, me envía otra anécdota sobre los estragos que puede hacer una coma puesta aquí o más allá:

Julio Cortázar escribía:

"La coma, esa puerta giratoria del pensamiento"

Leamos y analicemos la siguiente frase:

"Si el hombre supiera realmente el valor que tiene la mujer andaría en cuatro patas en su búsqueda"

Si usted es mujer, con toda seguridad colocaría la coma después de la palabra mujer.

Si usted es varón, con toda seguridad colocaría la coma después de la palabra tiene.


Friday, August 13, 2010

¿Luz de la calle, oscuridad de la casa?


Un vecino vio a Nasrudin Hodja buscando algo en el suelo-

–¿Qué estás buscando Hodja? –le preguntó.

–Mi llave –dijo Hodja.

De inmediato el vecino también se puso de rodillas a buscar la llave.

Al cabo de un buen rato de buscar y no encontrar, el vecino le pregunta a Hodja:

–¿Y dónde exactamente se te ha caído la llave?

–En mi casa.

–¿Y entonces, por qué la buscamos aquí afuera?

–Porque aquí hay más luz que en mi casa.


Imagen: http://www.gizmodo.es/