Saturday, November 30, 2013

Color esperanza


Mi amigo me dice que va a editar un libro, que se ha lanzado de cabeza al negocio editorial en un país donde emprender en estos tiempos es entrar confiado en un mar infestado de tiburones es el mejor concepto de fe que he recibido en los últimos tiempos.

Hay gente valiosa aquí adentro, gente que cree en un mejor futuro y está trabajando desde ahora en eso. Gente que no tiene miedo. Gente que cree en la libertad. Gente que cree en el poder de la literatura.

Lo vi por casualidad, ya que la ubicación de su trabajo está fuera de mi ruta diaria. Por eso lo encuentro espaciado en el tiempo. Por eso me gustan tanto las conversaciones con él.

Los temas nuestros giran principalmente en torno a los libros. Las opiniones divergen a veces. Otras tantas convergen. Y se enriquece la tertulia.

Las personas llegan, interrumpen, el hace su trabajo y yo veo libros, luego volvemos, hablamos, hasta la siguiente interrupción, y así y todo vamos hilando una conversa profunda y bonita.


Gracias a gente como él voy tejiendo poco a poco el lienzo donde espero ver dibujado a mi país. A pesar de los malos augurios, hay gente bonita allí adentro que lucha por tener el país que queremos. Es buena vibra en su máxima esencia. No todo está perdido. Mientras adentro haya esperanza, y se tejan vínculos de libertad, de conciencia, espiritualidad, amor, camaradería y de urbanidad.

*Foto AP de un mensaje enviado por los 33 mineros chilenos mucho antes de ser rescatados.

Sunday, November 17, 2013

Una tarde con campanas


Termino de leer “Una tarde con campanas” de Juan Carlos Méndez Guédez (Equinoccio, 2012) y ya estoy considerando mi adicción a la narrativa de este autor, nacido en Venezuela y residenciado en España.

Hace un tiempo me lo había recomendado una amiga, y había comprado “La bicicleta de Bruno y otros cuentos” (Bruguera, 2008) y “El libro de Esther” (Lugar Común, 2011) pero no había encontrado el momento de comenzar con su lectura.

Fue con “Arena negra” (Lugar Común, 2012) que me inicié en la lectura de su prosa y me identifiqué de una vez. Es un libro desarrollado con una original óptica de capítulos identificados con letras del alfabeto. Va desarrollando una historia hermosa y triste al mismo tiempo, que tiene que ver con la emigración y sus consecuencias: la soledad, la separación de las familias, la adaptación al nuevo entorno, la nostalgia de los que se quedan por los que se van y viceversa, el amor (correspondido o no), el desarraigo y la tristeza. La construcción de la novela se hizo sobre la base de una prosa muy fina, sin palabras rebuscadas sino más bien precisas, unos personajes de carne y hueso que bien pueden tomar el nombre y las caras de muchos que uno mismo conoce y ha escuchado sus vivencias. Escribí sobre ella aquí.

Esta semana, en una visita que hice a una librería, tropecé con “Una tarde con campanas”, la abrí en el mismo anaquel y comencé a leer, y no me pude despegar de ella en un par de días, suficiente para devorarla de principio a fin y confirmar la clase de autor que es Méndez Guédez. De nuevo el tema de las migraciones y sus secuelas, esta vez contada en primera persona, en la voz de un niño que es arrancado de su pueblo natal y va a parar a su nuevo entorno de Madrid, donde, a pesar de hablar el mismo idioma, las palabras que trae causan gracia en las personas que va conociendo, y se ve obligado a explicarles su significado, cuando se puede porque a veces no se puede, como en el “chévere cambur” que acostumbra a decir su padre.


Estoy realmente feliz de tener como lecturas pendientes a “La bicicleta de Bruno y otros cuentos” y “El libro de Esther”. 

Y demás está decir que voy a traerme todo lo que vea de Méndez Guédez, porque sé que es en verdad un autor extraordinario.

Saturday, November 09, 2013

El mecánico


Hoy tenía planeado hacer un montón de cosas pendientes. Confié (una vez más) en la palabra del mecánico que repara mi carro desde hace varias semanas. “Mañana te tengo tu carro. Ya está casi listo”. Eso me dijo ayer.

Esta mañana de sábado, luego de desayunar, resolví llamarlo para saber la hora en que debía estar frente al taller para recoger mi carro funcionando bien. La respuesta, una vez más, me dejó mudo. “Tu carro no está listo. El mecánico asignado no vino hoy”.

No pude articular palabra mientras escuchaba, dentro de mí, el ruido proveniente del desmoronamiento de la estatua que simbolizaba el plan de cosas que debía hacer hoy. Y que no ocurrirán. Ya no compraría las macetas, ni la tierra, ni siquiera una nueva planta de la cual me enamorara en el vivero.

Ya no sé si visitaré a Ricardo, el amigo más nuevo que tengo (un bebé), hospitalizado con una infección respiratoria en una clínica de Caracas.

Nada que ver con el recorrido de algunas avenidas de la ciudad para escuchar su ritmo, sus vaivenes, la melodía de las voces de sus habitantes. No va.

Me sale reclusión y resignación. Me toca esperar.

Y mientras tanto pienso que alguna gente no tiene palabra. Que dice un lapso pero ni siquiera piensa en cumplirlo. Lo dice por decir. Porque al final algún día estará listo el fulano carro. O como me ha pasado otras veces. Me lo entrega. Le pregunto si lo ha probado y le consta que esté bien. Lo afirma. Le pido confirmación. Lo confirma. Y basta que ruede algunos metros para que me dé cuenta que no ha sido así. Que debo volver y dejarlo. Que no ha sido reparado a satisfacción. Que sigo sin carro. Que a él en realidad no le importa. Que solo soy un cliente más. Que no sirve de nada si vuelvo o no vuelvo nunca.

He cambiado de mecánico como quien cambia de ropa. He seguido recomendaciones de amigos. He preguntado en la calle. He leído en prensa los avisos. He probado. Y he probado. Y he probado.

No encuentro ese mecánico en el cual pueda creer. Que no me mande a callar directa o indirectamente cuando le estoy explicando la falla del carro. Que no crea que lo sabe todo. Que sepa que escuchar al cliente es el paso más directo hacia un buen diagnóstico y una buena solución del problema del carro. Que cumpla con lo que dice que va a hacer y con los lapsos de tiempo para la entrega. Que no se escude en excusas para justificar lo injustificable.

No lo he encontrado y he llegado a un punto en que no se si exista. Y mientras tanto el tiempo pasa. Y el carro sufre. Y sufrimos ambos. Sueño con salir del taller y saber que no tengo que volver a reportar otra falla, o la misma, ni a reclamar, ni a escuchar justificaciones. Y que no me vuelvan a decir mentiras. Ni promesas falsas. Sino la verdad.


¿Pido mucho?

*Imagen: www.autoblog.com

Sunday, November 03, 2013

Las compras, ayer y hoy


Ayer


Hoy

Hoy las cosas son muy diferentes a las de ayer. Hablo de un ayer que puede ser la semana pasada, el año pasado, hace una hora o un lustro.

Recuerdo muy bien cuando mi mamá me llevaba a la Tienda de electrodomésticos de General Electric que estaba en Sabana Grande (Caracas). La atendía siempre el mismo vendedor (Alejo Peña), que se aseguraba de darle a mamá lo mejor que tenía con el dinero que ella podía pagar, o arreglarle una muy convincente fórmula de pago en el tiempo. Luego de la venta, aparecía por la casa a verificar si el aparato fue correctamente instalado y si estaba completamente satisfecha con el producto. Terminaba siendo amigo de la familia y sosteniendo conversaciones de béisbol conmigo, que apenas comenzaba a practicarlo, dándome sus valiosos consejos.

Hoy en día vas a una Tienda y muchas veces no consigues a los mismos vendedores de la semana pasada, cuando fuiste a ver un aparato eléctrico. Nadie te da razón del vendedor que te atendió. Los otros vendedores no se identifican ni con la tienda ni con el producto y al final no te quedan ganas de comprar nada.

Vivimos días donde la gente va una Tienda, ve el producto que quiere y se fija bien en el código y el precio. Cuando llega a casa entra en Amazon o algún otro portal de internet y busca el producto en el catálogo. Aún con las limitaciones para el cambio de moneda extranjera que existen en el país hace la compra del artículo, paga el envío y sumando todos los gastos invierte a lo sumo el 10% del precio del mismo artículo en la Tienda. Es el usuario común convertido en importador de bienes, obligado por los altos precios de la oferta de las Tiendas con vendedores que no son sus amigos, no le garantizan servicio de post-venta y mucho menos quieren compartir con ellos sus gustos o resolver una forma de pago.

¿Cómo sobreviven las Tiendas ante una realidad como esa? Creo que de alguna forma se benefician del hecho de que un porcentaje importante de la población aún no tiene acceso o no sabe navegar en internet. Es una población cautiva que no tiene otra opción que la de caminar de Tienda en Tienda a ver dónde consigue el menor precio por el artículo, y aún así paga 10 veces su precio en el portal de compras.

Ya el público no se intimida con aquello de que para extender servicio y garantía tienes que haber comprado el producto en la red de Tiendas de Venezuela. No. La brecha de precios justifica el riesgo tomado. El consumidor se vuelve más estricto al momento de escoger las marcas que le garantizan calidad y durabilidad. Se guía por las opiniones de otros usuarios de internet y de consumidores vecinos. El margen de error se hace más pequeño y reduce el riesgo.

Las empresas que traen los pedidos internacionales han crecido. En muchas de ellas hay que hacer colas para retirar el producto comprado. Y se ve gente de todos los niveles en las mismas. El consumidor venezolano ha incrementado su abanico de opciones. La compra ha perdido personalidad y ha ganado en variedad, calidad y costo. A punta de "clicks" nos llega el producto a casa, leemos las instrucciones y nos convertimos en nuestros propios instaladores, con ayuda on-line si es necesario.

Son otros tiempos, definitivamente. 

* Imagenes de www.noticierodigital.com (Tienda GE) y www.marketingdirecto.com (Amazon).

Sunday, October 20, 2013

Japón en las letras


Nada hay que sustituya una buena conversación con amigos. Más si se trata de temas afines a ambos en los que no puede haber sino valor agregado. De eso hablábamos hace poco en una amena conversa que comenzó con el tema de la narrativa de Haruki Murakami y luego se paseó por sus novelas, el asunto espinoso del Premio Nobel, la literatura japonesa en general, los autores predilectos y sus libros.

Allí uno se da cuenta que no está solo en eso de leer a autores y libros que en apariencia pocos leen.

Te das cuenta que Dazai, Tanizaki, Soseki, Yoshimoto, Mishima, Oe, Kawabata no son astros u objetos desconocidos,  perdidos en la infinidad del espacio exterior.

Muchas veces me ocurre que cuando estoy leyendo quisiera conversar con alguien sobre algún aspecto de la lectura, y ese alguien queda convertido en un vacio, en un nadie que aparece y desaparece, y al final, el tema se zanja con una apreciación muy personal, no compartida.

Eso, por lo general no es la idea, porque tu opinión quieres contrastarla, quieres saber cómo alguien la mira desde otra perspectiva. Quieres convencerte que, el hecho, mirado desde otro ángulo, tiene otra óptica, otro desenlace, otra conclusión que no es la tuya.

Y sucede que a veces no consigues ese interlocutor, bien porque no acudió ese día a la librería o al café de reuniones o por lo que sea. Y descubres que hay otras personas que también se han internado en el tema de la literatura japonesa. Aunque no lo sabías al principio, te das cuenta que han ido lejos, y han pasado por autores contemporáneos y clásicos, han leído sus novelas y cuentos, y tienen para cada uno una nueva ventana, a través de la cual se asoman junto a ti, y ven en perspectiva la otra cara de la Luna.

Eso me parece maravilloso. Yo pensaba que era un fenómeno que sucedía comúnmente en países como España y México. Pero no, aquí en Venezuela también sucede. La gente lee a los japoneses, sus novelas, su historia, tiene sus autores favoritos y de allí surgen tertulias extraordinarias.

De allí aprendes que hay gente que ha ido más lejos, que ha ido al propio sitio de los acontecimientos en busca de las respuestas que a veces los libros no dan, y las han encontrado, y las pueden compartir. De allí aprendes que no estás solo. De allí que puedes ir mucho más lejos en tu aventura por esos paisajes y personajes tan ajenos a estas latitudes.

Es como tomar un segundo aire, y volver sobre lo leído, sobre lo narrado, compartirlo, disfrutarlo a plenitud.

No creo que esté lejos el día en que nos sentemos en un coloquio sobre la literatura japonesa. No se necesita mucho, el gusto por los detalles, por lo diferente, por lo refinado de sus líneas, por la historia, por el viaje a través de los sentimientos que generan muchos de los autores. Ese día no está lejos.

Thursday, October 10, 2013

"1Q84"


“1Q84” es una novela cuyo título recuerda a aquella famosa obra de George Orwell, “1984”, pero que poco tiene que ver con esta.

Pensaba que era así y comencé por leerme “1984” de Orwell antes de los Libros 1 y 2 de “1Q84”.

“1Q84” transcurre en un mundo paralelo, donde unos personajes entretejen unas historias en las cuales se involucran los protagonistas, Tengo, profesor de matemáticas y aspirante a escritor y Aomame, instructora en un gimnasio.

Tras la decepción inicial por no encontrar el paralelismo con la obra de Orwell, me sumergí en esa especie de inframundo donde suceden cosas muy extrañas y surrealistas, como la aparición en las noches de dos lunas, una grande y redonda como la que conocemos y otra más pequeña y verdosa.

Aomame entra a ese submundo en Abril de 1984 a través de una entrada cercana a la Autopista Metropolitana de Tokio y por ese mismo punto lo abandonará al final de la historia, en Diciembre de 1984.

Su historia y la de Tengo Kawana se van construyendo al mismo tiempo, y aunque no se encuentran, van sucediendo cosas muy extrañas cuyas pistas tienden a unirlos en una búsqueda mutua.

Los personajes de la historia son increíbles, si bien la trama se torna un poco aburrida a mitad de los Libros 1 y 2, en el Libro 3 el autor recupera toda su fuerza narrativa hasta hacerla realmente adictiva.

De los personajes del libro me gustaron mucho Fukaeri, una niña que no sabía expresarse bien, y aun así escribe una novela. Komatsu, el editor, encarga a Tengo la corrección del texto, y éste la convierte en un best seller.

Ushikawa, una especie del famoso detective Columbo, interpretado por Peter Falk. Poseedor de la magia y el encanto de personajes como Nakata en “Kafka en la orilla”, del mismo autor.
Y, por supuesto, los grandes protagonistas: Tengo, el profesor de matemáticas y aspirante a escritor que saltó a la fama, contra su voluntad, al corregir el manuscrito “La Crisálida de Aire”, escrito originalmente por Fukaeri.

Masami Aomame, o Aomame a secas, instructora en un gimnasio, quien es el eje central de la historia. Una mujer en sus treintas, fuerte de carácter, enigmática y fría de procederes. Un personaje impactante desde el inicio hasta el final.

Estuve a punto de no leer el Libro 3 porque me pareció un poco tedioso, largo y fantasioso el desarrollo de los Libros 1 y 2 (tipo “El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas” del mismo autor), pero fue buena idea continuar con el tercero porque hizo las veces de catalizador de la reacción química iniciada en los libros previos. Allí muchas cosas terminaron de comprenderse, se amalgamaron y dieron fruto.


Dado lo adictiva de la novela, comencé a llevarla al trabajo, a la cama y hasta en el tráfico hacia o desde la oficina. Leía con fruición en todas partes, y da la casualidad que finalicé cuando me hallaba detenido en un semáforo, camino a casa. Esos sesenta segundos me permitieron dar el toque final del manjar. Lo cumbre es que cuando levanté la mirada, alrededor de las 7 de la noche, la Luna brillaba en el cielo, bajita aún, y a su lado estaba Venus, también brillante, con la apariencia de ser las “dos lunas” que caracterizaron el submundo de “1Q84”. Comunión total con Haruki Murakami.

*Imagen www.haruki-murakami.com

Sunday, September 22, 2013

8 años escribiendo...


Escribir es encontrar la paz.

Uno tiende a enredarse en sus ocupaciones y sumergirse de tal forma que a veces termina olvidando lo que verdaderamente es importante.
Pero es parte de la dinámica de la profesión, hay que entenderlo, y como dice un viejo amigo: “Open the window para que la mosca flies!”. Dejar fluir, en otras palabras.

El pasado jueves 19 de septiembre mi Bitácora cumplió ocho años en la red. Creo que solo yo recuerdo esa fecha como el cumpleaños de un hijo muy querido (eso es lo que es); ese día plasmé mi primer escrito breve para probar la web de Blogger.

Antes de eso escribía papeles que ya nadie recuerda donde han quedado, o lo atesoran por allí sin que nadie lo sepa, uno no sabe.

El gusto por la escritura me viene en paralelo con el gusto por la lectura. Han ido de la mano por unos cuantos años pero creo que en la escritura me falta bastante. La lectura de buenos textos es la mejor escuela sin duda alguna. Y son ellos los que dirán cuando es el momento ideal.

Paseando por mi Blog, leyendo las entradas previas me vienen a la mente muchos momentos vividos. Unas cuantas etapas de mi vida se reflejan en uno que otro escrito. Los cambios se reflejan hasta en la manera en que releo las entradas. Pienso que de haber sido hoy las escribiría de otra forma, pero allí como están reflejan bien el momento que viví cuando las escribí y creo que ya no admiten corrección alguna. Ahora son solo capaces de darme ideas nuevas para nuevas escrituras que hoy creo poder realizar.

Hoy se que hay sitios geográficos donde la creatividad aumenta en mi, y generalmente son sitios cercanos a montañas. Allí, donde el silencio reina, es donde me gusta sentarme en una mesa con la hoja en blanco y plasmar mis palabras. Creo que fluyen de una manera extraordinaria. Sin embargo hay que ejercitar la creatividad en cualquier lugar y en cualquier momento. Así las cosas, no dejo de pensar en una casita en la montaña, con una vista al valle donde pasa un río, y donde se ven las montañas circundantes, y las casitas con sus chimeneas, y la gente del lugar, y las bestias de carga, y los caminitos de piedra. 

El lugar del escritor lo llamaría Victoria de Stefano.


Cuando consiga estar en ese lugar comenzaré a escribir los textos que me corresponde llevar a un libro. Mientras, seguiré ensayando aquí en esta Bitácora tan querida. Y espero seguir encontrando gente que venga a leer lo que yo escribo. Gracias a los que se aventuran aquí. Un abrazo y como dice el cartel del Pueblo de La Guardia: "Paz a los que llegan, salud a los que habitan y felicidad a los que marchan".

Saturday, September 21, 2013

Só tinha de ser com você


É, só eu sei quanto amor eu guardei
Sem saber que era só pra você
É só tinha de ser com você
havía de ser pra você
Senão era mais uma dor
Senão não seria o amor
Aquele que a gente não vê
O amor que chegou para dar
O que ninguém deu pra você
O amor que chegou para dar
O que ninguém deu pra você 

É você que é feita de azul
Me deixa morar nesse azul
Me deixa encontrar minha paz
Você que é bonita demais
Se ao menos pudesse saber
Que eu sempre fui só de você
E você sempre foi só de mim
Que eu sempre fui só de você
E você sempre foi só de mim

Tenía que ser contigo
Letra: Aloysio de Oliveira
Música: Tom Jobim

Si, solo yo se
cuanto amor
me guardé,
sin saber
que era solo
para ti.

Si, tenía que ser contigo,
Tenía que ser para ti
Si no, era una pena más
Si no, no sería amor
Aquel que otros no ven
Un amor que llegó para darte
Lo que nadie antes te dio.

Si, tú que estás hecha de azul
¿Me dejas vivir en ese azul?
¿Me dejas encontrar allí mi paz?
Tú, que eres demás de bonita
Si al menos pudieras saber
Que yo siempre fui solo tuyo
Y tú siempre fuiste solo mía.

Esta canción me ha acompañado durante más de 30 años. La grabé de un LP de Tom Jobim y Elis Regina que trajo mi amigo Carlos Genatios cuando regresó de su postgrado en Río de Janeiro, Brasil. La canción es hermosísima, como casi todas las de Jobim y se la dedico a Anna, mi media naranja, como decíamos en los años 70. Jane Monheit, cantante de jazz de New York, la canta en su CD "Surrender", si lo desean la escuchan aquí.

Sunday, September 15, 2013

Sarin, el asesino invisible


Hace poco leí un libro de Haruki Murakami, “Underground” (Vintage Books, 2001) donde realiza una serie de entrevistas a las víctimas y victimarios del ataque con gas Sarin efectuado en varias estaciones del Metro de Tokio el 20 de marzo de 1995 por integrantes de la Secta Aum Shinrikyo.

Los testimonios recogidos por Murakami dan cuenta de los terribles y nocivos efectos que produce el gas Sarin cuando es inhalado por un ser humano.

Los efectos por inhalación del gas, relata Murakami, varían considerablemente, según  la exposición de la persona al gas. Daños simples (como una simple jaqueca, nariz tupida, vómitos o la pérdida momentánea de la visión) hasta la muerte por colapso generado por la paralización del mecanismo mediante el cual el sistema nervioso envía mensajes a los órganos del cuerpo.

Los sobrevivientes deben enfrentarse a una serie de problemas que van desde el estrés postraumático, fallas permanentes de la visión, migrañas y problemas respiratorios permanentes.

Cuando en 1995 los médicos en Tokio detectaron intoxicación por inhalación de sustancias organofosforadas, debido principalmente a la contracción de las pupilas, fue cuando se logró dar el tratamiento apropiado a las víctimas que llegaban a los hospitales. Ya en ese momento trece personas habían muerto y alrededor de cincuenta presentaban fuertes convulsiones.

Había un antecedente clave para dar con la causa, y era un ataque previo perpetrado por la misma Secta en junio de 1994, cuando una nube de gas Sarin mató a 7 personas y dejó 500 heridos en Matsumoto, Japón. El doctor Nobuo Yanagisawa, de la Universidad de Shinsu logró amarrar ambos incidentes por lo parecido de los síntomas  y fue la persona que llamó a los principales hospitales de Tokio para ordenar el tratamiento adecuado de antitoxinas.

¿Y qué es el Sarin? Es un compuesto organofosforado descubierto por científicos alemanes en 1939 cuando investigaban sobre pesticidas. Su poder letal es 26 veces mayor que el cianuro. Una sola gota de Sarin del tamaño de la cabeza de un alfiler puede matar un adulto. Se presenta en forma de líquido pero se evapora fácilmente y se propaga en el ambiente.

La ONU clasifica al Sarin como arma de destrucción masiva y su producción y almacenamiento está prohibido por la Convención sobre Armas Químicas de 1993. Este Tratado no ha sido firmado por solo cinco países: Angola, Corea del Sur, Sudán, Egipto y Siria.

El Sarin cobró una triste fama como arma química en la masacre de Halabja, al norte de Irak, cuando aviones enviados por Saddam Hussein bombardearon esa localidad de mayoría kurda, matando a 5.000 personas y dejando heridas a 65.000.

Actualmente se desarrolla en Siria una Guerra Civil y las tropas gubernamentales al mando del Presidente Bashar al-Assad acaban de perpetrar uno de los mayores ataques con gas Sarín, ocurrido una madrugada de agosto (que en principio negaron pero al verse amenazados por Estados Unidos de bombardeo finalmente admitieron). Se habla de 1.300 víctimas que incluyen población civil, ya que el gas evidentemente no discrimina.


Ahora, con el apoyo de Rusia, se dice que Siria finalmente firmará el tratado y se deshará de más de mil toneladas del químico almacenado. Pero el daño está hecho. Un gran ataque con gas Sarin ha sido perpetrado nuevamente ante los ojos del mundo. Lo más triste es que, de nuevo, lo ha ordenado un Presidente contra su propio pueblo. Genocidio lo llaman. Y como el de Saddam, no debe quedar en la impunidad.

*Infografía: valenciainforma.wordpress.com

Saturday, September 07, 2013

Caracas, ciudad de olvidos


Volver a Caracas es comenzar de nuevo a acostumbrarse al caos permanente de la ciudad. Embotellamiento de tráfico por todas partes y a toda hora, a veces sin motivo aparente es la regla.

Y a eso ahora se suma el hecho de encontrar locales de toda la vida cerrados o con nuevas reglas de funcionamiento.

La tienda de discos favorita por más de 40 años tiene un letrero que ya lleva como cinco meses que reza “Cerrado por mantenimiento”. El restaurant peruano que habías descubierto y en el que disfrutabas de la chicha morada y el arroz chaufa ya no existe, y en su lugar hay un “delivery” que aún no convence a nadie.

La librería favorita no abre los lunes (el letrero dice que es por el mes de agosto). Espero que el hábito de la “provisionalidad” permanente de Caracas no haga una de las suyas.

Caracas poco a poco se ha ido transformando en una ciudad temporal. Los sitios están allí, un tiempo, y luego se van así como llegaron. El parque donde acudías a remar en un bote para hacer ejercicios un buen día decidió reducir considerablemente el nivel de la laguna y ya no se pudo remar más. ¿La excusa del momento? Proteger del deterioro una réplica de una de las naves de Colón, que con el pasar de los años fue destruida y sustituida por otro navío más acorde con los tiempos políticos que corren.

El Parque deportivo donde trotaba amaneció un buen día cerrado para el uso público, sin aviso y sin protesto.

La tienda donde compré los primeros LPs y posteriormente los CDs jubiló al empleado más antiguo, que era precisamente el alma y la enciclopedia del negocio, con el que más conversaba sobre jazz y otros estilos musicales. Eso, con o sin propósito, le quitó en absoluto el encanto a la tienda. Sin embargo, como todo nostálgico, seguí asistiendo en lo que ya era una costumbre hasta que tropecé con el letrero de “cerrado” y ya no abrió más.

Hace poco quisimos ir a un restaurante italiano, “La Strega”. Un lugar de los especiales, donde no vas siempre sino en lo que consideras momentos únicos. La comida y el ambiente excelentes. Cuando llegamos no vimos el letrero. Me bajé a preguntar y ni siquiera los parqueros tenían la menor idea de lo que les estaba preguntando. La memoria es corta por lo demás. Igual pasó con el “Mediterráneo”. Un día fuimos y lo encontramos cerrado sin ton ni son. Luego nos enteramos que el dueño vendió y se fue a Italia por un tiempo.

Y pasa con todo. En una de las agencias funerarias más concurridas hay un estacionamiento grande, justo al lado, que hace más cómodas las visitas poco gratas a la funeraria. Resulta que ahora hay un edificio residencial construido sin respetar ordenanzas ni retiros. Y queda la calle para estacionar.

Pastelerías conocidas por algún manjar o especialidad. Dejas un tiempo sin visitarla y cuando vuelves consigues empleados mal encarados y ni el menor rastro del pastel que la hizo famosa. Restaurantes de comida italiana que hoy son de comida china. Barberías que son agencias de loterías. Librerías que no abrirán jamás, a pesar de que el letrero permanece, nostálgico, como símbolo de otros tiempos.

El cambio ha sido tal que la gente pregunta, antes de ir a un sitio donde acude con poca frecuencia: ¿Y todavía está allí?

Caracas, entonces, es hoy por hoy, la capital del olvido y la falta de costumbre.

Wednesday, August 28, 2013

Los Roques

Está ubicado a apenas 150 km al norte de Caracas. Siempre había escuchado sobre sus maravillosos paisajes pero nunca había encontrado el momento para ir.
Hasta que llegó el momento deseado. Y nos encontramos con esta belleza.


El Parque Nacional de Los Roques tiene la gama más amplia de azules y verdes del mar que mis ojos han visto. Un archipiélago formado por más de 42 islas, en el que nadie sabe cuál es la más bella de todas.
Apenas estuvimos tres días, los cuales fueron suficientes para conocer seis de las islas.


Aterrizamos en El Gran Roque, que es donde está el mayor asentamiento humano. Allí están todas las posadas para quedarse a dormir. Y de allí salen los botes a recorrer el archipiélago.

Ya desde el aire se advierte la exuberancia que nos espera abajo, los tonos de verde y azul, la blanquísima arena de coral. Todo pasa como en una película por la ventanilla del avión mientras estás en el aire. Una vez que pones pies en la tierra comienza el sueño.
Y digo sueño porque no te puedes creer lo bonito del paisaje. Te pellizcas mil veces a ver si despiertas de una vez, pero no, es real.


Enmudeces mientras observas los colores que van desde la blanca arena hasta el azul oscuro del mar en el horizonte.
Arrecifes de coral crean una especie de laguna interior que es el lienzo que contiene toda la vasta gama de colores que el mar puede ofrecer.


Estuve tres días en trance, con el rumor del oleaje como fondo, observando el horizonte desde diversos ángulos, interrumpido apenas por los graznidos de las aves pescadoras que están en todas partes.

Te pierdes en la frontera de lo real con lo onírico. No puedes creer lo que estás viendo. La enorme, descomunal belleza del paisaje marino. La magia de colores aderezados con la luz del sol.


Para el que quiera vivir la experiencia, está a apenas 30 minutos del Aeropuerto Simón Bolívar de Maiquetía. Deben llevar protector solar fuerte porque el sol es inclemente, sobre todo de 11 am a 4 pm. Traje de baño y sombrero. No se necesita de más. Todo está allí. En Los Roques.

Monday, August 12, 2013

Isla Saona


Caminar a pies descalzos por la suave arena que, en concesión, te permite hundir tus huellas y elevar el espíritu.

Levantar la vista al horizonte y perderte en turquesas, azules, verdes y plateados hasta el infinito.

Pellizcarte y darte cuenta que nada de lo que sientes, de lo que ves, de lo que escuchas pertenece a un sueño.

Existe, es el paraíso en la Tierra.

Sales de la arena y entras en el agua que, mirada así en vertical, muestra una total transparencia. Allí tus pies, allí los peces que se acercan curiosos y se alejan al menor movimiento. Allí una enorme estrella de mar que pinta de rojo el fondo arenoso.

Levantas la vista y es un cielo despejado, muy azul, salpicado de nubes blancas como algodón. Y el sol que pone la claridad. Y el viento que te sacude.

Te sumerges y el ruido del oleaje se suprime. El ocre del fondo y el verde alrededor. El sol penetra sin pedir permiso y lo alumbra todo.

Los sentidos en éxtasis. Asomas la cabeza en la superficie y contemplas la franja infinita de palmeras, los pájaros que emprenden vuelo, el hombre que corta un coco para ofrecérselo a una bella mujer.


Das gracias a la vida por todo lo que te da, y por permitirte estar allí, en la Isla Saona…